Sol Sánchez: ''Me considero republicana y anticapitalista, y por eso no estoy en Podemos''

Sol Sánchez en una imagen de archivo de El País.

En Córdoba aquel día no hacía sol pero sí calor. Más tarde tocaba Banda Bassotti. Sol Sánchez (Madrid, 1970) es de esas nuevas políticas que nunca ha ejercido en el cámara baja, pero sí en ámbitos de la sociedad civil. "Anticapitalista, feminista y republicana". No es de callarse muchas cosas, menos aquellas en las que cree firmemente. Electa número dos en Madríd por la candidatura de IU-UP en la legislatura más corta de la reciente historia española, ahora queda a la espera de que se configuren las listas con Podemos para saber su próximo futuro institucional. 

Nació y se crió en Madrid, ¿cómo recuerda el Madrid de los 90, cuando tenía 20 años?
Con lejanía. Pero creo que ni muchísimo menos tenía la sensación de que las cosas podían estar tan mal como hoy. Empecé un poquito más tarde en el activismo, aunque sí que estaba interesada por los temas políticos.

Ha vivido la legislatura más breve de la democracia. En este paso por el Congreso, ¿cuál ha sido la mayor decepción y con qué se queda?
Sinceramente lo he vivido con poca sorpresa. Hay gente que lleva mucho tiempo en política institucional y yo llevo mucho tiempo en activismo social y político. La verdad es que lo he vivido como cuando llegas a un trabajo nuevo –currando llevo desde los 16 años-  y te das cuenta que todo te está pareciendo complicadísimo, pero que al cabo de un tiempo te parecerá más simple. Eso es lo que he constatado. Los vericuetos del Congreso y los trámites para cualquier cosa parecen muy complejos, pero luego no tienen mucha historia.

Una de las cosas que más me ha sorprendido y gustado ha sido conocer a los cuerpos de funcionarios que hacen que el Congreso funcione. Esos son los que te salvan y los que te dicen dónde está cada cosa, siempre dispuestos a ayudar; el cuerpo de letrados que son esenciales -se notaría menos que no hubiera diputados que el no haber letrados porque no funcionaría ningún trámite ni ninguna comisión sin ellos-; las taquígrafas del Congreso, que son todas mujeres. Y luego gente que no se ve, pero que también es fundamental como el cuerpo de archiveros. A mí me ha resultado muy interesante ver cómo funciona todo eso que es la verdadera estructura de funcionamiento del Congreso.

El cambio del activismo a la política institucional, ¿cómo lo ha sentido?
Esto depende mucho de cómo se enfoque. En Izquierda Unida-Unidad Popular la mayor parte de mi tiempo –y creo que tiene que ver con los sui generis de esta legislatura- la he dedicado a estar con gente que venía a pedir apoyo, ayuda o cosas concretas de diferentes conflictos sociales o laborales. Me he tirado mucho más tiempo con eso, viendo cómo se podía dar apoyo a través de los trámites puramente institucionales. Es un poco la línea que nos hemos marcado y con la que queremos continuar. Así que diferente sí, pero no tanto.

Antonio Maillo nos contó que hay mucha teatralización en la política actual. También en un corto-documental (Campanya) sobre las elecciones catalanas, Ada Colau se quejaba de estar tan expuesta y que le preguntaran por ejemplo: dime un libro que te gusta, una película…  ¿Se pierde algo de la propia identidad al estar tan expuesta a los medios?
Supongo que lo de Ada Colau debe ser la bomba. En mi caso sí que me han preguntado lo del libro y la película, además recuerdo que no podía recordar ninguna película en ese momento. Hay una dramatización excesiva y de eso hablaba Alberto (Garzón) hace no mucho: de la espectacularización de la política. Creo que sin medios de comunicación que te permiten establecer un contacto con la gente no sería posible funcionar, pero que a veces se cae más en la construcción de personajes que en hacer lo que se supone que tenemos que hacer.

Recuerdo un momento muy divertido, que fue la primera vez que me tocó hablar en el pleno. Quieras o no, impone bastante el hemiciclo, que ya de por sí está bastante dramatizado -luego la gente no se comporta de esa manera cuando intentas pactar cosas o intentas enmedar las propuestas de otros-. Recuerdo que le pedí un consejo a Alberto y me dijo “no te preocupes que yo te doy un consejo”. Y cuando ya me tocaba salir y le digo “pero por Dios santo, dime algo”, me dijo “sé tú misma”. Y ahí está el quid de la cuestión.

Unidad Popular se presentó como una propuesta rupturista, feminista y ecologista. ¿Esos puntos fundamentales en un acuerdo con Podemos siguen en pie?
Por supuesto. En una amplia coalición con Podemos es un pilar fundamental mantener el proyecto político. No es lo mismo el proyecto político de Podemos y el de Unidad Popular. Y el mantener un proyecto político es lo que le da sentido cuando mantienes una coalianza, sino sería una disolución y en ningún momento eso está encima de la mesa.

¿Y se puede encajar un proyecto rupturista en el marco actual de la UE?
Desde el internacionalismo que define a un proyecto como el nuestro, tenemos muy claro la defensa de las clases populares y trabajadores europeas al completo, y que la UE tal y como está planteada no nos vale. Queremos el cambio de esa Unión Europea, que es la que yo creo que tenían los europeístas en la cabeza, no las grandes multinacionales, poderes financieros y los grandes lobbies. Evidentemente, si lo que tenemos es una UE al servicio de los lobbies y grandes intereses, no vamos a defender lo mismo. No es que no queramos a Europa, es que queremos otra Europa. Eso lo venimos diciendo desde el principio. En este momento lo que estamos pensando es en la necesidad de construir un gobierno de resistencia y en un altísimo porcentaje esa resistencia debe ser a las políticas que vienen impuestas desde Bruselas.

Hay otros pilares de IU que no encajan con Podemos, como puede ser la salida de la OTAN o la República
Es que no somos los mismos proyectos políticos. Me considero republicana y anticapitalista, y por eso no estoy en Podemos. No vamos a renunciar a ese proyecto político. En las instituciones europeas sí estamos trabajando codo con codo con la gente de Podemos. No vamos a renunciar a lo importante pero sí vamos a solucionar lo urgente, ese es el programa de mínimos. Tampoco vamos a renunciar a un proyecto constituyente. Seguramente si ganamos no vamos a declarar la República en los próximos cuatro años ni vamos a salirnos de la OTAN, pero no quita que sea nuestro objetivo a medio y largo plazo. 

En una entrevista de La Mecha decía que "nacionalizar suena a estalinista". ¿Es una batalla ganada por la derecha el que suene así?
El problema viene, por un lado, por explicar lo que significa poner bajo control público. Me gusta explicarlo como el deshacer las estructuras del management para acercarlas a la soberanía popular. Ahora mismo hay bastantes experiencias en las eléctricas, por ejemplo en las que la producción y la comercialización se hacen a través de entidades locales y regionales y luego se distribuyen a nivel nacional, al contrario de lo que hacen los grandes conglomerados.

No creo que sea una batalla perdida de la izquierda. Estamos adaptando los conceptos a nuestro tiempo. Revertir las privatizaciones, que son lesivas en térmicos económicos, igual hace que la gente cambie esa percepción. Soy una firme defensora de la nacionalización porque significa poner algo bajo el control público, poniéndolo bajo el interés mayoritario y no al servicio de unas élites parasitarias. 

¿Qué ha pasado en la sociedad para que el Comité Central del PCE haya dicho 'sí' a ir a las elecciones con un partido que no es ni de derechas ni de izquierdas?
El Partido Comunista tiene muchos menos problemas con la democracia que gente del PP o Ciudadanos o que el director de la policía. Es cierto que nos han ganado la hegemonía cultural, y se ha estado repitiendo que los comunistas comían niños o lo de los 100 millones de muertos. Y repitiéndolo de forma crítica y machacona. Hay que dejar claro que si hay una incompatibilidad con la democracia no es con el comunismo, sino con el capitalismo. Para revertir eso necesitamos pedagogía y paciencia. Tenemos a los grandes poderes y a los medios en contra. Es una batalla difícil, pero eso no quiere decir que sea una batalla perdida.

¿En España la socialdemocracia y el democristianismo no se pueden poner de acuerdo porque no se ha superado la Guerra Civil?
Sinceramente creo que en España lo que pesa más para que no se pongan de acuerdo ciertos sectores son los intereses que vienen desde antes de la Guerra Civil y de cómo quedó la cosa tras la Transición. Sobre todo la grandísima corrupción y el clientelismo que tienen ambos. Esos mismos dos partidos que aquí no se ponen de acuerdo, en Bruselas votan a favor de lo mismo en más del 75% de las veces. Es más la podredumbre que tiene la derecha en este país, y que ahora con la crisis se estén cayendo muchas de las estructuras del pasado, lo que pesa para que no se pongan de acuerdo.

Con quién del PP y de Ciudadanos te tomarías un café
(Risas). Hay muchísima gente que es muy maja, como para tomarte un café o una caña. Muchísima, de ambos partidos. Margallo por ejemplo, que le he increpado mucho por escrito, luego es una persona tremendamente amable. Pero yo no pierdo de vista que, aunque sean gente educada con la que puedes tratar, esas mismas personas son las que votan a favor cuando se aplican políticas que van en contra de mi clase. Nunca voy a olvidar que esas políticas hacen que la gente muera.

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