El Año Nuevo chino se instala en Madrid

Una mujer dirige el movimiento de los dragones durante el desfile del Año Nuevo Chino| DIEGO R. VEIGA

En Madrid viven unos 55.000 chinos. En el barrio de Usera conviven casi 11.000. No es raro entender que hayan sido sus calles las que hayan recogido la celebración del Año Nuevo chino. En un momento en el que la globalización está siendo más cuestionada que nunca y que Donald Trump está acabando con varios tratados comerciales entre países, estas calles de Madrid demostraron que la sociedad multicultural todavía tiene mucho recorrido.
La música y el color impregnaron el desfile que esta comunidad celebró el sábado 28 de enero. “De todos los extranjeros que han llegado al barrio, los chinos son los que mejor se han adaptado”. Entre tambores y bailes con abanicos, se levanta una cabeza sin ojos rasgados. Debajo del tercer dragón del pasacalles, está Juan Ramón Saco, de 55 años. Sosteniendo una parte del gran dragón rojo y dorado, el madrileño luce como una especie de nazareno chino. Este oficial de mantenimiento en una empresa de gas no es el único español que ha participado este año en la ceremonia, pero sí el que más destaca al llevar uno de los animales mitológicos. “Ha sido una casualidad”, dice, “en un principio iba a controlar a los niños chinos, pero por la mañana faltaba uno para el dragón y ahí me pusieron”. Tampoco puso mucha resistencia. Juanra, como se presenta este vecino de Usera, ha participado en varios teatros del barrio, con lo que la idea de salir en este tipo de actos no le desagrada. De hecho, el organizador este año ha sido Fernando Sánchez Cabezudo, quien ya montase alguno de los teatros donde Juanra ha actuado. “Ha sido como sentirte extranjero en tu propio barrio”. Así define el madrileño la experiencia de pasear junto con casi 800 vecinos provenientes del país asiático.
Usera se vistió con sus mejores galas para recibir el Año del Gallo de Fuego. Los farolillos cuelgan de todos los comercios. Nada más salir del metro, uno empieza a ver carteles en chino en las tiendas. Aunque Juanra destaca que la convivencia en el barrio es formidable, la comunidad del país más poblado del mundo sigue siendo muy cerrada, sobre todo por el problema que plantea la lengua. Cuando se pregunta a trabajadores que cómo ven el desfile, o que si les gusta la celebración en España, se limitan a decir “sí” o “sí, mucho”. La mayoría de los que se agolpan en las aceras para ver pasar dragones, un trono o niños tocando tambores son españoles, curiosos que vienen de todas partes de Madrid para presenciar una fotografía que bien podría ser una escena de Mulán, la película Disney.
Todos participan en el desfile. Desde las abuelas hasta los más pequeños. La diferenciación por sexos está muy marcada. Un dragón para los chicos, otro para las chicas. La calle Marcelo Usera hace de Gran Vía en el barrio, ante la mirada de quienes se han acercado a ver el expectáculo. Entre aplausos por las coreografías, a alguno se le puede escuchar “¿aquí no tiran caramelos?”. Mientras el mundo entero celebraba el cambio de año hace casi un mes, ellos lo hacen ahora. En el desfile no faltan banderas chinas, españolas, madrileñas e incluso una de la Unión Europea. Los participantes no dudan en retrasmitirlo por streaming para sus compatriotas a través de sus teléfonos móviles. Triunfan los Huawei y los Xiaomi. También hay una consultora que aprovecha el tirón para salir con una pancarta haciendo publicidad.
Cuando el desfile llegó a la plaza donde está la Junta municipal, los asistentes aprovecharon para hacerse fotos y charlar con sus vecinos. Dentro de una gran carpa blanca se pueden ver elementos culturales típicos del gigante asiático. Fuera, una caravana se encargó de dar comida tradicional china, sin occidentalizar, y de montar un karaoke para los que quisieron dar la nota. A las cuatro y media de la tarde se despidieron los protagonistas hasta el año que viene.




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