El malagueño que trajo el primer Manifiesto Comunista a España

Isla de Alhucemas | Miguel González Novo
La historia del tipógrafo malagueño que fundó junto a Pablo Iglesias la primera sección marxista española, entabló amistad con Engels y publicó por entregas el primer Manifiesto Comunista en español.

El nacimiento del Manifiesto y el embrión comunista

En 1847 la Liga de los Comunistas (antigua Liga de los Justos) encargó a Karl Marx y a Friedrich Engels la escritura de un texto programático que sentara las bases de esta organización de trabajadores que buscaba derrocar a la burguesía. La Liga lo llamó Manifiesto Comunista, y Marx, que no superaba los treinta años y tampoco había entrado aún en el análisis profundo de la teoría económica, redactó el documento con las líneas previas que trazó junto a Engels. Evidentemente la Liga fue la estructura embrionaria del primer partido comunista (Partido Comunista Ruso -bolchevique-, 1918) aunque no hay que olvidar que el Manifiesto fue (y sigue siendo) interpretado como un texto revolucionario, que bien se asimila al dibujo del partido esbozado por Lenin en la revista Iskra, pero no deja de ser un programa escrito por autores jóvenes dirigido a una organización sin una línea ideológico-política definida por entonces y, por tanto, no se trataba de un manifiesto ideológico abstracto.

Portada del Manifiesto Comunista original, 1848 (Londres)


Fue publicado en Londres el 21 de febrero de 1848, casi coincidiendo con las insurrecciones del 23 al 25 del mismo mes y el mismo año en Francia que dieron lugar a la Segunda República del país galo. Se extendió el movimiento por Hungría, Austria, Alemania..., y así comenzó la conocida como Primavera de los Pueblos. Allá donde las revoluciones triunfaron se lograron numerosos avances democráticos mientras que donde fracasaba producía el alza de los gobiernos absolutistas, lo que dificultó enormemente la difusión del Manifiesto Comunista. En España reinaba Isabel II y fue destronada durante la revolución de 'La Gloriosa' (1868), que dio pie al Sexenio Democrático, el primer intento a lo largo de la historia de introducir un régimen democrático en el país. Casi veinticinco años después, ahora sí: vía libre para el Manifiesto.

Un tipógrafo malagueño, los primeros marxistas españoles y el Manifiesto en España

En 1831 nació José Mesa y Leompart en la isla de Alhucemas, entre Málaga y Marruecos (por entonces pertenecía administrativamente a Málaga). Se dedicaba a las letras: fue historiador, periodista, traductor y trabajaba habitualmente como tipógrafo. Activamente presente en la vida política desde mediados del XIX, abogaba convencido por el republicanismo federal y pertenecía a la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de los Trabajadores (FRE - AIT) siendo compañero Pablo Iglesias Posse, con quien fundó en 1879 el Partido Socialista Obrero Español. Al igual que otros miembros de la FRE, ambos escribían para el semanario madrileño La Emancipación que él mismo también dirigía. Tras viajar a la Comuna de París (marzo-abril de 1871), Mesa e Iglesias regresaron a España "contaminados" por las nuevas ideas con las que tuvieron contacto allí: ahora eran marxistas, de hecho, eran los primeros marxistas de España. La AIT decidió expulsarlos por antibakunistas y, sin amparo político, decidieron crear una estructura fiel a las nuevas ideas tutorados por el revolucionario y teórico Paul Lafargue, yerno de Karl Marx, que se encontraba en España desde finales de 1871. El Congreso de la Haya los reconoció y la sección que fue expulsada de la FRE - AIT se convirtió en la Nueva Federación Madrileña (NFM).

El malagueño comenzó a cartearse con Marx y Engels gracias al lazo de unión que establecía Lafargue con los alemanes durante su estancia en España. A finales de 1872 Mesa estrechó la relación postal con Friedrich Engels y en una de las cartas que periódicamente se enviaban éste le explicó que pretendía publicar en La Emancipación el Manifiesto Comunista por entregas en forma de folleto ya que aún no se había hecho en España. Mesa había leído el texto original, el alemán, pero reconocía no tener tanto conocimiento de la lengua como para traducirlo; también conocía su versión francesa publicado en Nueva York por Le Socialiste a comienzos del mismo año, pero éste carecía del prólogo y la tercera parte, y por ello, sabiendo que la lengua gala era el idioma común entre el filósofo y él, le escribía a Engels estas palabras:

"Para ello [traducir el Manifiesto completo] me sería preciso que se tomara usted la molestia de traducirme al francés lo que falta (...) a fin de poder publicarlo la próxima semana."


Friedrich Engels, coautor del Manifiesto Comunista

Y así lo hizo. Engels tradujo primeramente el prólogo de Marx, que fue publicado inmediatamente el 2 de noviembre de 1872. A continuación, José Mesa le envió repetidas cartas insistiéndole para que le enviase correcciones del Manifiesto francés que éste le mandó por partes. Finalmente el Manifiesto Comunista se terminó de publicar durante los días 9, 16, 23 y 30 de noviembre y 7 de diciembre (seis días antes de la última fecha Mesa le comunicó a Engels haber recibido el escrito completo).

Teniendo en cuenta las fechas de envío y recibo de las cartas y atendiendo a la irregular traducción de José Mesa y Leompart llegamos a la conclusión de que tradujo y publicó partes antes de que le llegasen las correciones de Friedrich Engels a pesar de haberle estado presionado mediante cartas semanalmente, por lo que tomó el texto francés sin corregir como referencia. Una vez publicase el prólogo posiblemente pretendiera no interrumpir la publicación y por este motivo se pudo ver entre la espada y la pared teniendo que recurrir a una traducción menos acertada en la que faltaban palabras e incluso frases completas.

Se conocen unas 48 ediciones españolas del Manifiesto Comunista desde 1872 hasta 1939, de las cuales 29 de ellas vieron la luz durante los nueve años de repúblicas. Los primeros internacionalistas no usaron otra traducción que la de José Mesa, aunque cabe destacar que desde la primera publicación de 1872 hasta la segunda transcurrieron catorce años: en 1886 se reeditó la primera traducción en El Socialista, la revista semanal que publicaba el PSOE, que apuntaba respecto al mismo:

"Puede considerarse hoy como el evangelio de todos los socialistas."

¡A las barricadas!

José Mesa falleció en Francia en 1904, pero en la familia Mesa no cesaron su actividad en la política y mantuvieron la presencia de un modo relevante para la historia obrera y sindicalista. Si José Mesa y Leompart vivió y trabajó en los inicios del movimiento obrero español pudiendo ver como resultado la breve Primera República previa a la restauración de la dinastía Borbón, su sobrina nieta, Isabel Mesa Delgado, formó parte de los movimientos anarcosindicalistas más importantes del siglo XX en España y fue una reconocida activista feminista a quien le tocó sufrir la Guerra Civil y la persecución durante el régimen franquista.


Isabel Mesa Delgado, sobrina nieta de José Mesa


Isabel Mesa Delgado nació en 1913 en Ronda (Málaga), aunque también podríamos hablar de Carmen Delgado Palomares, su pseudónimo en la clandestinidad, pues su vida fue digna del argumento de una novela bizantina. A los once años empezó a trabajar como costurera hasta que se marchase a Ceuta con su familia en 1928, allí tuvo contacto con la CNT y las Juventudes Libertarias con las que comenzó la lucha social emprendiendo huelgas por los derechos de las mujeres magrebíes. Tras el levantamiento del 36, Isabel ayudó a muchas personas a huir hasta la Península, donde acercó sus relaciones al anarcofeminismo mediante la organización Mujeres Libres tras llegar a Málaga en el mismo año. Se movió esquiva por todo el levante español siendo enfermera y representando organizaciones sindicales y obreras. Fundó la publicación clandestina El Faro de Málaga, y al ser descubierta en 1941 por las autoridades franquistas, fue procesada y acumuló dos penas de muerte que eludió tras cambiar su nombre; aunque no quedó exenta de sufrir la dictadura en sus carnes: en 1956 fue retenida y torturada durante ocho días en una comisaría valenciana. Una vez murió Franco, mantuvo su actividad en la política respaldada por distintas organizaciones libertarias y colaborando con algunas revistas. Fue condecorada por la Confederación General del Trabajo (CGT) y en 2002, a sus 89 años, falleció airosa tras una vida intempestiva de lucha, cerrando otra generación de lucha obrera, envuelta en la bandera roja y negra al son de A las barricadas.

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