Las 11 cosas en las que el gobierno del PP entierra a Rousseau


Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) entraba por Ginebra mientras se quemaban dos libros de su puño y letra básicos para comprender los estados modernos: Emilio y El Contrato Social. Ardían por “temerarios, escandalosos, impíos, tendentes a destruir la religión cristiana y todos los gobiernos”. El francés replanteaba en su Contrato la relación de gobernantes y gobernados, donde los primeros sólo eran instrumento de los segundos que estos podían cambiar según sus designios. Una reedición de la antigua democracia griega. Y por eso mismo era arrojado a las llamas del censor.
El Contrato Social debe ser entendido como la cúspide de todo el trabajo político teórico de Rousseau. Una cima que se sustenta en otros textos y manuscritos como el mismo EmilioJulie o el Discurso sobre el origen y fundamentos de la desigualdad del hombre. El propio Rousseau admitió que parte de las novedades que en El Contrato se explican venían ya detalladas en ese discurso. El libro del que hablamos sería lo que la campaña del 20 de diciembre a los últimos cuatro años de legislatura. Una guinda, un último eslabón para terminar de (des)entenderlo todo.

A final de noviembre y en Euskadi, reclamaba Hernando el del PSOE la recuperación del contrato social que garantiza a un trabajador vivir con dignidad. Aunque pueda llevarlo consigo, según el censor de Ginebra, en su esencia el Contrato habla de las responsabilidades de los que mandan hacia los que son mandados, y acerca de la ordenación de un estado. Pero, ¿qué dice realmente este libro publicado en 1762? ¿Ha traicionado Rajoy el sacrosanto texto del derecho político moderno?

“Hay que estudiar la sociedad por los hombres, y los hombres por la sociedad; quienes quieran tratar por separado la moral y la política no entenderán nunca nada de las dos” reza el Emilio.

No nos detendremos en cada uno de los 48 capítulos que comprenden el Contrato Social. Resaltaremos, literalmente, algunos pasajes comparándolos con formas de actuar del presidente español en estos últimos cuatro años de gobierno, el mismo número de libros del que está formado el texto de Rousseau.


Libro I – capítulo IV: “Un Estado no puede tener por enemigos sino a otros Estados, y no a hombres, pues no pueden fijarse auténticas relaciones entre cosas de distinta naturaleza”.

Esta primera violación de El Contrato se reproduce con la caza de brujas que a principios de este año se dio contra Juan Carlos Monedero por parte del ministro de Hacienda y la vicepresidenta del Gobierno. El nombre del entonces dirigente de Podemos quedaba al descubierto, presuntamente por una filtración desde el ministerio del señor Montoro, debido a la investigación fiscal que sufrió Monedero.

Libro I – capítulo IX: “El derecho que tiene cada particular sobre sus bienes queda siempre subordinado al derecho de la comunidad sobre todos”.

La deriva independentista en Cataluña ha llevado al Gobierno del Partido Popular a defender la Constitución a capa y espada, queriendo aplicar “toda la ley” contra los miembros de Junts Pel Sí y la CUP. Esto que defendía en su día Rousseau está recogido en el artículo 128.1 de la Carta Magna.

Libro II – capítulo I: “Del silencio general debe presumirse el consentimiento del pueblo”.

Las encuestas hasta el lunes 14 dicen que, al contrario de lo que juran los miembros del partido en el poder, antes que un nuevo gobierno del PP hay una mayoría que no quiere que eso se repita.

Libro II – capítulo III: “El pueblo quiere indefectiblemente su bien, pero no siempre lo comprende. Jamás se corrompe al pueblo, pero a menudo se le engaña, y es entonces cuando parece querer el mal”.
Esto es, volver a votar a Mariano Rajoy.

Libro II – capítulo III: “Diferencia entre la voluntad de todos y voluntad general: ésta sólo atiende al interés común, aquella al interés privado”.

Del día después al 20D se esperan muchas cosas. Entre ella que por primera vez no haya una mayoría absoluta en la cámara alta de nuestra democracia. Los números obligarán a buscar pactos entre las distintas fuerzas políticas. El Gobierno se ha esforzado en repetir el peligro que engendra “un pacto de perdedores”. Ese legítimo tripartito encarnaría la voluntad de la mayoría, o de todos como lo llama el amigo Jean: que el PP no siga gobernando España.

Libro II – capítulo V: Rousseau habla de “derecho de gracia”, es decir, los indultos. Entiende que en un Estado perfecto no harían falta, pues no habría criminales. Dos frases nos llevan hasta nuestro sujeto: la primera “los indultos frecuentes son indicios de que en época no lejana los delincuentes no tendrán necesidad de ellos” aunque también pide que “dejemos discutir estas cuestiones a los hombres justos que no hayan delinquido jamás ni hayan necesitado de gracia”.Nada más que decir.

Libro II – capítulo VI: “El pueblo quiere siempre el bien, pero no siempre lo ve (…) es preciso obligar a los unos a conformar su voluntad con su razón, y enseñarle a al pueblo a conocer lo que quiere”.

No asistir a los debates, prohibir llevar a líderes opositores a los desayunos de la televisión pública y desmantelar la misma, penar la información en redes sociales, volver a mentir ante un ataque terrorista al país, decir que un sueldo es un “despido en diferido”, comparecer en un plasma, no responder preguntas de los periodistas o directamente no dar ruedas de prensa.

Libro II – capítulo X: “Los usurpadores preparan o escogen esos períodos de turbulencia para hacer pasar, al abrigo del terror público, leyes destructoras que el pueblo no adoptaría jamás a sangre fría”.

Aunque no fue promulgada por el Gobierno actual, la reforma de la Constitución que incluía el artículo 135 ha sido fundamentalmente llevada a la práctica por el Partido Popular durante esta legislatura. La violación del punto 4 del mismo artículo, que invalida el pago de la deuda en caso de crisis o de recesión, también ha sido incumplido por el mismo partido.

Libro III – capítulo I: “El poder legislativo pertenece al pueblo, y no puede pertenecer a nadie sino a él”.

El miedo a plantear referéndums en este país, no ya para una posible independencia de una parte del territorio, sino para que la ciudadanía refute leyes que en un principio no iban en los programas electorales del partido que gobierna, viene de largo. Sin embargo en el PP de 2011-2015 alcanza su máxima expresión, pues hasta el tercer año de mandato habían incumplido uno por uno todos los puntos propuestos en la campaña de 2011.

Libro III – capítulo VIII: “Aunque el pueblo produzca poco, si ese poco no vuelve a sus manos pronto se arruina: el Estado no es nunca rico y el pueblo es siempre pobre”.

Vuelve el 135. Ayuntamientos con superávit no pueden invertir en su municipio para que unos señores en Alemania cobren lo suyo. Ni el Estado ni el ciudadano se beneficia de lo que produce.

Libro IV  capítulo VIII: "Los hombres no tuvieron al principio otros reyes que los dioses, 
no otro gobierno que el teocrático."

Y parece que así sigue siendo, con un ministro de Interior que se cae del caballo en Las Vegas y empieza a profesar una férrea fe dogmática (hay quien dice que cercana al Opus Dei) y que asegura tener un ángel de la guarda que le ayuda a aparcar.

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