Antílopez: ''Siempre hemos intentado no ser moda''

Miguel Ángel Márquez y José Félix López forman el grupo Antílopez. | Fotografía promocional.

Chiripop lo llaman. Aunque el estilo de música va más allá. "Nosotros no rehuimos de las etiquetas, las queremos todas", cuenta entre risas José Félix López, mitad del grupo onubense Antílopez  formado junto a Miguel Ángel Márquez. Se criaron con los sones del Carnaval andaluz; han actuado en un centro de atención a mayores y también son carne de festivales. Su honradez, ese buenrollo alejado de charlas TED y ese acento sureño por el que pasea un juego de palabras han sido su pasaporte como uno de los grupos andaluces más peculiares del último lustri. "Prefiero ser sumiso y protestante del partido militante que odie toda dictadura", se escucha en su canción más conocida, 'Prefiero'. El descaro y el anecdotario se acompaña de la crítica social. Sin darle demasiada importancia a casi nada. Como una forma de destensar.

- Han actuado en el cierre de un ciclo llamado ‘Periodismo a pie de calle’. ¿Cuál sería la línea editorial del grupo? 


-La línea editorial de Antílopez es hacer lo que nos da la gana. Somos catedráticos en hacer lo que nos da la puta gana. Digamos que nos hemos doctorado en la inteligencia social que nos viene bien a nosotros y siempre hemos querido al mayor número de minorías posibles (risas). Creo que lo hemos conseguido. Lo que nos pasa a la hora de hacer nuestra paranoia es que nos sentimos libres. Veo que la sociedad a mi alrededor se preocupa de unas cosas, pero a lo mejor de una manera oportunista o frívola, y yo me he dado cuenta que en cualquier problemática hay cosas universales y cíclicas. La mayoría de los grupos solo ve esas cosas universales en el amor y lo que hace son canciones de amor porque es el prisma donde más claro se ve esa universalidad y enamorarnos es algo que todo hacemos. Nosotros enseguida detectamos cuáles son las cosas universales que a todos nos ponen en nuestro sitio y nos hacen vernos iguales. Si hacemos una canción de de amor, la sensación es que así no la habías escuchado nunca o te da esa sensación. Eso es lo que nos define y más sorprende, sobre todo cuando la gente viene con un poquito de incredulidad o sin saber qué hacemos.

- ¿Cuál el sitio más raro en el que han tocado?

- Teníamos una amiga psicóloga que trabajaba en un centro de mayores con alzheimer y para acabar sus estudios se le ocurrió invitarnos a dar un concierto a las diez de la mañana (risas) en un salón de actos. Era sobre todo gente mayor que estaba en diferentes fases de la enfermedad. Algunos tenían una enfermera con ellos, algunos estaban muy mal y otros estaban en la fase primaria en la que se pueden concentrar un poquito. Es una enfermedad muy dura y nos pareció muy bonito ir a tocar. ¿Qué pasó? Pues que nosotros somos muy interactivos y cuando la gente nos llama creemos que lo que buscan es que le demos juego, las zarandeemos un poco mentalmente y que haya feedback para que no sea contemplativo el ‘show’. Estábamos allí dándolo todo. Y teníamos una canción que se llama ‘Al artista… al mundo…’, que es un poco resumen de la vida al artista y tenía un estribillo al principio. Al principio del tema decíamos lo que tenían que hacer cuando llegara esa parte. Tenían que decir “mundo”.... todos asentían. Lo ensayamos y perfecto. Pero cuando cantamos la estrofa y llegamos al estribillo, todos se habían olvidado, por lógica. Nosotros no teníamos experiencia haciendo eso. Sinceramente, yo tenía esperanza (risas). Cuando llegó el estribillo dijimos “venga, ahora vosotros” y se escuchaban toses (simula el sonido) como si una bola del oeste pasara por allí. Con esa anécdota te das cuenta de lo difícil que es de llegar a la gente por mucho que trabajes y todo depende del contexto. Además, lo que siempre hemos intentado es no ser moda. Porque si llegas a ser moda tienes los días contados. Ser moda es algo perecedero, te coloca a la gente y a la industria, pero sabes que dejarás de ser moda. No puedes ser moda todo el tiempo. Ser moda es llegar a un culmen y que después venga otro que sea más moda que tú. Por eso, a Antílopez no nos interesa dar un pelotazo con una canción, que es como funciona la industria que lo que hace es coger una canción, hacer todo lo posible para colocarla en las casas de la gente y esperar a que la gente haga el resto...

- ¿Habéis tenido la tentativa de fichar por una discográfica?

- Han pasado por delante de nuestros ojos cuatro o cinco contratos discográficos, a cada cual peor. Todos hemos tenido que rechazarlos porque el problema es que en algunas de las cláusulas o en varias te van quitando libertad. Se van asegurando un montón de derechos por si lo petas. Si triunfas se aseguran derechos sobre las cosas que crees en el futuro y en el pasado. Si yo sintiera perder parte de esa libertad afectaría a nuestro música y a nuestra forma de ser que es lo que ha dado esta distinción dentro del panorama nacional ahora mismo.

- Sois amigos desde pequeños... 

- Desde los nueve años. Desde la época de las comuniones en la que estábamos los niños todo el día por la calle y jugando al 'futbito' en las pistas de fútbol sala de todos los colegios. Nos saltábamos las verjas y jugábamos en las pistas de otros barrios y así conocíamos a los niños de otros barrios. Ahí lo conocí de saber que existía. Y a partir de los 14, 15 añitos, en la época a la que empiezas a salir más en plan de amigos. En la adolescencia coincidí con Miguel por el tema del carnaval y a partir de ahí, además del vínculo personal. de lo que hablábamos todo el tiempo era de música. A la vez que hacíamos carnaval también componíamos nuestra propia música de niños, de 16 y 17 años, y poco a poco, por la forma en la que tocábamos en directo, nos dimos cuenta de que si nos lo tomamos en serio, o todo lo contrario (risas), igual podíamos conseguir algo que mereciera la pena ver y pagar por ello incluso.

- ¿Cómo lleváis tantos años de relación?

- Somos un matrimonio sin sexo, es un matrimonio que funciona porque no hay relaciones carnales. Hay relaciones amorosas, de respeto. Y sigue existiendo la admiración porque cuando dejas de admirar a tu jefe, ya no eres solo su empleado sino también su esclavo. Y si viéramos que uno de los egos tira más para un lado, seguramente el grupo se hubiera roto hace mucho tiempo…. Lo bueno es que no se nos olvida quiénes somos, de dónde venimos y al tenerlo tan claro con mirarnos a los ojos, ya estamos en la onda...

-¿Habéis tenido muchos trabajos antes de dedicaros profesionalmente a la música?

- Sí, hemos intercalado. A los 14 o 15 años empezamos a componer e íbamos paralelamente presentándonos a todos los concursos de maquetas que había a nivel nacional. Normalmente, todas las comunidades tenían uno o dos concursos y nos presentamos cada año, desde los 17 años hasta los 25 o 26 años. Prácticamente ganamos todos los concursos que había en nuestra generación. En esos concursos coincidamos con Rozalén, con Mikel Izal, el Niño de la Hipoteca, Alberto Alcalá, Mundo Chillón, Carmen Boza… Todos los cantautores de mi generación. Todas esas personas que conocíamos son colegas y todos estamos apoyando el proyecto de unos y de otros en la medida en que se puede porque todos hemos mamado de los mismos éxitos y de los mismos errores. Paralelamente a esos concursos, evidentemente teníamos otros trabajos. Por decirte uno, yo trabajé cuatro o cinco años en Cortefield, por decirte un trabajo. Era de cara al público, en la sección de trajes. Tenía una vida de vedette, durante el día me ponía un traje echaba mis horas atendiendo. Ya sabes: “sí, señora esta sisa le queda un poco larga, pero no se preocupe porque le vamos a coger... “ Y salía de allí, me iba a casa, me cambiaba de ropa -no me podía una ropa mejor, eso es verdad- y me iba a los locales de microabierto que había… En Sevilla, por ejemplo, donde vivimos muchos años íbamos a locales que ya ni existen. Allí íbamos y soltábamos dos de nuestras perlas, nuestros ‘greatest hits’ del momento y la gente empezaba a hablar de nosotros. Con el tiempo fue tal volumen de compromisos musical que ya tuvimos que dejar nuestros trabajos. Era mejor que pedir cambiar turnos cada semana. Nos dimos cuenta de que había que apostar a muerte si queríamos dedicarnos a eso. Y ahí estamos.



- ¿Había por casa más flamenco que canción de autor? 

- Había de todo. Mi tío era muy tío de carnaval, de crear comparsas, chirigotas. La música estaba en nuestras vidas, pero es curioso porque de todos los músicos que ha habido en nuestra familia, solo Miguel y yo hemos sido los que han sabido adaptarse quizá con suerte a esta época. Y con todo ese talento que estaba por casa nos hemos ganado la vida. El resto de familia siempre ha tenido sus momentos. Me han contado muchas historias. Había, por ejemplo, una hermana de mi madre que cantaba copla en una coral polifónica y me contaron que vinieron a buscarla en la época de Rocío Jurado. Y vinieron porque había todavía cazatalentos y le hablaron de una niña en Isla Cristina que cantaba para rabiar. Fueron a por ella y por lo visto mi abuelo habló con ellos, negoció y les dijo que no. Siempre contaban esa anécdota en casa y yo siempre me ha quedado pensando “pues a mí no ha venido a buscarme nadie, tengo que moverme”. Teníamos claros que los tiempos son diferentes y parece ser que antes era más fácil valorar a la gente con talento y además se les admiraba por ello y se le apoyaba. Ahora simplemente parece que necesitamos gente que venda. Y rara vez destaca el talento por encima de la industria. Hay un organigrama para llegar a la gente y para que todos los que intervienen en la salida de un disco ganen dinero muy rápido y el artista es la excusa para la otro. No hemos querido hacer eso. Porque luego sería difícil venderle a la gente esa cercanía… En la medida de lo posible intentamos ser consecuentes con lo que hacemos.

- Se ha mencionado a El Niño de la Hipoteca o Rozalén. Junto a ellos y otros cantautores como El Kanka se pueden enmarcar en la etiqueta de pop de autor. ¿Os reconocéis ahí? 

- Con los años hemos visto que lo de las etiquetas es una cosa que necesita al público. Nosotros decimos que el resto de los compañeros rehuyen de según qué etiquetas y se parten el pecho para desmentirlo y se apresuran a decir que sí o no a según qué cosas. Nosotros no rehuimos de las etiquetas, las queremos todas (risas). Antílopez hace un poco de todo y es difícil clasificarlo en una solo etiqueta. Antílopez es el circo del sol de la música de autor. Creo que es lo mejor. Cuando hay gente muy preocupada en dejar claro lo que hace y que no haya confusión… ¡Si yo soy el primero en crear confusión con lo que hago! Por consiguiente, quiero todas las etiquetas.

-  ¿Cómo ha sido vuestro paso por el norte hasta el momento?

- Al principio, la gente nos metía miedo diciendo que la gente es muy fría, que la gente no iba entrar a las bromas que hacíamos. Y son cosas que se dicen, pero que eso lo decía mi abuelo. Cuando he ido siempre he comprado que la gente que lo decía estaba muy equivocada. Yo he sacado la guitarra con mi compi Miguel y me he sentado en Vitoria, Donostia, en Bilbao, en pueblos pequeños y sitios grandes. Y siendo honestos con lo que haces la gente siempre responde. A veces se nos olvida. Es muy fácil decir el público del País Vasco o el de Andalucía es de una manera. Eso es lo fácil y lo ignorante. De hecho, una de las mejores experiencias de mi vida la tuve en el País Vasco. Migue me llevó a un txoko en Bilbao. Entramos allí a las 12 de la mañana y salimos de allí a las 10 de la noche y teníamos un concierto a las 10 y media. ¡No he comido ni bebido más en mi vida! Me tiré desde las dos de la tarde diciéndole al del txoko que después de comer me iba a echar una siesta, que lo necesitaba antes del concierto, y enganchamos del tirón. No nos dejaron irnos. Fue una maravilla. Cuando llegué de ese viaje, solo contaba maravillas. ¡El concierto estuvo de puta madre, pero lo del txoko era una maravilla!  ¿Cómo voy a ir a un sitio y decir allí la gente era de tal manera? Nosotros somos muy abiertos con las ciudades y creo que al final las ciudades son muy abiertas con nosotros.


- El Kanka comentaba que si el público no responde es culpa del artista.

- Lo he hablado mucho con Juan. La gente tiene un día a día muy rutinario. ¿Tú no te acuerdas cuando no cantabas, de tus padres? Son cosas que comentamos. Y cuando lo vemos con esa perspectiva, nos colocamos otra vez en el mundo, que nunca lo dejamos del todo. Pero es importante que no se nos olvide. De esa manera te acercas a la gente con un poco más de honestidad que los demás.

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