Juan Pablo Escobar: ''No conozco a narcos jubilados. Están muertos o en la cárcel''

Juan Pablo Escobar dice que Narcos no se parece al Pablo Escobar que conoció. | Resaca Cultural 

Pablo Escobar (hijo) aprieta la mano y saluda con los ojos. Te imaginas cerrando un trato con su padre y te da respeto. ¿Así era la manera de estrechar la mano del narco? Te impone la idea. La primera reacción del niño, Juan Pablo Escobar (1977, Medellín), cuando conoció la muerte de su padre -tenía 16 años- fue decir que se vengaría: "Los voy a matar a todos, yo solo los mato, malparidos". No hubo venganza. En la entrevista alega que si se hubiera quedado en Colombia no le hubiera quedado otra alternativa que esa, la de convertirse en un "Pablo Escobar 2.0"

¿Cómo le contará a su hijo quién fue su abuelo?
Tiene cuatro años.Y es pequeño para entender lo que significa el narcotráfico y la violencia. Me he encargado de que crezca con una imagen en relación con el afecto de su abuelo porque estoy seguro de que mi padre si viviera le daría amor como me lo dio a mí. Mi prioridad como padre es criarlo con esos valores de afecto y después se enterará, seguramente más temprano que tarde, de todo lo que hizo y cuando crezca tenga la opción de no elegir convertirse en alguien como él.

Para alguien que no se ha criado con la historia de la violencia asociada,  ¿Qué valores le ha transmitido?
Los que aplico hoy en día. Que son contrarios a los que mi padre aplicaba en casa. Estos son los valores de la paz, del respeto por la vida, de los Derechos Humanos y por la opinión de los demás. Estos valores son contrarios a los que aplicaba en su día a día, que eran los antivalores.

¿Cómo se le explica a una sociedad que el narcotráfico está mitificado?
Es una construcción en conjunto de todos los medios de comunicación que han tomado a mi padre como un personaje  que genera algún tipo de fascinación, de interés. Creo que todos somos responsables del mito que hemos creado en torno a mi padre. Soy una persona que con la cercanía que tuve me dedico a escribir sobre su vida e invito a todos los que me han leído a ver si les quedan ganas de convertirse en Pablo Escobar después de leer mi manera de ver esta vida. Muchos me han dicho que una vez que ven la serie (Narcos, de Netflix) les entran ganas de ser Pablo Escobar, pero al leer mis libros se dan cuenta que los mensajes que se están enviando en esas series contribuyen a la creación de mitos y no a la creación de la conciencia colectiva de que estas historias son para no repetir.

¿Puede explicar qué es ser un narco para que nadie tenga ganas de serlo?
No conozco a narcos jubilados. Todos los que conocí están muertos o terminan en la cárcel pudriéndose. En la época de mayor prosperidad de mi padre vivíamos con mayor pobreza. Entonces, ¿cuál es el sentido de tener ese dinero si no lo vas a poder disfrutar?

Habla mucho del perdón.
El libro marca una clara experiencia con víctimas de mi padre y culpables y es una mezcla de esas dos condiciones. Me parecía muy necesario expresar todo lo que significaba mi padre pero no solo de la óptica como hijo. Es la primera vez que los enemigos de Pablo Escobar tienen voz y, paradójicamente, es a través de su propio hijo.

¿Ha sentido miedo en la elaboración del libro?
Yo fui a hablar con Ramón Izaza. El jefe paramilitar de la extrema derecha, que confesó más de 300 delitos y pagó más de 12 años de cárcel. Iba solo a verlo y él llegó con 25 hombres. En esos momentos sí que te preguntas qué estoy haciendo aquí.

Acerca del tema del perdón se encontró con víctimas de su padre. ¿Qué significa en una etapa tan importante en Colombia en materia de reconciliación?
Empecé a hablar del perdón en Colombia cuando era un tema tabú, en 2009, con el documental sobre mi padre. Fue la primera experiencia de reconciliación y diálogo abierto con la familia Galán y la familia Lara (la del ministro de Justicia colombiano asesinado por Pablo Escobar). Y fue de perdón esa experiencia. Creo que los colombianos tenemos una cultura arraigada al odio y al deseo de venganza en el que parece que todo lo tenemos que resolver a tiros y no hay medias tintas. El gran reto que tenemos como sociedad en el futuro inmediato es desarrollar la capacidad de reconciliarnos porque en la medida que sigamos pensando que la violencia es la única salida posible a nuestros males vamos a seguir en el camino de la perdición. Por eso soy optimista y espero que no sea así.

¿Cómo vivió el resultado del referéndum del acuerdo de paz con las FARC?
Me sentí extraño. ¿A quién se le ocurrió hacerse una pregunta de esa naturaleza, si querían paz o guerra? Me parece que son los funcionarios públicos los que tienen la obligación y el legal constitucional de sus ciudadanos. Yo no le hubiera pedido permiso al pueblo para hacer la paz, lo hubiera hecho y anunciado. Entiendo que se pretendía buscar legitimidad para el proceso. No hay nada más legítimo que la paz misma. Mi familia tuvo la experiencia de hacer la paz en circunstancias muy desiguales, adversas e injustas con los carteles de la droga en Colombia. Esto nos da a entender a nosotros, a los que hicimos la paz, que a cualquier precio la paz es barata.

¿Qué cree que aporta a este libro a la memoria histórica?
Es el primer intento de ir a confrontar con los enemigos de mi padre, entre los que se reconocen autores intelectuales de atentados que nos hicieron. Esto nos permite escribir la historia de Pablo Escobar con un elevado nivel de realismo porque la historia de mi padre también se ha utilizado para manipular políticamente la historia de Colombia. La supuesta injerencia de determinados políticos en temas como en el asesinato de otros políticos, por ejemplo. Creo que los dos libros que escribí les dice a las víctimas que tienen todo el derecho a conocer lo ocurrido. Hasta las supuestas verdades oficiales están teñidas de intereses políticos, personales y militares que no ayudan a que conozcamos las verdades históricas. Mi interés es relatar con crudeza toda la violencia que sufrió Colombia y de ninguna manera para justificar los actos de mi padre, sino para contar en qué circunstancias tomó las decisiones equivocadas que llegaron a arrinconar a un país por la vía de de la violencia y el terror, y cómo esta corrupción también fue garante y permisiva para que mi padre ostentara semejante poder militar y económico. 


Cuando como familia firman la paz con otros cárteles, ¿podría no haber sucedido?
Yo pude haber dicho no a la firma y me convierto en Pablo Escobar 2.0 o ellos podían haber dicho “matémosle” porque tenían todo el poder militar para hacerlo. Pero creo que en lo que sí coincidimos es que estábamos hartos de la violencia todas las partes. Y en este caso, los grandes capos, que tenían todo el poder para asesinarnos, tomaron la determinación de darnos esa segunda oportunidad. A mí personalmente me la dieron, la aproveché y me convertí en una persona muy diferente a la que querían que fuera. Si me hubiese quedado en Colombia no me habría quedado una alternativa distinta a la de convertirme en Pablo Escobar para poder sobrevivir. Igualmente eso solamente suponía que iba a durar unos cuantos días más porque implicaba una muerte segura también.

¿En algún momento imaginó a su padre fuera del narcotráfico?
Creí que, cuando se entregó a la cárcel de la Catedral, pagaría 10 o 30 años de cárcel y que eso sería como pagar por el daño hecho al pueblo colombiano. Pero eso no duró nada porque la naturaleza misma del negocio del narcotráfico y su involucración a ese nivel le hicieron imposible dar marcha atrás. Desperdició una gran oportunidad que le dio Colombia para pagar su deuda con la sociedad. La Catedral fue la única oportunidad real que tuvo mi padre para hacer las paces con la sociedad colombiana -más allá de los escándalos como tal por lo que significó y por ser una cárcel lujosa-, pero la desperdició.
  
Pablo Escobar y su hijo | Fuente: HolaCiudad.
¿Le pidió a su padre que dejara el narcotráfico?
Eso nunca se lo pedí. Sí le pedí que no ejerciera la violencia, que estaba matando a gente inocente y estaba llevando el conflicto a una escala cada vez mayor. Como sabíamos que éramos su talón de Aquiles éramos muy conscientes de todas las consecuencias de la violencia que ejercía. Siempre el efecto inmediato repercutía contra nosotros. Por eso éramos los primeros siempre en pedirle que no continuara con esa escalada de violencia, pero evidentemente era un hombre que no escuchaba razones. Evidentemente, si no pudo la CIA, ni la DEA, ni todos juntos con él… menos iba a poder su hijo de 14 años.  

A los 7 años se da cuenta de lo que representa esa vida. 
La palabra bandido la conocí pronto por las caricaturas y las películas, pero desconocía la dimensión de la gran organización criminal que había detrás de mi padre. Obviamente nací ahí y me crié con los peores bandidos de Colombia, pero no sabía la dimensión real de todas las personas que estaban implicadas.

Uno de esos bandidos era ‘Popeye’, un sicario que formó parte del Cartel de Medellín, y dijo recientemente que usted vio torturar y torturó.
Ese hombre no fue tan importante como le dice al mundo que fue. Él dice que me sirve un café en la Hacienda Nápoles en el año 84, cuando yo no tomaba café y no estaba allí porque estaba escondido en la mansión del general Noriega en Panamá porque mi padre ya había ordenado asesinar al Ministro de Justicia colombiano. Popeye es un hombre que llevaba intentando entrar en el Cártel de Medellín durante mucho tiempo para poder ser testigo y acusar. Pero es un hombre que asegura lo que no sabe. Me acusa de haber matado a un general de la Policía. Uno lo escucha y piensa que es cierto porque dice qué arma llevaba yo, cómo estaba vestido… pero los periodistas nunca le preguntan dónde estaba él ese día y él estaba en la cárcel de máximo seguridad. No sé cómo hizo para verme.

En esta novela se habla específicamente del papel de la CIA y las relaciones con Pablo Escobar. 
En el caso de la CIA hay unas fotografías que son innegables. En el pasado se usaron para acusar a mi padre y demostrar su implicación en el narcotráfico. Pero lo hicieron de manera inteligente. Omitieron hacer un análisis de lo que las mismas fotografías indican: la connivencia con el gobierno sandinista y con la propia CIA, y todos adorando al dios dinero. Estaban colaborando y con el único propósito, paradójicamente, de financiar a la lucha anticomunista en la Centroamérica de los 80.  Aquellos que durante décadas propusieron la idea del prohibicionismo fueron quienes calificaron y revisaron a los demás países en el tema de la lucha contra la droga. Son los mismos que terminaron siendo los que más ayudaron a los narcotraficantes a ser tan poderosos y violentos como Pablo Escobar.
    
¿Está de acuerdo con la legalización de las drogas?  
Para mí ya están legalizadas porque droga nos traen aquí mismo si la pedimos. Lo que no está es regularizada por el Estado. El acto de prohibición es un acto de irresponsabilidad a mi juicio. El Estado le dice a los delincuentes "administren ustedes este negocio que a mí no me interesa". En el momento en el que el Estado le entrega las riendas de ese negocio a los delincuentes, las consecuencias están a la vista. El caso de Colorado por ejemplo, en el que se le ha puesto un impuesto a la marihuana, da fe de que una visión más inclusiva tiene mejores consecuencias. Le ha generado un billón de dólares al Estado para invertir en educación, deporte, prevención... y ese dinero no queda en manos de los cárteles. Pero cuando hay una política prohibicionista todo ese dinero va a parar a manos de los delincuentes. 

De los productos televisivos sobre su padre, ¿cuál es el que más se acerca a la imagen de Pablo Escobar? 
Debo decir que por más que se peinen de lado y se pongan bigote no se parecen al Pablo Escobar que yo conocí. Y esto es real porque incluso a Netflix le ofrecí un acceso sin restricciones a mi archivo familiar y me respondieron que sabían más de Pablo Escobar que su viuda y sus hijos. Las series en realidad son un intento por mostrar quién es Pablo Escobar y creo que también tienen un trasfondo político. La primera, Patron del Mal, está  hecha por el establishment colombiano y vemos una policía que yo hubiera soñado y querido. Me hubiera gustado que esa policía tan bonita, tan amable y tan querida como la muestran hubiera sido cierta. Pero los interrogatorios que yo conocí y de los que muchos colombianos fueron víctimas hablan de una violencia muy diferente. Se les olvidaron las motosierras, los desmembramientos, arrojar a la gente desde los helicópteros de la policía. Todas esas cosas que contribuyeron a exacerbar la violencia porque en ese momento ya mi padre tampoco reconocía el Estado como legitimo. Ponía bombas y secuestraba personas. Hacía exactamente lo mismo que Pablo Escobar, pero con la bandera del Estado.

¿Vio el anuncio de Netflix, el de 'Blanca navidad'?
Sí, dije que si yo hubiera hecho ese anuncio me mataban. 

¿Sigue la corrupción política como en los tiempos de Pablo Escobar?
Cuando se descubre que Pablo Escobar era narcotraficante cuando fue elegido como representante en la Cámara parecía un episodio aislado. Pero un par de gobiernos atrás, más de la mitad del Congreso estuvo preso por vínculos con el narcotraficante y el paramilitarismo. No sé si ha habido una involución o una evolución en ese aspecto.  

¿Cómo ve la situación del narcotráfico hoy en Colombia?
Fue un gran escándalo cuando dije que si se comparaba a los narcos de hoy con mi padre, mi padre sería un niño pequeño. Pero lo sostengo y me ratifico porque es cuestión de comparar las cantidades de drogas que se mueven hoy en día. Y no lo digo para disminuir la responsabilidad de los crímenes de mi padre ni mucho menos. Mi padre se afanaba en enviar 500 kilos a Estados Unidos y hoy los narcos pequeños envían 4.000 y cuando les va bien envían 30.000. Se estima que el año pasado en Colombia había 50.000 hectáreas de coca y este año se estiman unas 200.000, por lo cual vamos de mal en peor. Si queremos guerras, violencia y la reaparición de personajes como mi padre, el camino correcto es el de la prohibición. 

Una curiosidad: comentó que de pequeño la espada de Simón Bolívar fue un juguete suyo. 
En este libro me entrevisto con Otty Patiño, miembro del M-19 (movimiento guerrillero) que robó la espada. En una ocasión en la Hacienda Napolés mi padre me entrega una espada, me dice que la cuide mucho, que la proteja. Mi padre me dice en ese momento: "Esta es la espada de Simón Bolívar, yo te la regalo". El M-19 lo niega en el libro  y dice que no hubo ninguna posibilidad y que a mi padre lo engañaron. Yo discrepo de la versión de los guerrilleros, pero la respeto. No creo que mi padre -que me decía: "esta bomba la puse yo, a este lo secuestré, a este no"- me mintiera y hubiera comprado una espada para regalármela como si fuera la del libertador Bolívar. Dudo mucho que no fuese su espada la que yo tuve en mis manos. 

¿Tenia ideología Pablo Escobar?
Hay una entrevista con Yolanda Ruiz en la que le preguntan si se consideraba de izquierdas o de derechas. Su respuesta fue que no le gustaba que lo encasillaran, que apoyaba las buenas ideas de la derecha y las buenas de la izquierda. 

Juan Pablo Escobar durante la entrevista. | Resaca Cultural 

0 comentarios:

Publicar un comentario

 

Nuestro timeline

Resaca en Facebook

Recibe Resaca en tu email

Publicidad