La bofetada del padre de Guevara a Borges

Ernesto Che Guevara (Rosario, 1928) y Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899).

Vilas-Matas en la autoficción París no se acaba nunca dice que vio a Borges en una librería clandestina de la capital francesa llamada Zékian. Destaca de aquel encuentro lo que el escritor argentino dijo acerca de la pérdida de imágenes del pasado: «Me entristece pensar que tal vez no tengamos recuerdos verdaderos de nuestra juventud».

Entre ese equipaje de los pocos recuerdos de infancia del padre del Che Guevara está un encontronazo con Borges que recoge el libro de Paco Ignacio Taibo, Ernesto Guevara, también conocido como el Che. A Ernesto Guevara Lynch – de clase media en crisis permanente, dice Taibo, otros se refieren a una familia de clase acomodada- “lo expulsaron del Colegio nacional por haberle dado una bofetada a Borges", después de que éste avisara al profesor de que Guevara -padre- era molesto: “Señor, este chico no me deja estudiar”.

El temperamento y la conciencia política de un Guevara padre -que contaría los negocios que abría por cierres- contrasta con la vida y formas del gran escritor argentino. Guevara Lynch se afilió a Acción Argentina, un grupo antifascista de solidaridad con los aliados en la Segunda Guerra Mundial donde también militaría su hijo. Borges apenas escribió sobre esa guerra, se le consideró enemigo del comunismo –también del nazismo-, fue militantante antiperonista y se definió a sí mismo como conservador y contrario a los movimientos de masa. “Soy conservador porque serlo en Argentina es la única manera de ser escéptico en política. Ellos, los conservadores, nunca movilizarán las masas”, dijo.

La revolución cubana tampoco despertó la simpatía de Borges. La escritora María Esther Vázquez en su libro Esplendor y derrota recoge otra anécdota donde su apellido y el Guevara se cruzan. Era 9 de octubre de 1967, el Che había sido asesinado y el escritor se encontraba dando clases de Literatura Inglesa en la universidad de Buenos Aires. Un alumno interrumpe en el aula y le pide que se suspenda la clase para rendirle homenaje, a lo que Borges contesta que eso puede esperar. El estudiante insiste en que debe ser en ese mismo momento y el escritor reitera que no dejará de impartir clase mientras desafía al estudiante: "Venga a sacarme del escritorio". El alumno se niega a a usar la fuerza, pero amenaza con cortar la luz para forzar la suspensión de la clase. Entonces Borges le contesta: "He tomado la precaución de ser ciego esperando este momento".

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