Que el patriarcado no firme lo que Salmerón se negó

Nicolás Salmerón con la camiseta de la Plataforma
de Acción Feminista de Almería./ Javier Salvador
En la Puerta Purchena, la plaza céntrica de Almería por antonomasia, convive con los viandantes una estatua. Una estatua que simula andar. Es Nicolás Salmerón, presidente de la I República de España, almeriense, quien dimitió de su cargo por negarse a firmar penas de muerte. Un adelantado a su tiempo que hoy viste de morado. En su pecho luce un lema: “Contra las violencias machistas”.

En lo que usted ha tardado en leer el primer párrafo, si lo ha hecho a la misma velocidad que el que suscribe estas líneas, una mujer ha sido maltratada en el mundo. Sucede cada 18 segundos, según datos de la ONU. Mientras está leyendo esto, otra lo estará siendo. Su razón: ser mujer. A 25 de noviembre, la lista oficial que maneja el Gobierno de España de asesinadas por sus parejas en 2015, consideradas como víctimas de violencia de género, es de 48 mujeres. Otros cuatro asesinatos están siendo investigados por el Ministerio de Interior, según Feminicidio.net. Una cifra a la que se le podrían sumar las trece mujeres a las que mataron sus hijos, las dos a manos de su hermano, la otra a la que su sobrino le quitó la vida, la mujer asesinada por su exyerno, o a la que mató su excuñado.

Hoy volvía mi madre contenta a casa. Almería había mostrado su rechazo a la violencia de género con una manifestación con mayor presencia que de costumbre para estas mal denominadas ‘causas menores’: concentraciones alejadas de las cifras multitudinarias de las huelgas generales o de las protestas de los fines de semana. Era para estar contenta. Las mujeres demostraron que van a dar guerra. Que un mundo mejor, un mundo feminista, no es una opción, es una certeza.

Si me quieren, tendrán mi apoyo. Pero detrás, siempre detrás. No me esperen ver al frente de la pancarta de la lucha feminista. Sí, detrás evitando que mis familiares, amigas o compañeras decaigan. Creo que, como hombre, soy en cierta medida útil para el cambio; pero es su cambio, su revolución. Otros ejemplos: como blanco, reniego de liderar la lucha de la ciudadanía negra; como heterosexual, reniego de hacer lo propio con las reivindicaciones del movimiento LGTB. A nadie le extraña. Quizá sí a Albert Rivera. "Los hombres tenemos que ser los que abanderemos y lideremos la lucha por la igualdad de las mujeres" dice el líder de Ciudadanos. El machismo es el mismo sea la cara más guapa o más fea. Solo la mujer puede liderar la revolución de la mujer.

No será fácil. El tablero está desequilibrado. No me atrevería a dar una cifra sobre el número de personas que recorrimos el trayecto entre la Puerta Purchena y la Plaza de Las Velas, pero auguro que en torno al millar. Muchas de ellas, mujeres. Mujeres que cuando asesinan a sus exparejas o parejas actuales –en los pocos casos estadísticamente reflejados-, matan. Mujeres que cuando son asesinadas –por una violencia de género que se produce debido a la situación social de subordinación al hombre que impera en el patriarcado-, mueren. “Ni una menos, ni una más”, gritan. Gritamos.

“Denuncia chivada, mujer asesinada”, es otro de los cánticos. Algunos hombres ponen el acento en las denuncias falsas por violencia de género. Nada más lejos de la realidad, representan el 0’01% del total. Si los hombres están preocupados por un 0’01% de denuncias falsas, imaginen cómo estarán las mujeres con un 99’9% de denuncias verdaderas. Para echar más leña al fuego, según admite Amnistía Internacional, solo denuncia el 10% de las mujeres víctimas de maltrato. Según los datos del Gobierno de España, son 814 las españolas asesinadas por violencia de género desde el año 2003 hasta la actualidad. De ellas, 159 habían denunciado a su agresor; 454, no. De las 201 asesinadas restantes no se tienen datos sobre sus denuncias, ya que esta estadística se lleva contabilizando desde 2006. 194 de las asesinadas habían sido matadas por su expareja; 620, por su actual. ¿Quién dijo miedo? Este tipo de terrorismo no conlleva banderas en fotos de perfil de redes sociales, ni concentraciones con dirigentes de todo el espectro político. Pero no por ello deja de ser terrorismo. "¿Queréis mi voto? Actuad contra el terrorismo machista", imperaban las pegatinas almerienses.

Un mundo mejor será feminista o no será mejor. Sueño con no subir andando a mi casa tras una noche de fiesta mientras que mis amigas cogen el taxi por miedo a ser robadas, violadas o simplemente incordiadas al ir solas por la calle. Sueño con que esas dos mujeres no se cambien de acera el viernes por la noche por miedo a que algún hombre, normalmente ebrio, las aborde con lo que él considere una táctica de conquista. Me imagino un mundo en el que tu novio no piense que eres suya. Que puedas responder ese Whatsapp más tarde, o no responderlo; sin miedo. Que te pueda gustar un grupo de música sin que te llamen ‘groupie’. Que no tengas que escuchar: “A saber cuántas pollas se habrá comido”, cuando llegues a tu nuevo trabajo. Que no te manden a ti a cocinar o limpiar cuando quedes con tus amigos. Que no te humillen, al igual que no humillarían a quien les esté apuntando con un revolver en la sien. Que no te llamen ‘guarra’ por vestir como quieras o quedar con quien te guste, o con quien no. Ni tampoco ‘marimacho’ porque te apasione el deporte.

Mi sueño más personal, el que más me ilusiona y por el que más trabajo es que al presenciar alguno de estos actos, no me mantenga impasible. Ah, casi se me olvida… también sueño con que no te maten. Que la pena de muerte que no firmó Salmerón, no la firme el patriarcado nada más salir del vientre de tu madre. Tu lucha no es mía, es tuya; pero estoy contigo. Hasta la victoria siempre, mujer.

1 comentarios:

  1. Ni una palabra más, ni una palabra menos, gracias Javi. Tu lucha no es mía, es tuya; pero estoy contigo

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