José Luis Cuerda: ''El corruptor es peor que el corrupto''


El cineasta José Luis Cuerda durante la entrevista. | Fotografías por Mitad Doble.

Antes de sentarnos frente a José Luis Cuerda (Albacete, 1947), el director de cine me despierta con una llamada de teléfono. Pregunta a qué hora es la entrevista. "Quedamos en que a la una en el hotel", le contesto. Todavía son las doce. "Vale, es que me tengo que ir del hotel, ¿estabas durmiendo, Alberto?", me dice; lo esquivo y continúa hablando acerca de las dudas que tiene sobre el formato de la entrevista. "José Luis, si son 15 minutos de entrevista, buenos son". "Vale, ya me echan del hotel, nos vemos en los Baños del Carmen a la misma hora, a la una", dice el director de Amanece, que no es poco. Nos ha pillado dormidos, pero hay entrevista y dura cerca de una hora. 

En varias entrevistas que he leído se destaca de Cuerda que es 'antisistema'. ¿Por qué cree que hay esa fijación con alguien que se declara antisistema?
Porque se les viene el mundo abajo. El último dato que manejo es científico, si es verdad que un 1% de la población tiene el mismo dinero y capital que el resto de la humanidad, este sistema es lo peor que puede pasar. Este sistema es el que potencia y hace que las cosas sean así. ¿Ese sistema quién lo maneja? ¿Somos nosotros, está en nuestras manos mejorar ese sistema? Sí, pero para eso hay que tomar una serie de medidas para que quienes tienen tanto no se lo queden, porque entre otras cosas se van a morir, no les conviene. Están ahorrando y ahorrando, ganando y ganando, jodiendo la vida a millones de personas, teniéndolos trabajando como esclavos para que sean milmillonarios y luego se mueren los gilipollas. Si los millones no le valen para perpetuarse en este mundo, no vale la pena tener ese capital.

Muchos me dicen “bien que vives tú del sistema y de las subvenciones”, pero yo no vivo de las subvenciones. El cine español le da mucho más dinero a Hacienda, que el que Haciendo le da al cine español, a ver si eso lo quiere entender la gente de una vez. El cine español paga de impuestos lo que no está escrito y todos los que trabajamos aquí pagamos nuestros impuestos como no lo hacen los que tienen esos millones. Ya me dirán el caso de algún actor o actriz que sí que tiene, que sí que ha mangado,... pero en todos los colectivos hay quien hace cosas bien y cosas mal, pero lo que eso significa dentro del fraude nacional es una mierda. ¿Cómo alguien puede decir que es un defensor de este sistema de impartir justicia? Vivimos en un sistema corrupto, estamos en un problema grave que es que todos los focos de la justicia se fijan sobre el corrupto, pero el corrupto no es el peor, lo es es el corruptor. El tío que te corrompe a ti por 10 millones, es porque él va a ganar mil sino, no lo hace.

¿Cómo una persona con su ideología acabó en un seminario?
En Albacete mi padre había comprado una casa de tres plantas y nos trasladamos a vivir desde la casa en la que había nacido, y me hice amigo de tres hermanos, los Tomás Tomás (Luis, Agustín y César) y al llegar septiembre de ese año me dijeron que se van al seminario y pensé que me quedaba sin amigos; además me gustaba mucho la hija del anterior dueño de la casa, Rosa Mari, que se quedaron a vivir en el bajo y pensé “si me voy al seminario con estos, me voy con mis amigos y además no tengo que decirle a Rosa Mari que me gusta, que me va a decir que yo no le gusto a ella, así mato dos pájaros de un tiro”.

Me fui al seminario pero no por eso que llaman vocación divina, que parece una llamada que te hace Dios para que te hagas sacerdote, la llamada divina en mi caso no era lo que funcionaba, funcionaba que me quedaba sin amigos y me avergonzaba decirle a una chica que era una monería y me gustaba mucho. Estuve tres años en el seminario, pero en el tercero el rector me llamó el día que ha terminado el curso y me dijo: “José Luis, viniste al seminario con muy buena fama de estudioso, pero este año te he notado tibio, piénsatelo si quieres y no vuelvas”. Entonces yo me fui a mi dormitorio, me eché sobre la cama bocabajo y empecé a llorar porque no sabía por qué me pasaba aquello. Al verme en aquella situación, mis compañeros fueron a hablar con el padre espiritual y me mandó ir a verlo, era un tío estupendo, y me dijo “¿quién es el rector para meterse en mis asuntos?”, porque era él quien debía evaluar nuestro estado anímico y nuestra fe. Ahí terminó mi etapa en el seminario.

Más tarde pasó a militar en el Partido Comunista.
En un momento de mi vida, cuando tenía 19 o 20 años, estaba estudiando Derecho y decidí que el mundo occidental era una mierda, criterio que mantengo. El oriental no lo sé, porque no lo conozco, pero el occidental es detestable. Un sistema que permite que el 1% de la población tenga el mismo capital que el resto del mundo, es genocida. No llegas a milmillonario si no le haces mucho daño a mucha gente. Con estas ideas en la cabeza pensé que lo que tenía que hacer era irme a la URSS. 

Todos los veranos me iba a París, pero un año decidí que me iba de España, porque no soportaba ver las injusticias y a Franco por medio, y no dije nada, solo a un amigo mío le regalé todos los libros que tenía. Mi padre veraneaba en San Sebastián, que era donde estaban las mejores partidas de póker en España, y yo me iba a París y él me esperaba para irnos los dos juntos a Madrid; pero ese verano fui a la embajada de la Unión Soviética, me recibió una señora y le dije que quería ir a la Unión Soviética, que si podían conseguirme una beca para estudiar allí, y me contestó “¿usted no sabe que la Unión Soviética y su gobierno no tienen relaciones diplomáticas?”, y le respondí que si las tuvieran yo estaría haciendo esas gestiones en Madrid, no en París, y no le sentó bien (risas). Después fui a la embajada checa, allí me recibió el agregado cultural que era un poeta checo y me dijo que había pasado el plazo para pedir una beca, porque yo quería estudiar en la escuela de cine de Praga, que era fantástica y de allí salieron Iván Passer, Jan Nemec,... que eran directores checos buenísimos. Entonces, me dijo que pidiese trabajo en las emisiones en español que hacían para los países del este, y lo pedí pero no me contestaron, lo que recibí fue un papel que decía “título de la canción” y “persona a la que va dedicada”, para que le dedicase una canción a alguien. Entonces se me cayeron los palos del sombrajo porque eso era lo más cerca que iba a poder estar de los países soviéticos y volví a España con el rabo entre las piernas.

Por congruencia pensé que si estaba dispuesto a irme a un país comunista, lo que tenía que hacer era, una vez en España, aliarme al PCE. Mi trabajo en el PCE se redujo a que, como mi padre tenía un coche americano con un gran maletero, me pusieron de responsable de la propaganda en la Universidad, y lo que hacía era que las banderas y la prensa comunista las metía en el maletero, aparcaba el coche en la calle y dejaba abierto el maletero para que recogiesen el material. Esa fue mi militancia en el partido, yo no podía participar en manifestaciones, solo participé en una con Enrique Ruano que luego murió en una detención que realizó la policía, ellos decían que se había tirado por la ventana y se había suicidado, otros manteníamos que lo habían matado. Cuando dejé Derecho quise entrar en TVE, la policía investigaba si había militado en el PCE, pero no se enteraron. Me consta que investigaron, pero no se enteraron.

¿El mejor halago que ha recibido ha sido Woody Allen hablando de 'La lengua de las mariposas'?
Puede ser. El introductor de esa situación fue Miguel Delibes. Yo estaba haciendo la adaptación de El Hereje, una novela suya magnífica y él me dijo que mientras leía el guión, canturreaba. En un suplemento de El Norte de Castilla puso un post-it que decía “Hijo de puta, mira lo que dice este otro hijo de puta de ti” y me había subrayado lo que había dicho Woody Allen sobre la película, donde decía que era una típica película europea que llega a Nueva York y que van a ver los amigos para después cenar y comentarla. Yo como no sabía inglés pregunté “¿cómo se dice en inglés 'a mí las suyas también me gustan mucho'?” (risas).

¿No llegó a haber encuentro con Woody Allen?
No. Solo hubo un intercambio de cartas con él. Una vez le mandé vino y me contestó “hace usted tan buen vino como películas” y yo le contesté “A mí las suyas también me gustan mucho”, que era lo que había aprendido a decir en inglés (risas). Woody Allen me parece, con Rafael Azcona, un escritor magnífico. Hay otro escritor judío y americano, Philip Roth, que yo creo que tiene la misma sensibilidad y son los dos escritores que probablemente más saber sobre el interior del ser humano, ha llegado a la conclusión de que estamos rellenos de mierda y las novelas de Woody Allen son maravillosas.

Juan Cruz nos contó que al leer el libro de Manuel Rivas llamó a Fernando Fernán Gómez para ver si le interesaba dirigir la adaptación. Finalmente acabó protagonizándola y la dirigió usted.
El día que le presenté a Fernando Bovaira (productor de la cinta) a Alejandro Amenábar como posible director de 'Tesis', me contó que existía el libro y si creía que había posibilidad de hacer una película. Yo le contesté que sí, es más podía llamar a (Rafael) Azcona porque habíamos hablado del libro y nos gustaba mucho. Azcona me dijo que sí y a partir de comenzó el proyecto. Mi relación con Fernando Fernán Gómez comenzó cuando le mandé el guion de una película que estaba haciendo. Su representante me contestó con una serie de clausulas que quería que yo metiese en el contrato, que eran que nunca diría un diálogo de más de seis líneas y que no rodaría más de un folio y medio de guion cada día; yo le contesté diciendo que un día iba a decir un texto de siete líneas y media y otro día que tenía que rodar dos folios. La respuesta fue muy breve, “el actor no hará la película”, y no la hizo.

Después pasó el tiempo y comencé a hacer Así en el cielo como en la Tierra y le llamó para ofrecerle otro guión, asegurándole que no iba a decir que no. En cuanto supo que iba a hacer de Dios, aceptó. Y después le ofrecí lo de maestro en 'La lengua de las mariposas'.
Un día, el rodaje de la película había ido muy mal. Me echó la mano por encima del hombro y me dijo “José Luis, estoy trabajando muy a gusto contigo”. Cuando me dijo eso me tuve que meter corriendo en una habitación porque me puse a llorar. Era un tío maravilloso y sabía lo que no estaba en los escritos.

Giani Totti le dijo que no hacía surrealismo, sino subruralismo.
Giani Totti era un poeta italiano que conocí en el festival de Montecarlo e hicimos muy buenas migas, aunque luego nos perdimos el rastro y no sé qué habrá sido de él. El caso es que decía que yo no hacía surrealismo, en lo que llevaba razón. El surrealismo en cine es imposible. Se pueden hacer cosas que parezcan surrealistas, pero en el cine no hay nada mecánico, todo te lo tienes que pensar unas 60 veces, y además unas 60 veces al día tienes que contestar a jefes de equipo y a otros miembros del equipo que te piden lo que quieres hacer. Hay que justificarlo todo y el surrealismo requiere una inmediatez entre lo que se te viene a la cabeza y lo que vas a rodar que no se puede dar en el cine. Es más subruralismo lo mío que surrealista (risas).

¿Por qué esa importancia de los pueblos en su cine?
Aunque alguna la he hecho en Madrid, otra en Barcelona y también en ciudades gallegas, tengo un especial afecto por el mundo agrícola. Porque si vives en un pueblo sabes con quien tienes que tomar vinos y con quien no. En un pueblo si se te pega un pelmazo al lado, al momento le dices que no quieres saber nada de él. Pero en una ciudad si se te pega un pesado cuesta más trabajo hasta que te atreves a decirle “mire usted, es que es muy pesado, déjeme tranquilo”.
Y luego el hombre del campo tiene una dependencia muy directa de la naturaleza. La naturaleza es cambiante, te hace favores, te los quita… El mundo rural me produce más simpatías que el mundo capitalino.

Las primeras películas que hizo no tuvieron buena crítica en España pero sí fuera. Esto pasó con la película Total.
Me pidieron en Televisión que hiciese una película que fuese de humor porque yo ya había hecho Pares y nones. Entonces a mí me entró una depresión con aquello de que me pidieran otra comedia porque yo siempre había escrito cosas muy sesudas. Que quisiesen que escribiese solo historias de comedia me entristeció. Me acuerdo que paré el Simca 1000 que tenía en la casa de campo y me eché a llorar porque dije “joder, a ver si voy a tener que estar haciéndome el gracioso toda la vida”. Finalmente dije que sí y escribí Total, lo rodé y el día que se proyectó en TVE –era obligatorio que se proyectase en la televisión que presentaba la película en el festival- me llamó un amigo por la mañana y me dijo que no leyera la crítica que me hizo Ángel Fernández Santos en El País que te mete un palo que te deja temblando. Lo primero que hice fue leerla, evidentemente. La leí y se titulaba Total, nada y empezaba diciendo que la película era una sucesión de chistes sin gracia ninguna y terminaba citando frases del final de la propia película. La película trata el fin del mundo -que es que se caen unas cuantas casas- donde Manuel Alexandre y Luis Ciges se salvan porque cuando caía una casa se apartaban, entonces pues no les pilla ese fin del mundo; y Agustín González y Chus Lampreave se van en una carreta (como la de los Western) y Manuel Alexandre les grita “¿dónde vais gilipollas? ¡Que os vais a perder el juicio final!”. Esa frase no es mala, coño. Y esa frase la resaltaba como una de las chorradas que yo decía.

Y la película luego recibió el Premio Especial del Jurado y el Premio Especial de la Crítica en Montecarlo.
Sí, tuvo esos dos premios. Yo creo que los críticos hacen muy bien en decir lo que escriben y que los que hacemos cosas que tienen que ser aceptada para su permanencia más allá de en la mera vida vegetativa de que se proyecten en el cine.  Creo que en la osadía de pensar que lo que hacemos vale la pena (y digo literalmente la pena porque que otros la vean puede ser un sufrimiento) me merezco por las mismas que al que no le guste me mande a la mierda. Es perfectamente legítimo.
Al día siguiente del estreno de Amanece que no es poco había quedado con un amigo en el cine. Allí había una señora que salía de ver la película fue uno por uno, a todos los de la cola, y les decía que no entraran a ver la película porque era una mierda. Me hizo una propaganda negativa porque no le había gustado. Otra señora me dijo un día por la calle: “¿usted es el director de Amanece que no es poco?”. Le dije que sí y me contestó: “Pues vaya una mierda”. Esas son las dos únicas críticas absolutamente negativas que he recibido. Hay muchos más que me paran y me dicen “eres un genio, tío”. Pero cuando sale alguien que te ha dicho que lo que haces es una mierda vale lo mismo esa opinión que la otra.

¿Ha sentido que lo académico ha hecho justicia de algún modo a esas críticas?
El día que leí la crítica en El País fui corriendo a decirle al director de programas que no la mandaran a Montecarlo porque pensaba que iba a recibir un palo tanto yo como TVE. Les dije que mandaran otra, que no iba a ser bien recibido. Me equivoqué y fue divinamente. Ahí además le quise gastar una broma a mala leche a Fernando Méndez Leite porque  me hicieron una foto recibiendo el premio junto a dos de sus actrices favoritas –una era Christine Barrault y no recuerdo la otra-. Cada una me entregó un premio. Entonces pensé “esto se lo voy a enseñar a Méndez Leite y se le va a caer la baba”. Pero no me dieron las fotos nunca, al año siguiente fui al festival como jurado y nada. Estoy enfadado con el Festival de Montecarlo (risas).

¿Cómo es lidiar con la legión de fans de Amanece que no es poco?
Yo les digo que se lo miren porque el fervor por la película no es bueno, como no es bueno el fervor por nada, excepto por consumar los actos sexuales -que hay que hacerlo con fervor- porque si vas a lo tonto y a lo frío no vale la pena.

Plácido, de Berlanga, y El Apartamento, de Billy Wilder, son sus películas favoritas.
Sí, siempre lo digo. Las dos tratan de dos pobres hombres colgados de la más estricta nada y retratan divinamente el mundo en el que vivimos. A mi mujer le tocó un año el segundo premio de la lotería nacional y nos fuimos a Nueva York con unos amigos y nos invitaron a un teatro. Era un espectáculo de tangos argentinos y me siento al lado de una señora más alta que yo. Yo decía “a esta tía la conozco”, y era Shirley MacLaine. Me sorprendió lo alta que era, una giganta. Yo la había visto con Jack Lemmon o Walter Matthau que resulta que son enormes también.

¿Tiene alguna idea o alguna historia que se haya arrepentido de no rodar? Le he leído algunas historias que podría ser cinematográficas como aquella en la que un grupo de falangistas incordiaba continuamente a unas prostitutas en Albacete, durante la posguerra.
De todas las que no he rodado me arrepiento (risas). Esa historia hacía tiempo que no la contaba. Fue en la posguerra, yo no la viví, evidentemente. Pero me lo contaron y ocurrió: en una casa de putas en la Plaza Mayor de Albacete nada más acabar la guerra, un día llegaron unos falangistas, se sentaron en una mesa y había un canario en una jaula. Uno de ellos sacó el canario y le arrancó de un bocado la cabeza. Entonces las putas los echaron a palos, habían aguantado de todo, incluso las sacaban desnudas al balcón… Y ahí iban los fascistas, los falangistas y los ricos de Albacete. Hacía mucho tiempo que no contaba esta historia. Fíjate, la había olvidado. La tengo que meter en mis memorias, me viene bien que me las recuerde (risas).

¿Cuánto tiempo lleva con sus memorias?
Llevo la tira. Y es muy difícil discernir lo que hay que escribir de lo que no.

¿Y piensa delimitarlas a un tiempo concreto?
No, voy a hacer un collage más o menos temático. No voy a empezar con el “nací en Albacete, el 18 de febrero en 1947”… Hablaré por apartados: de cine, de toros… Por ahora las memorias se llaman Memorias fritas, también había otro título que era Vuelo raso. Es como más poético, pero Memorias fritas puede que sea más verdad. Memorias al espeto tampoco está mal (bromea).

¿Qué opina de ese tópico que se aplica al cine español de que solo habla sobre la Guerra Civil?
Es una chorrada directamente. Que miren los títulos de las películas y los asuntos de los que tratan y se han hecho a lo mejor 15 películas en toda la historia del cine español. Que tengan como tema Guerra Civil hay poquísimas y en los alrededores de la guerra se me ocurren otras seis. Además, ¿qué pasa? ¿Quiénes quieren que no se hable de la Guerra Civil? ¿Por qué? Poquito se ha hablado de lo asesinos que fueron. Yo no hecho ninguna sobre la Guerra Civil, ninguna película mía transcurre en la Guerra Civil.

¿Por qué cree que existe esa denostación tanto temática como de decir que el cine español es malo?
Nos han creado unas culpabilidades y unas cosas. El cine español de Hacienda lo que consigue no tiene nada que ver con lo que revierte. De hecho no dan la cifra y no lo hacen porque saben que da mucho más el cine español a Hacienda que la Hacienda pública al cine. En EEUU por invertir en cine hay degravaciones. Y te encuentras gente que dice que trabajemos como los americanos. Los americanos fabrican un Mercedes y subirte al Mercedes te cuesta igual que subirte al 600 que se hace en España. Es decir, ¿por qué vale lo mismo una entrada para ver Superman que para ver Pares y nones? ¿El comercio no tiene que ser equilibrado y tal? El libre comercio es una antinomia. El mercado nunca es libre, cojones. Nos tratan de imbéciles y seguimos tan contentos tomando el solecito.  Los franceses (no sé de donde lo aprendieron) montan unos follones en las calles en el momento que les tocan un poquito las pelotas. Y aquí, bueno, nos dedicamos a decir “está todo muy mal, está todo muy mal”. No digo que salgamos a las calles a quemar coches ni cosas de esas, entre otras cosas porque soy muy cobarde y estoy muy contento de ser cobarde. Ser valiente me parece una estupidez como la copa de un pino.
              
¿Qué le pareció la entrevista que le hizo Pablo Iglesias?                                                   
Me pareció una entrevista que tenía muy preparada. Se sabía mi vida y milagros, y a veces me molestaba. No se lo he dicho, pero a veces quería contar yo cosas como la boda de mi abuelo, cuando en la noche de bodas se meo en la cama. Soy yo el que lo tiene que contar y no él, mi abuelo está muerto y no se va a enfadar, pero bueno… (bromea). Mi abuelo hizo dos cosas en su noche de bodas: una, se meó en la cama; y la otra, se subió en el piecero sonámbulo y decía “¡arre, burra!”. Mi abuela traumatizada de por vida con ello, digo yo. Era un tío estupendo mi abuelo, un provocador nato.

Entrevista realizada por M. Ángel Navas y Alberto Albertus.



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