Jorge Martí: ''Lo habíamos fiado todo al directo, y ahora no hay directos''

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Jorge Martí, tercero desde la derecha, con una chaqueta vaquera. | Fotografía promocional
Jorge Martí, tercero desde la izquierda, junto al resto de componentes de La Habitación Roja. | Fotografía promocional.

"Las horas son largas y muy calmadas. Pero por otro lado, los días se te escapan y tienes la sensación de que te estás perdiendo muchas cosas en los sitios donde no estás". Así hablaba Jorge Martí en en el documental 'En medio de la nada'. El cantante del grupo La Habitación Roja descubría en esa película de 37 minutos la cara b de su vida como músico. Y es que tras los veranos por festivales como líder de uno de los grupos más reconocidos de la escena 'indie' española cogía un vuelo a Noruega, donde trabajaba el resto del año como enfermero en un centro de ancianos con alzhéimer, además de cuidar de su mujer.

El músico explica las razones que le llevaron al país nórdico en el documental dirigido por Mia P.Salazar, que se puede ver en Movistar Plus. Tras acabar la carrera de enfermería hizo allí unas prácticas y conoció a su mujer, con la que tiene dos hijas. Más tarde, a ella le detectaron síndrome de fatiga crónica, una enfermedad grave y desconocida. Ese precisamente es el mismo diagnóstico de Whitney Dafoe, un joven norteamericano que lleva años confinado en su habitación a causa de ello. En su historia se inspira la canción 'La luz', de La Habitación Roja. Una melodía que certifica que el futuro no está escrito y no nos damos por vencidos, como reza uno de sus versos. Hablamos con el cantante (y enfermero) Jorge Martí en estos días raros. "Estoy escuchando mucho el nuevo disco de The Strokes, que es un grupo que siempre me ha encantado. La Bien Querida y The Cardigans siempre son fijos. Y hay una canción, 'Laberinto', de Margarita Quebrada, que me gusta mucho".

- En el documental 'En medio de la nada' se te veía compaginar los cuidados y el trabajo como enfermero en una residencia. ¿Cómo ha alterado tu día a día esta crisis sanitaria? ¿Cómo vive estos días?

- El documental se centra principalmente en cómo era mi vida de 2013 a 2018. Las cosas han cambiado un poco y ahora mismo no me ha pillado esto trabajando de enfermero. Mis circunstancias personales son algo distintas a cuando se rodó el film. Se cumplen ahora dos años del tromboembolismo pulmonar bilateral masivo (ése era el diagnóstico) que sufrí a continuación de la finalización de la filmación. Este suceso hizo que bajara un poco el intenso ritmo de vida que llevaba en aquellos momentos. Ahora mismo estaba totalmente centrado en la música, y 2020 era un año en el que me iba a dedicar al 100 % a la música. Teníamos ya por delante más de 40 conciertos y las expectativas eran inmejorables. Las mejores de toda nuestra carrera, así que ahora mismo estamos en estado de shock, sobre todo por el drama sanitario que estamos viviendo, pero también siendo conscientes que se nos viene encima el peor escenario posible para desarrollar nuestra actividad como grupo. La incertidumbre es máxima y el futuro parece desolador.

- ¿Las medidas en Noruega han sido igual de restrictivas que en España?

- Ahora empiezan a relajarse, pero las cosas, aunque con muchos paralelismos, en algunos aspectos son algo diferentes. Las medidas se implementaron en el mismo momento que en España, pero mientras que allí las restricciones eran obligatorias de por ley, aquí el confinamiento era una recomendación, que he de decir que la gente seguía y aceptaba con resignación. Sí que se podía salir a pasear solo, pero claro, aquí la densidad de población es escasa. Yo tuve que hacer cuarentena obligatoria al llegar al país el día 15 de marzo, y en ese caso, sí que era de obligatorio cumplimiento el aislamiento. Aquí las cosas han sido un poco más relajadas, por las características del país y porque no ha habido focos tan intensos como en Madrid o Barcelona. Pero cerraron colegios, muchas tiendas no esenciales, gimnasios y clubs deportivos, bares, restaurantes. En ese sentido era bastante parecido a España. Se llegó a plantear el confinamiento total, pero afortunadamente, los casos no se descontrolaron y los hospitales y las UCIS no se colapsaron. Lo mismo con las residencias de ancianos. Se hizo un riguroso control de las mismas que creo que ha marcado la diferencia totalmente.


- La Habitación Roja publica nueva canción. Un tema esperanzador, escrita hace unos meses. Ha habido diferentes creadores que comentan que les cuesta más crear y concentrarse estos días. ¿Cómo lo llevas? ¿Se siente más paralizado o más activo que nunca en este sentido?

- No lo llevo muy bien, la verdad. Me siento más bien paralizado. La terrible situación que estamos viviendo lo impregna todo y va dejando un poso de duelo, desesperación e incertidumbre, que cuesta digerir. Tampoco ayuda mucho la clase política y la miserable actitud de la oposición. En ese aspecto los ciudadanos estamos desamparados, porque ni gobierno ni oposición nos dan certidumbres y seguridad mostrándose unidos. Nos piden mucho pero ellos no predican con el ejemplo y eso es descorazonador. Creo que nos afecta y nos divide como sociedad. Como artistas, el tiempo tal vez nos dé la oportunidad de poder reciclar y convertir toda esta espiral de emociones en composiciones que valgan la pena, pero de momento, estamos en estado de shock. Hay días en los que cuesta levantarse. Es casi imposible abstraerse de un drama de la magnitud del que estamos viviendo. Personalmente, a pesar de que he intentado mantenerme activo, no tengo la menor duda de que mi proceso creativo se ha resentido.


-  En estos días nos hemos acordado del verso de la canción 'Carlos y Esther' en la que criticabas el deterioro del sistema sanitario: 'la salud es lo primero y la veo haciendo cola'. ¿Afloran estos días más reflexiones acerca de la necesidad de una sanidad fuerte?
- Definitivamente, sí. Si mal no recuerdo esa letra seguía con algo así como: “los colegios se hacen viejos y los viejos se abandonan”. Era una forma, tal vez pueril, de denunciar los recortes en los pilares fundamentales del llamado estado de bienestar: Sanidad, educación, investigación. Yo siempre he tenido clarísimo que una salud y una educación públicas y de calidad son los fundamentos básicos de cualquier sociedad de progreso. Eso siempre es dinero bien invertido que a larga dará sus frutos y revertirá en el bienestar de la gente. Está claro que lo que está pasando tiene muchísima más incidencia en los lugares en los que la inversión en sanidad ha sido menor. Al final, una pandemia como esta pone en estrés al sistema sanitario haciendo que se le vean las costuras. La sanidad española, y lo sé porque he trabajado en ella, siempre ha salido a flote por los magníficos profesionales que atesora, porque la inversión pública siempre ha estado por debajo de la media de los países a los que nos queremos parecer. Eso es así. 

- ¿El estado de alarma os pilló en el estudio, trabajando en un nuevo disco?

- Estábamos preparando la gira de 25 aniversario, esa que ahora mismo se encuentra en el limbo y que ni siquiera sabemos cuándo se podrá retomar. En cualquier caso, teníamos 7 canciones ya grabadas, además de esta última que hemos hecho desde el confinamiento. De momento hemos sacado 3 sencillos desde finales de noviembre hasta el día de hoy. Nos quedan pues, cinco canciones más que hemos decidido que irán saliendo a lo largo de los próximos meses. Ya que no se puede tocar y estamos cada uno en su casa, y yo en mi caso, en otro país, iremos salpimentando el año con nuevas canciones cada dos o tres meses. El próximo sencillo se llamará “El miedo abierto” y saldrá el próximo 5 de junio. Supongo que recopilaremos todas las canciones más adelante en formato físico y tal vez salgan junto a otras muchas que tenemos y que todavía no hemos grabado. 

- Entre los colegas músicos, ¿cuál es la mayor inquietud que comparten?

- La incertidumbre de nuestro futuro. Creo que todos somos conscientes de que vienen malos tiempos y lo vamos a pasar muy mal. No es consuelo que sea así en la mayoría de sectores. Eso lo hace incluso peor. Ahora mismo todo es incertidumbre y no solo en los músicos, sino en todas las profesiones que dependen de nuestra actividad: backliners, técnicos y crews en general, estudios, sellos, prensa, festivales, salas etc. El problema es que no sabemos qué va a pasar y si se va a poder seguir viviendo de esto como hasta ahora. Los músicos hemos ido renunciando cada vez a más cosas de las que generamos. Lo habíamos fiado todo, de manera ingenua, al directo, y ahora no hay directos. Es el momento de repensar el futuro y tener claro que los creadores merecemos algo más que las migajas que nos han dejado. Sin duda deberíamos ser los principales beneficiarios de todo lo que generemos ¡Hacemos tantas cosas por amor al arte! En ocasiones uno levanta la mirada y se da cuenta de que la mayoría de la gente que le rodea sí que cobra por la actividad que hace, la cual se genera por lo que tú has creado. Creo que salvando honrosas excepciones, los músicos somos pésimos administradores de nuestro patrimonio.



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