Martxelo Otamendi: ''Antes de la crisis del periodismo todos los editores éramos muy chulos''

Fotografía | Janire Sainz
Martxelo Otamendi (Tolosa, 1957) no se anda por las ramas. No lo hace en ninguna de sus apariciones públicas en las que se le ha dado voz y parece que nunca dejará de crear polémica a sus pasos. Parece algo normal en un director de periódico. Desde que en 1993 fundó Euskaldunon Egunkaria, lo que fue el primer diario íntegramente en euskera, se ha enfrentado a dificultades, pero siempre ha conseguido que su palabra sea escuchada. El tolosarra es reconocido por su característica forma de hablar y por su vocación por el periodismo. Es un amante de la cultura vasca y nunca ha dejado de luchar por sus derechos. A pesar de que en su infancia estudió en castellano, ya que vivió la represión franquista, su vida la vive en euskera y su mayor orgullo es haber creado el primer periódico íntegro en este idioma.

Comenzó sus andaduras como periodista en la televisión pública vasca, dirigiendo programas como Babel y Egunean giro y como director en el primer periódico en euskera, Egunkaria, clausurado en 2003 por el juez del Olmo por "enaltecimiento del terrorismo"Tras una semana detenido e incomunicado, Otamendi fue liberado por falta de pruebas. Lo que para muchos significaría un profundo declive en su carrera, para él no lo fue. No lo dudó ni un segundo: la redacción del periódico Berria se encontraría justo en el mismo lugar que hace unos meses había sido testigo de la clausura de su proyecto novel, el diario Egunkaria, tan solo a 10 minutos de la capital guipuzcoana, en Andoain. Su mente nunca ha dejado de funcionar, ni siquiera de vacaciones. Y es que aprovecha incluso ese poco tiempo libre que conlleva su profesión para seguir aprendiendo sobre las sociedades y la política de los más de 30 países que ha visitado. Él no va a ver ruinas romanas, él va a ver las elecciones generales italianas.

Al llegar a la redacción de Berria y preguntar por el director, la secretaria hace una llamada preguntando por Martxelo Otamendi. Se respira un ambiente de tranquilidad y a la vez de trabajo. Pasadas las 11 de la mañana, aparece con paso decidido y se dirige hacia su despacho. Este lugar no se podría imaginar tal y como es en realidad. El despacho da al patio del Parque Cultural de Martin Ugalde y está acompañado por las magníficas vistas de los montes de Andoain. Está rodeado por cristales donde deja entrar la luz de la calle y se puede observar con claridad la actividad de la redacción del periódico. Cada cuadro, objeto, foto que decoran el despacho da a la vista que es más que un simple decorativo y que cada uno tiene un significado para él. Frente a su mesa, repleta de papeles y libros, otra mesa redonda con varias sillas alrededor, donde nos invita a sentarnos.

Tanta pasión siente por el periodismo que, incluso puede explicar con pelos y señales su época dorada y cuándo empezó a recaer: "La crisis del periodismo comenzó cuando el New York Times no pudo seguir permitiéndose tener un trabajador experto en perfumes". Aún así, esta situación que muchas veces parece insostenible no la considera necesariamente negativa, puesto que gracias a ello las grandes empresas han dejado de invertir en prensa, por lo que no se ven tan condicionados en sus publicaciones.

Explica que existen dos tipos diferentes de crisis: por una parte está la clásica de consumo, y por otra parte la crisis estructural de los propios medios: "Los técnicos han evolucionado mucho en muy poco tiempo en formatos muy inusuales y muy baratos. Los editores no veíamos que eso tenía futuro. Éramos todos muy chulos". Suerte que su diario se dio cuenta a tiempo. Berria apuesta fuerte por las nuevas tecnologías y por los nuevos proyectos. "A los medios pequeños no les queda otra cosa que ser más listo que los demás", comenta. Otamendi cuenta que su diario fue uno de los primeros en retransmitir un juicio en directo –el del propio Egunkaria–, mientras que a los medios tradicionales les parecía una locura.

El director dice que lo que caracteriza al equipo de Berria es su inmediatez y los reflejos que tienen ante las noticias que van a surgir. Por ello, cuando se puede predecir que una noticia lo suficientemente importante va a tener lugar en alguna parte del mundo, no lo dudan: mandan a un redactor a planchar 'kuleros' –bragas en euskera– a su casa y al día siguiente ya está en el centro de la noticia. "La frase planchar kuleros ya es famosa en la redacción. Cuando vemos que alguien va a tener que ir a algún sitio es lo primero que se oye".

Cuando se le pregunta sobre qué dejaría atrás de su carrera profesional, no lo duda ni un segundo: nada. "Claramente sufrí por el cierre de Egunkaria, pero no me estoy todos los días martirizando por eso. Ya lo he explicado en millones de periódicos del mundo, y afortunadamente no es un tema que me persiga todos los días". Sin pelos en la lengua, narra cómo un 20 de febrero de 2003 la Guardia Civil entra en plena madrugada en su casa, y sin mediar palabra comienza a desvalijar y confiscar todos sus objetos personales para someterlos a investigación. A partir de ese momento y hasta cinco días después nadie sabe nada de Martxelo. Todo el mundo conoce los hechos que estaban teniendo lugar en el interior de la prisión.

A pesar de ello, decide darle más importancia a las cosas positivas: Con una gratitud incalculable en la mirada señala un cuadro que tiene colgado en la pared de su despacho en el que se puede ver la manifestación más multitudinaria de la historia de Donosti pidiendo su liberación y la del resto de compañeros encarcelados. "Fue una lección para los de arriba. Ahí es cuando aprendieron la lección de que al cerrar un diario la gente no se queda en casa". 

Entre sus recuerdos, otro que marca un antes y un después en la historia de Euskadi: Martxelo se acerca a su escritorio y coge lo que parece un simple pen drive rojo. "Aquí es donde llegó a la redacción el comunicado de ETA en el que dejaba las armas. Quiero enmarcarlo y colgarlo en la pared". Y no es para menos. Tan solo su diario y el Gara recibieron la esperada noticia de manos de la banda armada. Y es que, aunque parezca complicado, el periodismo le ha dado más alegrías que disgustos. Por eso, cuando echa la vista atrás, el nacimiento del Egunkaria es lo primero que le viene a la cabeza: "Nos dijimos a nosotros mismos que lo podíamos hacer... y lo hicimos".

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