WeekendBeach, el festival trasversal

El concierto de Wiz Khalifa fue el más multidinario del primer día. | WeekendBeach

"El hombro de una chica riéndose sin parar con la boca llena de dientes, otro llevaba una camiseta con la cara de Jimi Hendrix. Todo tipo de zapatos apisonaban la tierra”. Esta cita queda muy bien porque pasea por cualquier festival. Es de Ryu Murakami-el menos conocido- en Azul casi transparente. Los tres o cuatro días que pasaste en Torre del Mar te vi en chanclas, zapatillas con luces y en los botines que alguien te regaló hace cuatro años. 
 
Solo hay dos festivales donde hay quien lleva la actual bandera de España, la rojigualda con el escudo. Esos son el desfile de la Hispanidad y el Weekendbeach. Se agradece esa metáfora de la trasversalidad en una fiesta donde puedes escuchar a Loquillo y encontrarte  entre el público a su banda viendo al cantante reggae, Seydou Koné, como nombre de futbolista, pero conocido como Alpha Blondy. Tiene unos 60 años y lleva unos años versionando “I wish you were here’, y lo hace bien, comenta entre los espectadores Josu García, el productor y guitarrista que ha acompañado al Loco, el mismo que tocaba la guitarra en 19 días y 500 noches.

Hay quien a la reunión de grupos de distintos estilos lo llama ecléctico, para los errejonistas la palabra definitiva es trasversalidad. Yo estoy muy de acuerdo con lo que dijo la estrella televisiva Steisy el otro día en la final de Supervivientes: “Si no sé la palabra técnica me da igual. Yo no te puedo decir que no tienes cerebro, me sale decirte: eres tonto”. Es un evento con un cartel variopinto al que rodean tres campings de pago y una playa.

En cada festival hay historias. Una noruega que está de paso para ver a Wiz Khalifa, unos sevillanos que llegaron solo para ver a Wiz Khalifa, una muchachada que le pide a Izal un rizo y un periodista gonzo que le pide un porro a un euro a Swan (a la mierda Hunther Thompson) y otro a la banda que acompañaba al rapero Arce. Swan se ha cortado las rastas, le dice que no han pillado. La gente de Arce sí que había pillado algo y fueron generosos (son de Galicia). El mismo Arce que se queda en la playa mirando a unos chavales jugando al fútbol a las cuatro de la tarde es el que levanta al público más joven a las 4 de la mañana.

Veo a Santi Balmes sentado, sin hablar y aislado del resto del grupo antes de salir al escenario. Veo a cuatro viendo a Obus, más de 2000 locos viendo a 091 -como si no se hubiesen ido- y confusiones, como el que quiere ver a Skrillex e invita al resto pensando que es Aoki: “no te puedes perder a Skrillex, tiene los ojos chinos”. Y hay demasiados móviles grabando a un tal Wiz Khalifa desde demasiado lejos. También veo a alguien señalarme e invitarme bailar mientras canta Juanito Makandé, no tengo tiempo para eso.

Todo eso lo vi. Si llegas a las siete de la mañana del domingo toca Hardwell ya no ves nada, ni a los rezagados en el césped, ni a los cuerpos quemados en la playa y héroes que aguantan el penúltimo cubata a las ocho de la mañana. Para ir a misa se madruga, para aguantar el festival se trasnocha. Ya era difícil ver el mar azul casi transparente. Ya era difícil no encontrarse a alguien gritando puño en alto cada canción de La Raíz. Ya se hizo extraño recordar el día de la Hispanidad en un festival. El Weekendbeach es trasversal y variopinto, no sé la palabra técnica para definirlo. 

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