Aquellos tipos con gafas de sol

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La primera vez que un jovencísimo José Miguel vio a Rubén fue sobre un escenario, entre partido y partido en el patio de su instituto del barrio madrileño de Alameda de Osuna. Se quedó maravillado con lo bien que tocaba y cantaba; le flipó su actitud rock and roll. Lo tuvo claro: quería ser como él.

Me gusta pensar que ese momento mágico fue el germen de lo que años después se ha convertido en una pieza clave de la música española de los 2000. Sí, amigos, para los que todavía no lo hayáis pillado, ese tal José Miguel es más conocido como Leiva, y ese germen fue bautizado como Pereza.
Todavía quedaban muchos años para que la banda se hiciera realidad: los dos artistas coqueteaban con la música por separado con Malahierba, donde Leiva tocaba la batería; y los míticos Buenas Noches Rose que, si bien sus tres discos no tuvieron una repercusión extremadamente importante, todavía hoy es recordado por nostálgicos y cuenta con su propio perfil de Instagram, donde a principios de este año comenzaron a movilizar la proyección de un documental en la sala Galileo que ha tenido que ser aplazado vete tú a saber por qué.
Sus caminos se juntaron en 1998 con Sodoma y Chabola, una banda tributo a Leño que formaron junto a Tuli, que hoy en día forma parte de la Leiband, y Ernesto. Por aquel entonces, Leiva se ganaba la vida como jardinero y repartidor de pizzas y Rubén se dedicaba a pintar el asfalto de las carreteras. Quién le iba a decir que años más tarde nos contaría su pasado en la letra de ‘Algo para cantar’. 
Precisamente en esta época es cuando el propio Rubén compuso lo que sería la primera canción del primer disco que, a su vez, también bautizaría a la banda. Por supuesto, estamos hablando de ‘Pereza’. 
Y aquí es cuando empezó todo.
Daniel Marín -no el de El Canto del Loco- estaba un día cualquiera de 2001 en la sala Siroco con esperanzas de encontrar algún talento que cazar cuando se encontró con cuatro chavales que, si bien tenían muchas cosas que pulir, tenían ese “algo” que consiguió llamar su atención. Ese mismo año, Leiva, Rubén y Tuli sacaron el primer disco homónimo compuesto por doce canciones que todavía a día de hoy Rubén desempolva en alguno de sus conciertos.
Les faltaba mucho para convertirse en lo que llegaron a ser. Tan solo hay que mirar la portada del disco con esas gafas de sol tan mal envejecidas, ese color predominantemente azul que nadie consigue entender y ese estilismo de escapada al estanco de domingo por la tarde. 
Más allá del aspecto, y si bien la que escribe estas líneas es una fan acérrima que es capaz de defender hasta la publicación del disco ‘Esencial’ y señalar a las discográficas chupasangre como completas culpables, hay que reconocer que las canciones estaban muy lejos de llegar a ser lo que realmente les define hoy en día como banda. Primero, por la calidad del sonido y las letras y, segundo, porque en este disco el único vocalista era Rubén.
Portada del debut de Pereza.
No fue hasta 2003 con la publicación de 'Algo para cantar' cuando la voz de Leiva comenzó a coger protagonismo hasta tal punto que se dividieron las catorce canciones del disco a la mitad. Cuanto menos, curioso. En este punto también es cuando comenzaron a ser realmente Pereza. Con la banda reducida a los dos artistas y una calidad considerablemente superior a su trabajo anterior, Rubén y Leiva ya explotaban su imagen canalla a la perfección. Esto y  las colaboraciones de David Summers y Dani Martín en dos de su canciones marcaron un antes y un después en su trayectoria musical. Estaban preparados para hacer historia.

No quiero continuar sin recordar la aparición de la banda en la mítica serie 7 Vidas, donde, por alguna extraña razón, el bar de Gonzalo se convierte por un día en una pequeña sala de conciertos y acoge a los artistas para interpretar ‘En donde estés’. Ya estaban en prime time. La discográfica había apostado por ellos y eso solo les podía catapultar más arriba de lo que ya estaban.

Y así fue. Llegó Animales y, con él, la canción que tristemente es su sello de identidad, ‘Princesas’. No voy a desear la desaparición de esta canción entre otras cosas y, aunque me avergüence, porque fue la primera canción que escuché de Pereza. Yo y millones de personas más, porque fue durante mucho tiempo una de las pocas cosas que sonaban en los 40 Principales.

Aunque la industria se empeñaba en que fueran un grupo para niñas adolescentes - aún hay mucha gente que lo piensa, me ahorraré los comentarios -, Leiva y Rubén jamás abandonaron su esencia, y los círculos de artistas con los que se juntaban eran una señal de ello. Prueba irrefutable son las colaboraciones que obtuvieron en 'Los amigos de los animales', un disco que muchas veces se olvida a la hora de enumerar sus obras y que yo, desde aquí, os pido a las tres personas que seguís leyéndome que escuchéis ahora mismo.


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Con artistas como Sidonie, Carlos Tarque, Xoel López, Iván Ferreiro, Quique González, Christina Rosenvigne, Coque Malla, Ariel Rot o Burning entre muchos otros, Pereza se había hecho su hueco en el mercado de por vida, consiguiendo una conexión pop-rock-indie muy difícil de alcanzar. 

Continuaron su carrera, ya intachables, con 'Aproximaciones'. Su segunda ‘Princesas’, ‘Estrella Polar’ en la que colaboró Juan Aguirre, el guitarrista de Amaral, ya ocupaba los primeros puestos de las listas de éxitos, y las salas de conciertos que les vieron nacer tuvieron que ser sustituidas por estadios para conseguir hacer frente a la horda de fans que les seguían. 

¿Fue la inmensa fama lo que empezó a resquebrajar a la banda? Solo ellos saben la respuesta, pero todo apunta a que tuvo mucho que ver. Solo hace falta ver a Leiva explicar en el documental ‘Baires’, sobre su viaje a Argentina, lo muchísimo que disfrutaron tocando como teloneros de Ratones Paranóicos delante de gente que no les conocía de nada: “Cada mano que consigues levantar es un logro, porque aquí nadie te conoce”. 

Todo ello unido a los diez años de trayectoria y, quizás, a las decisiones de la discográfica (¿por qué sacaron una segunda versión de Pirata cantada por Leiva?) hizo que optaran por continuar por caminos separados. Fue un auténtico drama para muchos. Ya no habría más Rubén y Leiva. Ahora serían Rubén Pozo, por un lado, y Leiva, por otro. Qué iba a pasar con ellos. Quién de los dos se quedaría con el grueso de fans, como pasa en la gran mayoría de las separaciones de los grupos.

Si bien no fue fácil para ninguno de los dos, los re-inicios resultaron más dulces para Leiva que para Rubén. Con la publicación de 'Diciembre' en 2012, su primer disco en solitario y acompañado de una banda intachable, comenzó su gira. “Pasé de reunir a 20.000 personas con Pereza a 350 como Leiva. Fue una bajada de humos”, contaba en una entrevista concedida a El País.

Sin duda, lo fue, pero, ¿qué fue de Rubén? Ese mismo año, publicó Lo que más, un trabajo muy íntimo y en el que se dejaba ver al más puro estilo Mick Jagger en el videoclip de Pegatina, que no terminó de cuajar entre el público. Las salas prácticamente vacías, muy lejos de las 350 personas que contaba Leiva, fueron la cruda realidad para el artista barcelonés.

No lo encajó bien. La actitud en sus primeros conciertos mostrándole lo que era su nueva trayectoria lo dejaba ver. ¿Quién se enfrentaría a semejante ducha de agua fría con buena actitud?. Le hicieron falta un par de años para encajarlo, pero lo hizo; vaya que sí lo hizo. 



Rubén aceptó su condición de “chatarrero” de la música y se resarció por completo con su público fiel de la primera gira con la publicación en 2015 de 'En Marcha'. “Y, aunque sea en el sofá del salón, estoy aquí para quedarme tonto de tanto rock and roll por todas partes”, reza, una de las canciones de este disco. Se perdonó, y esa nueva actitud tuvo reflejo en una salas cada vez más llenas. 

Mientras tanto, Leiva continuaba con 'Pólvora' y, años más adelante, con 'Monstruos', que, junto a su último 'Nuclear', fue donde comenzó a quitarse la coraza por completo y dejando pinceladas de su alergia a la fama. Por supuesto, estoy hablando de ‘Breaking Bad’ y ‘Como si fueras a morir mañana’. Con semejantes declaraciones oficiales y con canciones como ‘Costa de Oaxaca’, parece que el músico poco a poco nos está dejando entrar en esa cabeza que tiene debajo del sombrero. Casualidad o no, también es el momento en el que ha vuelto a los estadios.

Parece que cada uno ha encontrado su camino. Rubén se ha hecho con un nuevo compañero de salas, Lichis, con el que publicó el año pasado el disco 'Mesa para dos'. “Si el mañana es un banquete al que no estamos invitados, hoy tenemos mesa para dos”, cuenta el estribillo de su single. 

Hace un mes se ha cerrado el círculo con ‘Mi pequeño Chernobyl’, la última canción de Leiva que es un grito a la nostalgia y que ha hecho volver a la adolescencia a sus seguidores más fieles con la aparición de Rubén tanto en la letra de la canción como en el videoclip. Pereza fue y será. Pereza no va a volver, ni lo necesita. Se conserva en los viejos pósters de las habitaciones de muchos, en el baño del Siroco y en los portales más inmundos. Es lo que queremos sus fans. 

Artículo escrito por JANIRE SAINZ


1 comentarios:

  1. Muy buen artículo. La verdad es que no fui fan en su momento del grupo y además de las canciones sé poco de ellos. Me ha gustado mucho aprender!!

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