Adra baila al fuego del rock

Boikot demostró el porqué de su vuelta al Juergas./ JAVI SALVADOR 
Cantan los desafinados. Intentan unir cinco continentes en un mundo amigo de las fronteras para todo lo que no es dinero. Sus voces, al fuego de la hoguera, recuerdan el corazón del esclavo. La mansa marea se gira y mira al horizonte. Sueña con atacar a contracorriente. La hoguera es un escenario de seis mil artistas desafinando casi a capela. Una suave melodía los eleva varios centímetros del suelo. El fuego alumbra, un pueblo baila enamorado. Cuentan las viejas del lugar que las canciones tenían vida. Cuentan que había una vez. Cuentan que hubo una noche.

El calendario acelera y llega a agosto. Del frenazo, aparca en Adra. “Llegar pronto es de acomodados”, comenta alguien. El perro no era tan bueno y la generosidad del kalimotxo por poco lo deja sin muñeca. De madrugada, Boikot está sobre el escenario. Hacía unas horas que A Sako Pako había inaugurado el Juergas Rock 2016 con su punk con toques de ska. Sonido más rockero apuntó Ciclonautas instantes después, la apuesta por lo clásico. Tras ellos saltó La M.O.D.A. ¿Qué pinta el indie descafeinado en el Juergas? Nada. La M.O.D.A. es rock.

Se acuesta el sol y Hora Zulú despierta a la luna. Los granadinos dieron en el Juergas pasado su único concierto del año. Con el rodaje, tenían que volver. Son un amor de juventud para los no tan jóvenes. Su reconexión con el mundo es palpable, además de tocar sus clásicos, además de recibir en el escenario a Sho Hai –el rapero que soñó con ser heavy-, también hablan de Pokemon. Alguno desconecta el wifi y enchufa el oído. Una victoria.

Hola mi amor…”. La noche cae con Boikot en primer plano. Los madrileños vuelven a confirmarse como uno de los mejores directos del festival; en otro festival más. Las mujeres ocupan el escenario para cantarle a la violencia machista. “Y volveré a ver el cielo y tú estarás diez metros bajo el suelo”, cantan las voces femeninas. Suena Hola mi amor, el himno del flamenco español que los Boikot versionaron junto a Junco, la gran ausencia del fin de semana. “Yo no quiero ser tu amante, yo quiero ser algo más”, tararea el respetable. “No me gusta, no es mi estilo”, comenta un renegado de la sorpresa que el grupo preparó a Adra. Él tenía un amigo que era el más punki de un lugar de cuyo nombre no puedo acordarme. Minutos después vuelve a vivir, gritando, como kualkier día.

Son las 10:13 horas. Hace un par que el sol hizo de despertador. Hace unas cuantas más los Narco desenvainaban su rap metal con la tranquilidad de quién juega en casa. Los húngaros de Bohemian Betyars habían cerrado la primera jornada tan solo cuatro horas antes. Y entonces, un “vamos a terceras elecciones” suena desde otra mesa del bar. Las 10:13 horas. La playa es un alivio.

A la orilla del mar cantan los piratas reivindicando una vida mejor. “Sin trabajar, sin estudiar, con la botella de ron”. Son La Vallekana Soundsystem, es Vallekas en Adra. Le cantan al Rayo y, acompañados de centenares, gritan “¡Alfon libertad!”. Su sitio es el nuestro: el de buscar la sombra en el sol, no la libertad entre las rejas. Se le espera. Horas antes, el micro, a centímetros de la nariz de payaso, despertó al personal. “Sin ti, el Juergas se cae”, le comento al speaker, uno de los artistas de mayor talento del fin de semana. “¿Y esa libretilla? Apunta mi nombre y mi telefóno”. Se despide acariciándome el brazo. En el escenario, El Niño de la Hipoteca le toma el relevo. A su espalda, en la plaza, dos niños jugan al fútbol con un balón de la Champions mientras cientos de personas buscan sombra. El escenario se llena entre canciones propias, chistes y versiones de Extremoduro o Kase O. Ferrán Exceso comparte plano con El Niño. También hay minutos para Pedro Pastor. El desborde se confirma. Ac(g)ústico, sobre todo.

La Vallekana Soundsystem salió a hombros tras inaugurar el escenario acústico./ ALBA MEDINA
Camisa desabrochada y copa en mano, Kutxi Romero es uno más al lateral del escenario principal del Juergas Rock, ocupado por Envidia Kotxina en esta tarde de viernes, en su gira de despedida. Antes, The Buyakers se encargaron de inaugurar la jornada. El de Marea toca mañana, pero hoy prepara una sorpresa junto a los uruguayos de La Vela Puerca. “Mi sobrino está enamorado de ti”, le dicen a Kutxi. “Mejor que se busque una tía buena”, responde. Las banderas uruguayas inundan la arena. Las camisetas de Peñarol y el nombre de Diego Forlán dan muestra del carácter futbolero de la nación del maracanazo. Entre la masa se distingue un chaval, bufanda celeste al viento. Se llama Nicolás y tiene veinte años. Llegó a España, a Aguadulce, con once, y esta es la primera vez que ve en directo a La Vela, su grupo. Kutxi lo alborota, como a todos, al entrar en escena. Bota quién renegaba del Hola mi amor de Boikot. Tampoco se pierde el directo Lulu, ex de Forraje, que a final de mes sacará videoclip de su próximo trabajo, autogestionado a través de Verkami. Intentará mostrarlo en Almería.

Kutxi Romero y La Vela Puerca conectaron sobre el escenario. 
Tras La Vela, el turno fue para Soziedad Alkoholika, repetidores bajo los focos abderitanos. Los límites de la libertad de expresión en el reino español intentaron atar a S.A.; no lo consiguieron. Los vascos repitieron con la confianza que les dio su éxito hace doce meses en el mismo ruedo, Piedra contra tijera al frente. El contundente directo en forma y contenido de S.A. dio paso al más 'espectacular' del fin de semana, el de The Adicts. Los años sobre los escenarios se notan. El americanismo también. Como si de la NBA se tratara, el espectáculo es lo primero. Concierto a la altura de lo esperado y despedida entre confeti. El choque cultural con su sucesor fue notable. Subía al escenario Evaristo con sus Gatillazo.

“Veo a Evaristo, que sigue diciendo las cosas cómo las decía en los 80’, y tiene la misma validez y fuerza que entonces”, comentaría un día más tarde Pablo, vocalista de Desakato. La noche del viernes es para Gatillazo, que está estrenando su Cómo convertirse en nada. Lo combinan con clásicos y cancioneros. La grada del Alavés eligió buen compositor con el ex de La Polla. El Juergas Rock es suyo. “El festival son Gatillazo y treinta más”, comenta la organización. Con Gatillazo se bota, se canta y se baila a ritmo de ska, o skk, mientras nuestros muchachos disparan democracia a miles de kilómetros. El sábado lo cierran Molotov, que cumplen su deuda pendiente con Adra tras su ausencia en 2015, y Sonido Vegetal, que pusieron el punto y final al segundo día con su punk granadino subidos en el Carromato Punk, que ya estrenaron en la capital almeriense el pasado diciembre.

La hoguera del sábado
Tumbarme a pecho suelto, en el bordillo de otra calle que no sea la tuya...”. La mañana de sábado despierta con Poncho K y olor a paella. El artista sevillano vuelve a desbordar el escenario acústico, confirmando que era una apuesta segura, haciendo un repaso de toda su trayectoria, litro de cerveza a mano. Como día grande, Kutxi Romero le sucede bajo el techo de la envidiable carpa. El éxito está asegurado; la sombra sale cara. El olor a paella crece.

Desde que el sol es sol, la mujer vive oprimida por el hecho de ser mujer. Mafalda se anima a contar la guerra. “Pensaba que no iba a venir nadie”. Son las 17:30 y la duda de Marcos, vocalista de Mafalda, puede ser comprensible. Sí fueron unas cuantas. Un hombre viste una camisa desabrochada y un gorro arcoiris. Suena En Guerra, y la declaración acaba con un sujetador en el escenario. Las valencianas son aire fresco para una generación que las necesita y que aplaude a rabiar las palabras de Vera pidiendo mayor espacio para las mujeres en los festivales. Abandonan el primer plano estrechando brazos con Desakato, como el futbolista que salta al campo. Son la generación del sorpasso. Musical, al menos.

Bárbara y sus Mafalda reivindicaron todo lo legítimamente reivindicable, feminismo al frente.
Los asturianos vuelven a plantarse en Adra, donde ya estuvieron en 2014. Bajo el mismo sol, sus jugadores se han multiplicado. En la arena, Desakato es capaz de hacer que Balotelli corra. Un equipo de decenas de personas replica el calentamiento trotando alrededor del campo. Son animales hambrientos con sed de punk rock. Pepo salta al terreno de juego y suda la camiseta mientras Pablo suaviza el calor. Cuando salga el sol enciende los motores que Cada vez apaga con una a capela multitudinaria. Entre medias, y entre clásicos, sonó la sobresaliente Teoría del fuego. La nueva era se acerca, si es que no ha comenzado ya. Lo resume El Chayi, compañero de RockSesion: “Se acaban de pasar el festival”.

Desakato puso a sudar a su manada de animales hambrientos.
Cae la tarde con Morodo y sus Okoumé Lions. Los Enemigos y Muchachito van calentando el ambiente del Juergas Rock. Son la una de la madrugada y llega el plato fuerte. La Raíz toma un escenario que ya era suyo desde hacía meses. Juegan en casa, ante una organización compuesta por las primeras personas que los trajeron a Andalucía. Se lo agradecerían en público. Antes, Entre poetas y presos. Miles de manos rompían cadenas mientras escarbaban en fosas. Miles de voces cantaban al unísono a la Brigada Lincoln. Miles de orejas escuchaban esa radio clandestina, a esa vieja del lugar. Pidiendo la corona, cantando a la hoguera, elegían volar. La Raíz escribía esa noche en la historia. La despedida no es tal. Siempre nos volveremos a ver.

Lendakaris Muertos, más vascos que el árbol de Gernika, recogen el testigo de los de Gandía. Se gustan ante un público lleno de fieles. Alguno los despide cantando La Internacional en euskera. El mérito, existe. El euskera deriva en valenciano y llega el cierre del festival. ZOO debuta en Andalucía, tierra generosa con el diferente a la que que el franquismo, a base de estereotipos, arrancó sus raíces culturales para convertirlas en lo español. Lo español franquista, claro. Por la naturaleza de la comunidad, no es extraño que ZOO aún contase a sus pies, a las cinco de la mañana, con un gran número de juerguistas. La estelada vermella se junta en el escenario con la arbonaida blanquiverde andaluza. Pablo, de La Raíz, sube a acompañar a su hermano Panxo, vocalista de ZOO, al cierre del concierto con Corbelles. Las tormentas vienen del sur. El sol amenaza con salir. Cierra el Juergas Rock 2016. Res del que passa es comparable a tu. El mejor final es volvernos a ver.



Fotogalería The Juergas Rock 2016, por Alba Medina para Resaca Cultural.

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