La soledad de Murakami

El escritor japonés, Haruki Murakami. MURDO MACLEOD

Hoy Haruki Murakami (Japón, 1949) cumple 68 años. Dicen de él que es el Leonardo DiCaprio de la literatura. No solo porque la edad parece no asentarse en su rostro, sino porque desde 2010 ha sido continuamente postulado como eterno favorito al Premio Nobel de las letras, pero sin culminar, similar a lo que sufrió el actor antes de que la Academia de los Óscar le reconociera sus dotes interpretativas.

A pesar de que el premio se demora, pero parece que llegará, Murakami no pierde fuelle. El pasado martes la editorial Shinchosa que edita sus obras anunció que el próximo 24 de febrero verá la luz la nueva novela del escritor nipón. Se trata de su libro número 14 y llevará por título Kishi dancho koroshi que, traducido al castellano, sería algo así como Matar al comendadorDe la obra, no ha querido desvelar nada más allá de que se trata de “una novela rara”, pero el estilo que suele arrastrar a través de sus publicaciones hace intuir la esencia que se saboreará. El escritor es uno de los principales representantes de la literatura japonesa. Huye de los tópicos de la tradición nipona y entra en una cultura pop, occidentalizada a través de la música de los Beatles, el baseball, las mujeres, constantes cigarrillos y jazz. Pop pero nunca superficial.

Con sutileza, elegancia y un gran respeto al arte, el autor tiene un don para remarcar la crudeza del día a día que supura la naturaleza humana. Esa naturaleza es la que conlleva cosas innatas como el amor, las amistades y la necesidad de socializarse, pero Murakami opta por representar el vacío de todo aquello, la soledad y, sobre todo, la incapacidad de comunicarse. Sus personajes nos hablan desde aquella parte de nuestro ser que no le confesaríamos a nadie, la de las tentaciones y lo prohibido pero también desde la parte de los complejos y la inseguridad.
Él dice que se tratará de una novela rara, pero es que es un escritor raro. Su primera novela, Escucha la canción del viento y Pinball (1973), la escribió en japonés, su lengua materna, pero antes de publicarla decidió traducirla al inglés, un idioma que no manejaba demasiado bien, para que con la traducción se fuera lo superfluo. En el prólogo de esa obra explica, además, que decidió mandarla a un concurso y que cuando en la calle vio una paloma enferma sabía que iba a ganar.
Su forma cruda de ver la vida, acompañada de esa superstición, hace que su obra se encuentre a medio camino entre la novela negra y la fantasía. En todas sus novelas hay un continuo halo de misterio por el que el lector no sabría explicar en qué consiste su libro pero sin embargo lo entiende a la perfección.

Matar al comendador se publicará en dos entregas. Se trata de su siguiente ‘larga duración’ tras Los años de peregrinación del chico sin color (2013) y sigue a la publicación de Hombres sin mujeres (2015), una serie de relatos cortos que se ha consagrado como una de las mejores formas de entrar a conocer al escritor para aquellos que no aún son ajenos a su literatura ya que se trata de relatos fieles a su esencia pero presentados de una manera muy ligera.

Eso sí, una vez que se entra, del mundo de Murakami no resulta sencillo salir, de la misma forma que sus personajes no pueden huir de sí mismos. Aun así, tanta extrañeza a veces provoca rechazo en sus lectores o la idea de que está sobrevalorado, pero nunca jamás indiferencia.

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