Juan Cruz: ''Un periodista está obligado a preguntar hasta cuando no es oportuno''

Fotografías | Marta Osorio - Mitad Doble

Juan Cruz (1948) es tinerfeño, asmático y consciente de que vale la pena vivir para el periodismo. A los 13 años escribía de fútbol -lo sigue haciendo- y desde hace un tiempo da la bienvenida en la última página de los domingos en El País, donde es adjunto al director. También ha pasado por la edición; hace precisión y carga un historial de entrevistas a escritores como Gabo y a personajes como Risto. Nos atendió en La noche de los libros.

Entra a formar parte de El País en el 76, va de Tenerife a Madrid. ¿Cómo es ese cambio?
En realidad fui de Tenerife a Londres porque había sido becado en Londres y tenía la experiencia de vivir allí y saber algo de inglés. Cuando iba a salir El País, mi amigo y periodista Ramón Chao –que vivía en Francia y estaba al frente de la Radio Televisión Francesa en español me dijo "va a salir un periódico muy bueno". Entonces di mucho la lata hasta que finalmente me mandaron de corresponsal a Londres, donde estuve dos o tres años. Fue una experiencia extraordinaria. Allí aprendí periodismo como no lo había hecho nunca: muy exigente y lleno retos en un país que apenas conocía con unas costumbres que tuve que ir aprendiendo. Muy pronto me reclamaron para el periódico en Madrid y vine a trabajar en la sección de Cultura donde llevo casi 40 años.

¿Cuándo empieza a hacer información periodística? A los 19 años entrevistó a Cela.
Yo empecé a los 13 años y escribía de fútbol. Era un periodista muy entusiasta y me gustaba ir a todos los sitios y preguntar. En mi casa me apoyaron aunque era muy enclenque porque era asmático, pero nunca tuve ninguna dificultad para desarrollar mi vocación –que me la dieron la radio y un recorte de periódico cuando tendría ocho años, ahí aprendí a leer-.

Tener asma le sirvió para conseguir una entrevista a Francis Bacon.
Es cierto. Llegué a él cuando habíamos quedado y me hizo saber que tenía un ataque de asma, entonces sacó su ventolín y yo saqué el mío. Supongo que al ver mi ventolín se apiadó de mí y entonces dijo vamos a hacer la entrevista.

Sobre el oficio, Valenzuela decía que cuando llegó la ley seca al periodismo, éste perdió cierta calidad y luego está la búsqueda de clics y el estar tan pegado a la inmediatez. ¿Crees que estas cosas van en detrimento de la profesión?
Creo que eso último es más cierto que lo del alcohol. Yo creo que el alcohol no es bueno, yo bebí mucho en mi juventud y más adelante, pero creo que los periodistas tienen que estar en forma física y mental para hacer su trabajo. La leyenda de que es mejor una redacción llena de alcohol pasó de moda hace tiempo.

The Times anunció que dejaría de publicar noticias a tiempo real y The Independent dejó de editar en papel. ¿Cuál es el punto medio entre esos hechos?
El punto medio es el rigor. Los periódicos tenemos que contrastar hasta lo que sabemos y lo que no sabemos no lo podemos publicar. Por ejemplo, ahora se publica alegremente en todos los medios los Papeles de Panamá, pero solo los medios que los tienen pueden dar noticia de cómo los obtuvieron y qué dicen en realidad. Nosotros estamos viviendo un sarampión de inmediatez y eso puede traernos algunas contrariedades. Por ejemplo, ignoro qué hicieron los Almodovar entre el 91 y el 94, pero es que lo ignora toda la profesión, incluyendo por lo visto los que los publican como si lo conocieran; lo de Vargas Llosa también. Es como  un periodismo de investigación antes de investigar y creo que eso es muy peligroso. Eso nos lo da la inmediatez como la obligación de publicar hasta lo que no sabemos y también nos lo da el Twitter. Hay una frase de García Márquez que dice que la mejor noticia no es siempre la mejor cuando se da primero, sino la que se da mejor. Esa frase está hecha para el periodismo tradicional y no vendría mal tenerla en cuenta.

Ha mencionada a Vargas Llosa que escribió el prólogo de su libro Toda la vida preguntando. ¿Cómo llega a esos autores con un reconocimiento mundial?
Yo soy periodista de hace mucho tiempo y conozco a mucha gente por eso. En mi libro Egos revueltos hablo de todo eso y otro que se llama Especies en extinción. Pero es sencillo, si conoces a la gente, luego tienes que cultivar esas relaciones. Un periodista se hace hablando con gente, pero no hablando con gente y abandonándolas, sino teniendo relación. Tengo buena relación con Vargas Llosa y tuvo la deferencia de escribirme ese prólogo. Ese libro era de entrevistas y él era bastante adecuado porque yo le he hecho muchísimas. De hecho saldrá un libro mío de entrevistas con él.

He leído que la entrevista con García Márquez iba bien hasta el momento en el que le preguntó por su relación con Cuba y los Castro, y entonces le dijo que esperaba una entrevista distinta a todas las que le habían hecho.
Eso está bien que me lo recuerdes y está bien verlo reproducido porque el lector se sentiría raro de que yo no le preguntara por eso. Igual que a Vargas Llosa le pregunté por García Márquez y me dijo: de eso no hablo. Un periodista está obligado a preguntar hasta cuando no es oportuno, siempre que en el ritmo de la entrevista encaje. 

Fotografías | Marta Osorio - Mitad Doble
Y no temería entrevistar a Vargas Llosa (por ejemplo) y preguntarle por los Panama Papers.
Sobre los papeles de Panamá hizo un comunicado del que me fío absolutamente y ese comunicado se ha publicado; no sé si con la misma profusión con la que apareció la noticia porque lo que he observado es que sigue saliendo en las fotos y en la radio, etc. Y nadie dice que él lo ha desmentido con estos argumentos.

¿Se puede decir que el periodismo es su casa y la edición su segunda casa?
Cuando era editor decía que tenía mi alma alquilada. Mi cuerpo estaba en la edición, pero mi alma estaba en otro lado. Ahora lo que ocurre -cuando estoy en el otro lado- es que siento que mi alma está también en la edición. De modo que tengo un desdoblamiento intenso y curioso.

¿Se arrepiente de no haber cogido la corresponsalía en Nueva York?
Me arrepentí tarde porque si me hubiera arrepentido inmediatamente la hubiera cogido. Uno nunca sabe en qué acierta. La vida es una cuestión de error y prueba, a veces aciertas y no lo sabes hasta que pasa el tiempo. Y a veces te da la impresión de que has cometido una equivocación cuando tampoco es tanto.

Por Egos Revueltos pasaban muchos escritores. ¿De cuál guarda mejor recuerdo?
De Onetti y Borges. Semprún también, Saramago, Vargas Llosa, Gabo... La verdad es que todos los escritores con los que he estado tienen valores de los que he aprendido. 


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