Marta Jiménez: ''No creo que la respuesta al problema de precariedad material actual esté en el pasado''

   La escritora Marta Jiménez ha publicado 'Los nombres propios' (Sexto Piso) | Fotografía de David Jiménez

Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990) es filóloga, escritora y editora. Además de su reciente accésit del Premio Adonais 2020 por su poemario La edad ligera, acaba de publicar su primera novela, Los nombres propios (Sexto Piso). En ella asistimos al proceso de maduración de Marta a través de la voz de Belaundia Fu, su amiga imaginaria. Belaundia Fu nos cuenta cómo Marta evoluciona desde la infancia hacia la juventud, pasando por la adolescencia, hasta que esa voz se apaga para dar paso a la de Marta y ser ella misma quien narre su propia historia.


- Desde hace un par de años, tanto en el cine como en la literatura, son cada vez más comunes las historias que hablan de la infancia, especialmente de la de las niñas. ¿Crees que tiene algo que ver con las corrientes feministas?

 

- Sí lo relaciono. Creo que una de las cosas que ha puesto de relieve el feminismo es que la visión de muchas de nuestras ficciones era masculina, y que hemos confundido lo masculino con lo universal. En ese sentido, se ha generado un interés y un espacio para la mirada femenina. Paralelamente, el feminismo nos hace observar las vidas de las mujeres, lo que las ha condicionado, oprimido o coartado, y esas vidas comienzan en la niñez.

- Para quienes crecieron durante los 90, Los nombres propios está lleno de referencias que apelan a la nostalgia: Kika Superbruja, El rey león, los primeros teléfonos móviles… ¿Qué papel juega la nostalgia en tu novela? ¿Es ahora una mejor época para crecer que entonces?  


- Lo cierto es que no creo que la nostalgia juegue ningún papel en mi novela, que está escrita en presente de manera muy consciente y voluntaria. Simplemente se retrata una infancia de los noventa y, por supuesto, hay una ambientación, igual que la hay en la adolescencia y la juventud de la protagonista. Con los saltos de tiempo que hago en la novela he pretendido reflejar que, aunque los acontecimientos de nuestra vida son secuenciales, en nuestra cabeza conviven de manera simultánea. El acercamiento a la infancia en mi caso tiene más relación con un enfoque psicológico (qué cosas de la infancia nos configuran y marcan) que con la nostalgia. 

En cuanto a la segunda pregunta, creo que cada generación tiene unas cartas y las juega como puede, pero en general diría que sí. Por poner un ejemplo, el feminismo ha avanzado muchísimo en los últimos años, y eso no puede ser sino positivo para cualquier niña que esté creciendo hoy.

- La novela nos muestra una Marta que va evolucionando y pasa gradualmente de niña a adulta. En la primera parte, la Marta niña se da cuenta de que no sabe muchas cosas, aunque ve que puede aprender de los adultos. En la segunda, la Marta adolescente trata de poner en práctica todo lo que ha aprendido de esos adultos, pero, en el tramo final, el de la Marta joven y adulta, se da cuenta de que en realidad no tiene ni idea de la mayoría de las cosas. ¿Es crecer un proceso de aprendizaje o se trata de desaprender?

 

- Diría que es un proceso de aprendizaje en el que cuanto más sabes más comprendes que no sabes nada. Creo que la mirada a la infancia o el recuerdo de nuestro yo más inocente son útiles, pero tampoco creo que en la infancia seamos “esencialmente nosotros” y haya que volver al punto de partida. Como niño no tienes ninguna responsabilidad y como adulto sí. Hay que aprender, siendo conscientes de las limitaciones de ese aprendizaje.


- Los nombres propios no para de girar en torno al concepto de la identidad. En la novela hay “muchas Martas” y se muestran en una lucha de poder constante. ¿Crees que al final de la novela prevalece una única Marta o es solo en la infancia cuando se puede imaginar que solo puede quedar una “Marta Marta”? ¿Es llegar a ser adulto convivir con “varias voces reunidas”? ¿Surgirán más Martas en el futuro?


- Creo que, como dices, ser adulto se trata de convivir con todos nuestros yoes, con todas las Martas. En ese sentido, no pienso que prevalezca una única Marta, ni creo que la “Marta Marta” sea la de la infancia, sino más bien, como apuntas, que madurar se trata de escucharlas y aceptarlas a todas, a las que te caen mejor y a las que te caen peor, aprender a convivir con ellas. Siempre pueden surgir más Martas: la identidad nos sorprende a menudo.


- La Marta niña se inventaba teatros con sus primos, la Marta joven estudia comunicación audiovisual en la universidad y la Marta adulta termina escribiendo guiones para series de televisión. ¿Cómo influye la vocación en el proceso de hacernos mayores? ¿Fue siempre tu vocación escribir?

- Siempre fue mi vocación escribir y para mí (y esto es una respuesta totalmente personal) está absolutamente vinculado el hecho de escribir con mi identidad y con el hecho de crecer. Por un lado, porque he escrito siempre, le he dedicado muchas horas, forma parte de mi modo de ver el mundo y de relacionarme con él, y en ese sentido publicar y poder “ser escritora” a ojos de todos y no solo en mi cuarto ha sido fundamental. Por otro lado, más introspectivamente, la escritura me ayuda a entenderme a mí y a los demás, me da una mirada sobre las cosas y me aporta mucha solidez. Creo que tener una vocación es una suerte, porque siempre tienes algo que hacer que te importa mucho.


- El cine está muy presente a lo largo de todo el libro ¿Cómo ha influido el cine en tu proceso de escritura? ¿Podemos encontrar lenguaje cinematográfico en Los nombres propios?


- Pienso que sí, pertenezco a una cultura muy audiovisual y creo que, por ejemplo, los flashbacks y los flashfordwards del libro son muy cinematográficos, como lo son también muchas de las escenas. Me lo han comentado mucho de la escena inicial del libro, la de la piscina: todo el mundo ha visto un plano cenital y unos colores muy brillantes.


- Hay momentos en los que se solapan conversaciones o reflexiones con escenas de películas como El rey león, Million Dollar Baby o Lo que el viento se llevó. ¿Qué películas te han hecho crecer?


- Las de Disney (Merlín el Encantador se vio hasta la saciedad en mi casa, mi hermano se la sabía de memoria), Los Goonies, La Bruja Novata… De adolescente vi mucho cine clásico, y autores como Tarantino, Kubrick, Almodóvar o el propio Cleant Eastwood. Ahora me gusta mucho Haneke o Wes Anderson. Y, por supuesto, y a todas las edades, ¡Notting Hill y La boda de mi mejor amigo!


- ¿Qué libros te han acompañado durante tu infancia? ¿Y durante tu adolescencia?


- De la infancia recuerdo los del Barco de Vapor, Los habitantes de Llano Lejano, Kika Superbruja, Los cinco, Manolito Gafotas, Gloria Fuertes y por supuesto Harry Potter. De adolescente empecé a leer de todo, además era difícil ver una peli “de mayores” sin supervisión adulta, pero con los libros era muy fácil. Leí muy pronto Lolita, que me encantó. También leía mucha poesía (Lorca, Machado, Emily Dickinson), Dostoievski, Salinger… y suena friki pero me encantó El Quijote; lo leí con una profesora excelente en bachillerato.

- Aunque el papel de la familia es muy importante en Los nombres propios, la figura de la abuela parece la más importante. El cariño de Marta hacia a su abuela es palpable cada vez que se narra su sabiduría, su olor o sus costumbres. Sin embargo, “tampoco idealizas su pericia, la verdad. Ella también se habría ido de cañas si hubiera podido y habría prescindido de planchar”. ¿Es el modelo familiar de nuestros abuelos algo que deberíamos echar en falta?


- Nuestros abuelos nacieron en la posguerra, desarrollaron su vida en el franquismo y, concretamente nuestras abuelas, no tenían independencia de sus maridos. No creo en absoluto que sea un modelo que debamos añorar. Es evidente que hoy en día hay un problema de precariedad material que debemos atajar, pero no creo que la respuesta esté en el pasado, y yo misma escribiendo el libro me cuidé mucho de no idealizar la vida de esa abuela (que, por otro lado, sale tan bien retratada). Son mujeres que no pudieron elegir nada de sus vidas, no es una época que me produzca añoranza alguna. 


Los nombres propios está narrado desde el punto de vista de Belaundia Fu, la amiga imaginaria de Marta. ¿Es narrarse a uno mismo desde otra voz más fácil o más difícil?


- La verdad es que no lo sé, pero narrarse desde otra voz ofrece más posibilidades literarias. Hacer que la narradora fuera la amiga invisible que se dirige a Marta me permitió explorar el tema de la conciencia y del doble, y también me facilitó la tarea porque el narrador está a la vez fuera y dentro de la cabeza de la protagonista. Por otro lado, todo el arco que se vive al lado de Belaundia Fu, y el cambio final de narrador y de persona, me permitían transmitir formalmente el proceso que se narra en la novela: el adueñarse de la propia voz. 


ENTREVISTA REALIZADA POR MAIDER MATAS

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