'El Padrino', a pesar del tiempo

Marlon Brando en una escena de El Padrino I | europapress.es

Entre naranjos. Así murió Don Vito Corleone. Lo hizo tras haber liderado una de las principales organizaciones mafiosas y tras haber conseguido contratos dando la opción de que al pie del papel aparecieran la firma o los sesos, una oferta desde luego difícil de rechazar. Sin embargo, el destino es caprichoso y, a pesar de la violencia y la muerte, el personaje interpretado por Marlon Brando acaba sus días en paz, jugando a ser un monstruo perseguido por la inocencia de su nieto.
El Padrino, dirigida por Francis Ford Coppola se estrenó en 1972 y cumple hoy 45 años. Se mantiene impasible ante el paso del tiempo. Ni las frases más que trilladas ni las camisetas de película de culto banalizada hasta los límites más sucios han servido para ensuciar su imagen. La película sigue en pie como una especie de Che Guevara que ni la comercialización sin fin de su estética ha servido para pervertir sus ideales. Es más, los años se han posicionado como aliado que olvida los defectos y crea una imagen onírica de su ser.

Debido a la idoneidad de la situación, el actor Robert De Niro ha comunicado que reunirá a las estrellas del filme, las que siguen vivas, en la XVI edición del Festival Tribeca que él mismo inició tras los atentados de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001. A la ocasión acudirán Michael Corleone (Al Pacino), su hermano el impulsivo Sonny Corleone (James Caan) y, por supuesto, el maestro de ceremonias Coppola.
Si algo ha servido para que El Padrino sea buen vino y no vinagre ha sido su carácter completamente convincente. La violencia no es gratuita, tiene un fin, los personajes tienen su psicología y personalidad completamente desarrolladas y aportó un punto de vista familiar y amable a un mundo de gánsteres que Los Intocables de Eliot Ness (1987) habían mostrado desde el punto de vista de las autoridades.

En el imaginario colectivo a veces ya no se distingue si los Corleone eran una mafia real o parida de la ficción. Brando se basó en mafiosos reales para su personaje y lo de los sesos y la firma recuerda un poco a la carrera de Frank Sinatra. Además, como en la vida real, cuesta esgrimir una línea convincente que separe el bien y el mal porque sus protagonistas te caen simpático pero luego son capaces de ahogar con una cuerda a sus más cercanos a causa de una traición desafortunada.

La frase de hacerle a alguien una oferta que no pueda rechazar es comparable al inicio de una hermosa amistad de Casablanca (1942) y ya pertenece al erario público. Lo mismo ocurre con la cabeza de un caballo en la cama, versionada hasta por Los Simpson, y lo de que un villano sí o sí necesita un gato al que acariciar. Que la cultura pop pervierta cuanto quiera que, especialmente ahora lo líquido desvanece y lo sólido flota como nunca.

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