El ‘Walt Disney’ japonés

Fotograma de la película 'El viaje de Chihiro' (2001)
Hayao Miyazaki (1941) nunca ha perdido la capacidad de mirar como un niño. Islas flotantes, un misterioso animal del bosque, un castillo que se mueve, ciudades llenas de espíritus… Mundos fantásticos, pero llenos de realismo en los que desdibuja la línea que separa lo real de lo imaginario. Escribe, dirige, dibuja e incluso compone las canciones de sus películas, poniendo algo de sí mismo en el proceso.

Miyazaki nació en el seno de una familia adinerada. Su padre construía piezas para aviones de combate durante la Segunda Guerra Mundial. La aviación siempre fue una de sus grandes pasiones y soñaba con convertirse en piloto. Esa ambición frustrada la reflejó en el protagonista de su última película ‘El viento se levanta’ (2013) y también en toda clase de artefactos voladores que aparecieron en sus filmes.

Con apenas cuatro años, los bombardeos nocturnos hicieron que la familia tuviera que huir de la ciudad en llamas. El precoz contacto con la guerra le dejó una gran impresión que tradujo en el claro mensaje antimilitarista de todas sus cintas. Otra de sus señas de identidad son los personajes femeninos resolutivos y de gran temperamento, poco comunes en un país como Japón. Fue la influencia de su madre, una mujer de fuerte carácter, la que inspiró todas las protagonistas de Miyazaki.

Ya desde pequeño deseaba ser autor de manga. Leía con avidez las historias ilustradas y admiraba fervientemente a Osamu Tezuna, el padre de ese arte. Durante esa época su madre murió después de una larga enfermedad que le obligó a estar en cama durante casi ocho años. Este duro episodio aparece plasmado en ‘Mi vecino Totoro’ (1988), donde las dos hermanas protagonistas, Satsuki y Mei, visitan a su madre enferma en el hospital.

“Encuentro inspiración en las historias de mi vida”. Esa ha sido siempre su máxima y la ha llevado a la práctica desde que fundó Studio Ghibli en 1985. Todas sus películas rebosan imaginación, tranquilidad y armonía; pero siempre se aprecia a lo lejos, la amenaza de la guerra. Se va acercando lentamente hasta que explota por completo. Ocurre en ‘La Princesa Mononoke’ (1997), la cinta que supuso un punto de inflexión en su carrera.

Recientemente, el creador ha anunciado que trabaja en un nuevo largometraje. Ya ha dibujado unos veinte minutos, pero debido al gran trabajo que supone, no la tendrá lista para antes de 2019. Miyazaki, creador de 20 películas y 16 cortos, ha conservado hasta el final la mirada infantil, de cuando se ve el mundo por primera vez y esa elegancia que ha dejado maravillado al público. Esta nueva producción, cuyo título todavía no ha sido revelado, podría ser la guinda en la trayectoria de la gran leyenda de la animación japonesa.

Miyazaki es ambicioso y perfeccionista. Casi llevó al estudio a la ruina para crear ‘La Princesa Mononoke’. Dedicó horas a elegir el color adecuado para una pepita de oro que apenas sale dos segundos en la cinta. También fue la primera vez que se añadieron efectos por ordenador a una película animada. Y funcionó. “Me dí cuenta de que los niños debían ver la guerra y lo entendieron”.

La cinta alcanzó éxito mundial y dio alas a Miyazaki para preparar la que sería su obra maestra: ‘El Viaje de Chihiro’ (2001). La historia de Chihiro, una chica que queda atrapada en un mundo de espíritus donde tiene que aprender a sobrevivir, le valió el Oso de Oro en la Berlinale de 2002 y el Óscar a la mejor película de animación de ese año.

Después de ‘El Viaje de Chihiro’, vería la luz ‘El Castillo Ambulante’ (2004), también aplaudida por el público y la crítica. Pero en Japón se empezaron a alzar voces en contra de Miyazaki, diciendo que acaparaba el mercado de la animación. Es un hecho que son pocos los espectadores que se adentran en la cultura japonesa de la animación más allá de las películas de Studio Ghibli. Aún así, la aportación de Miyazaki en la internacionalización del anime es crucial. Algunas de sus películas incluso sirvieron de inspiración a Disney.

En 2013, Hayao Miyazaki anunció su retirada tras la que sería su última película: ‘El Viento se Levanta’ (2013). Su regalo de despedida. La cinta cuenta la vida de Jiro Horikoshi, un amante de los aviones que fue atrapado por la guerra y el militarismo. Es quizás la más realista de sus producciones y la única que no cuenta con un universo propio. Por ello fue también la más criticada.

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