Desakato: ''Nos autogestionamos hasta el límite de fabricarnos nuestro propio estudio''

Pepo (izquierda) y Pablo (derecha) le dan voz a Desakato./ ALBA MEDINA
Acaban de bajar del escenario del Juergas Rock. Subieron a él a las 18:30. Una hora después, descienden empapados. Los asturianos Desakato acaban de firmar uno de los mejores conciertos del fin de semana, y del año. Su Teoría del fuego, arde. Como barcos en llamas. Los animales hambrientos vienen merendados. Hablamos con uno de los grupos punteros del punk rock nacional. La punta de lanza de una nueva generación que conquista méritos sin pedir permiso a nadie. El grupo que se subió al tejado de un antiguo caserón asturiano para, martillo en mano, construirse su estudio de grabación y ensayo. Pablo y Pepo, los vocalistas de la banda asturiana, atienden a Resaca.


No tenéis perdón, poner a correr al público bajo treinta grados. He visto sudar una camiseta de Balotelli…
Pablo: Intentamos que siempre haya energía en los conciertos, que la gente se lo pase bien y se mueva. Somos un grupo de caña, y de punk, y lo suyo es que la gente sude.

Cantar “Cuando salga el sol” a las seis de la tarde es un poco irónico, ¿no?
Pepo: Bueno, no siempre la letra puede encajar literalmente a la perfección [risas].

En el 1997 vinisteis a Andalucía por primera vez, a un certamen de música infantil, VeoVeo, que se hizo en Sevilla...

[Segundos de charla entre Pepo y Pablo rememorando el momento, partiendo de que Desakato ni siquiera existía en el 97’]
Pablo: Sí, joder [risas]. Teníamos un grupo que éramos los Llanera Boys –Llanera es nuestro pueblo-, y hacíamos versiones de los Beatles en asturiano. Entonces tuvimos la oportunidad de venir a Dos Hermanas, en Sevilla, a un auditorio de puta madre. Éramos unos criajos y ya nos vimos ahí rodeados de focos encima de un escenario. Fue una experiencia brutal.

¿Qué diferencia hay entre subirse al autobús, o al coche, en el 97, y hacerlo ahora? No dejan de ser los mismos kilómetros…
[Pablo ríe ante la opción del autobús]. Pepo: Cuando vinimos de pequeños no éramos ni conscientes de lo que hacíamos. Vinimos con nuestros padres, teníamos diez años, y fue una experiencia muy buena, y demás… Pero no tiene nada que ver con lo que ahora es la música para nosotros: algo que desarrollamos, que estudiamos, que vivimos, que es lo más importante para nosotros, y que la compartimos con colegas.
En casa, cuando decimos: “Este finde nos vamos a Almería”, piensan: “joder, menuda…”. Pero lo llevamos bien, pasamos las horas en la furgo, hay buen rollo y, al final, es tiempo que compartes con colegas.


¿Qué recompensa os ha dejado la música después de aquel 1997?
Pablo: Nos vemos recompensados en cada concierto. Cruzarte todo el país, llegar a Almería a las seis de la tarde, y ver cómo la gente está cantando esas canciones que tú compusiste con mucho cariño y esfuerzo... Para nosotros es el mejor premio. No hay nada mejor.

Grupos jóvenes, como vosotros o La Raíz, estáis destacando con unas letras reivindicativas que, lejos de ser explícitas, se fundamentan en los símbolos. ¿Es casualidad?
Pablo: Es necesario cambiar el discurso. Soy fan de los grupos contestatarios, del punk de toda la vida, pero los tiempos cambian y necesitamos algo fresco, un nuevo prisma a la hora de escribir y de componer. Está un poco manido el discurso del punk, sobre todo en las nuevas generaciones. Veo a Evaristo, que sigue diciendo las cosas cómo las decía en los 80’, y tiene la misma validez y fuerza que entonces. Pero no me lo creo tanto cuando veo a un grupo joven haciendo eso. Una nueva escuela dentro del rock estatal es necesaria, y en ello estamos. De momento está teniendo buenos resultados.

En el primer concierto que disteis fuera de casa, en Logroño, Pablo vestía una camiseta de la URSS, ¿qué ha sido de ella?
Pablo: Hostia, pues la tengo en casa. Me siento muy orgulloso todavía, soy comunista de toda la vida y no me avergüenzo de ello. Lo llevo muy adentro.


En el documental ‘Pacto de sangre’ mostráis como fuisteis vosotros mismos quiénes reparásteis un caserón para convertirlo en el estudio. Pepo le echó horas al techo para que todo quedase lo más profesional posible. ¿Es esa la mejor definición del grupo?
Pablo: Totalmente.
Pepo: Sí. Yo trabajando y ellos mirando, ¡la definición perfecta! [Risas] Es la definición de lo que somos nosotros como grupos. Somos cinco colegas que, humildemente nos estuvimos peleando durante años para poder estar donde estamos hoy: viajando, tocando y compartiendo nuestra música.
Pablo: Sobre todo, somos un grupo que nos autogestionamos hasta un límite inimaginable. Hasta el hecho de fabricarnos nuestro propio estudio. Autogestión desde el minuto uno y en todos los aspectos que rodean al grupo. No solo en lo musical, sino en la logística. Tenemos gente que trabaja con nosotros, pero no dependemos de ninguna discográfica ni agencia de management externa grande. Iván Mata, quién nos lleva, de El Garaje Producciones, es colega nuestro de toda la vida. Desakato es algo muy familiar, no queremos que nadie lo corrompa. Somos de dejar las cosas en casa.
Pepo: Rurales.

¿Esa autogestión os da para vivir de la música? ¿Cómo compagináis vuestros trabajos con el grupo?
Pablo: Vamos mejorando. En verano estamos tocando prácticamente a diario. Prácticamente todos los fines de semana tenemos concierto. Pero claro, se hace muy complicado compaginarlo con los trabajos. Yo tengo la suerte de tener un estudio de grabación, y puedo vivir de ello, pero otros compañeros el lunes tienen que ir a trabajar después de llegar de tocar. Esperemos que eso cambie, porque se hace complicado. La temporada de conciertos de verano es muy buena, sin embargo todavía se hace difícil centrarnos en eso durante todo el año.



En La teoría del fuego habláis de un nuevo cambio de era en el ciclo humano, una etapa postcapitalista. ¿Es pura literatura?
Pablo: No, para nada. Nunca fantaseo. Si escribo sobre algo es porque creo en ello. Veo una necesidad de cambio radical del sistema. Hay una moda de intentar cambiar el sistema desde dentro, de mejorar el sistema, pero este sistema nos ha llevado al fracaso total como especie y como sociedad, y merece morir.
Tenemos que inventar algo completamente nuevo. No podemos seguir poniendo parches a algo que no funciona. Cuando una rueda te pincha, le pones un parche, pero con el tiempo vuelve a pinchar. A pesar de que la intentas reparar una y otra vez, sabes que al final vas a tener que cambiarla. El cambio es necesario.

Las últimas elecciones derrumbaron la ilusión de la izquierda. ¿Se puede construir ese nuevo mundo sin priorizar el trabajo a ganar las elecciones?
Pablo: Parto de que los partidos políticos no son la política. La política la hacemos las personas todos los días. Hay un desencanto general con la política por el engaño de reducir la política a los partidos. La gente deja de ir a votar y se desilusiona porque cree que la única opción de cambio es esa. Existen muchísimas más opciones de hacer política que ir a votar o que militar en un partido. Necesitamos que la gente se dé cuenta de eso y que evolucionemos educativa y culturalmente. Somos un país atrasado en ese sentido.

En cada trabajo hacéis un guiño al bable en forma de tema, quizá una de las lenguas más olvidadas...
Pablo: Al bable no, al asturiano. El bable es la forma despectiva que han utilizado para llamar a nuestra lengua. Le llamaban así porque decían que en vez de hablar, balbuceábamos, y de balbuceo quedó bable. La lengua es el asturiano. [Pablo aclara que es una corrección fuera de micro, pero creemos que es necesario incluirla para comprender la coyuntura actual, donde la escuela siempre nos ha enseñado que la lengua de Asturias es el bable].

A los andaluces nos obligan a disimular el acento en la televisión... ¿Creéis que es posible un cambio sin respetar las particularidades de cada pueblo del territorio español?
Pepo: ¿Disimular el acento? [Comenta sorprendido]. En Asturias eso lo sufrimos sobre todo en el postfranquismo, fueron los años en los que más se persiguió el asturiano. Estaba concebido como una lengua de minorías, y para nada es así. En Asturias hay mucha gente que habla asturiano, que quiere hablar asturiano y que quiere que sus hijos y nietos sepan que en Asturias siempre se ha hablado asturiano y que forma parte de la cultura del pueblo.
Pablo: Respetar la identidad de los pueblos es necesario para poder evolucionar culturalmente.



Fotografías de Alba Medina.


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