Ike & Tina Turner, de la ensoñación a la pesadilla

El dúo Ike y Tina Turner
Ike Turner, con su bigote prudentemente perfilado y tupé engominado al estilo sónico, revolucionó el rock and roll y blues de los cincuenta en la América Sureña. Natural de Mississippi, la leyenda negra comenzó su andadura con una precocidad que asusta: a los 11 años ya era carne de escenario.
La vida no era nada fácil para un joven negro en un estado otrora esclavista. El racismo todavía afloraba –y aflora– en una tierra donde la segregación era ley y orden, en un lugar donde se colocaron fuentes diferenciadas para que los blancos no tuvieran que hacer siquiera el esfuerzo de beber en el mismo sitio que alguien supuestamente inferior. De esta forma, Wister (como realmente se llamaba), eligió emprender su carrera musical. Y es que los europeos sólo les respetaban medianamente sobre las tablas.

Con los Kings of Rythm, allá por 1951, vio la luz bajo el alias de “Jackie Brenston & His Delta Cats” la que es considerada la primera canción y álbum de rock de la historia: “Rocket 88”.  Un Ike Turner de escasos veinte años ya había pasado a la historia detrás de su piano, aunque todavía quedaba para conocer el verdadero éxito, ya que tras la disolución  del afamado grupo, Memphis se le quedó pequeña.


Las cosas cambiaron de verdad escasos cinco años más tarde, cuando conoció a una adolescente llamada Anna Mae Bullock. Aunque no superase la mayoría de edad, el músico reconoció el potencial en ella, y el amor, por lo que en un brevísimo año la integró en el grupo y la hizo su mujer.

Nacía así Tina Turner, y con su nuevo nombre, una de las formaciones más emblemáticas de la historia del R&B. En una explosión de soul y funk, el torrente vocal incomparable de Tina tronaba en los auditorios, siempre acompañado por un tropel de músicos que parecía llegar a pequeña orquesta. No por nada se dice que su vendaval sónico, grandes arreglos de estudio y grupos de viento estaban a la altura de James Brown o Sly & the Family Stone. A todo esto se le sumaba una puesta en escena incomparable, donde la larga melena y kilométricas piernas de la diva se movían en rudimentarias pero frenéticas coreografías. Ike tuvo ojo clínico para el talento y pocos escrúpulos para asegurarlo.

 

Si Tina Turner conoció a Ike con tan sólo 17 años, se pasaría otros tantos en la célebre formación, un dato que conviene tener en consideración, ya que resultó ser clave en lo que vino después.

Durante todo este largo tiempo, Anna Mae pasó de ser el diamante en bruto que descubrió su cónyuge para convertirse en una estrella de pleno derecho. Ike le enseñó prácticamente todo lo que sabía, desde controlar esa envidiable voz que la vida le había regalado, como a comportarse en público. El problema surge en el momento en que no sólo hace de ella una artista, sino una persona a su medida.
  
Conforme el romance fue creciendo, también lo hicieron las tensiones derivadas de la vida del arte y exceso.  La personalidad inestable y violenta del pianista floreció con la seguridad que le otorgaba el dominio sobre su pareja. "Cuando pegas a una mujer pueden pasar dos cosas: o se va por la puerta o es toda tuya", se le oyó decir en una época en la que desgraciadamente semejante brutalidad podía expresarse en público. Ike había ido tejiendo durante todos estos años una telaraña con la que sometía a Tina a su antojo. Además, el comportamiento psicopático del músico se vio agravado por la cocaína, lo que dio comienzo a una negra época en la vida de Tina marcada por los abusos físicos y psicológicos.

Destruyó su personalidad para amoldarla a una pareja indisoluble en la que ella no tenía capacidad de decisión ni valor alguno más allá del objeto.

Allá por 1974, Tina vivió dos semanas que fueron un oasis de felicidad. Durante la grabación de “Tommy”, la genial película de los Who, la que hacía de Acid Queen descubrió que había vida más allá de Ike. Tras esto y unas lecciones básicas de feminismo –y budismo-, volvió a casa más dispuesta que nunca a terminar con la violencia que sufría ella y su familia.

Pese a boicotear efectivamente su primer disco en solitario, Tina Turns the Country On!, Ike no logró contener a la estrella renacida en Tommy, pero sí que pudo volcar su frustración en su esposa. Metido de lleno ahora en el crack (la cocaína ya era un juego de niños para él), comenzó a propinarle palizas con una asiduidad peligrosa, incluso delante de sus hijos pequeños.

En 1976 todo cambió cuando Tina por fin se decidió a imponerse ante el maltrato y las continuas infidelidades de Ike. Por fin le devolvió el golpe, aunque no fue tan buena idea enfurecerle aún más. Después de la que fue la paliza de su vida, escapó de las garras de la bestia mientras dormía con tan sólo 36 centavos y una tarjeta para repostar gasolina en su haber y, durante dos meses, se las ingenió moviéndose de un lugar para otro sin levantar sospechas ni dejar pistas tras ella.

Al término de medio año en aquellas condiciones indignas para una artista de su calibre, se celebró el juicio de divorcio. En éste, Anna Mae Bullock, rogó al juez permitirla seguir llamándose Tina Turner. Dejó a un lado los royalties y algunas ganancias obtenidas durante los tortuosos 16 años de matrimonio, porque para ella su identidad artística era la prioridad. Y no iba a dejar que aquel desgraciado tirase por tierra la carrera que tanto le había costado levantar. Volver a su nombre de soltera supondría prácticamente empezar de cero y, tras mucho esfuerzo, el juez le permitió mantener esta identidad.

Poco después, Tina Turner conoció al importante mánager Roger Davies, y gracias a la convincente recomendación de David Bowie, consiguió fichar con la discográfica EMI. Ziggy Stardust estaba plenamente convencido de que Anna Mae sería una gran estrella. Y los tres millones de discos que vendió le dieron la razón.

El resto es historia. Tina Turner se convirtió en la diva que merecía ser desde un principio. Tan sólo hay que pensar en algo tan simple como es el agravio comparativo. ¿Quién se acuerda hoy en día de Ike, y quién de Tina?

Ike Turner murió el pasado 2007 tras 20 años como prisionero del crack. Uno de los tipos que inventó el Rock and Roll hace más de medio siglo con ese “Rocket 88”, vio cómo su exmujer y antigua víctima triunfó a lo largo del mundo mientras que él no era poco más que una vieja gloria. La justicia poética hizo su aparición en la vida de una joven atormentada por una mala decisión que tomó cuando ni siquiera alcanzaba la mayoría de edad y que, pese a todo, supo sobreponerse para ver cómo alguien que podría haber acabado con ella ahora no era más que una mierda.

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