Sexo, sangre, Gantz

No sé muy bien cómo tuve conciencia de la existencia de este manga, lo que sí recuerdo es estar en la tienda de cómic, ver algunos de los tomos y echarles un vistazo. De aquella primera ojeada mi mente solo retuvo dos cosas: tetas. Y es que, para bien o para mal, el manga de Hiroya Oku se puede resumir en dos palabras: desnudos y sexo. Aunque, obviamente, con matices, sino, no se explicaría el éxito de la publicación, que dio el salto a la pequeña pantalla en 2004 de la mano de Gonzo, en Fuji TV la primera temporada, y en AT-X, la segunda; a la grande, por partida doble, en 2011 con un live-action (que para muchos supera en calidad al anime, algo no muy difícil de conseguir); y finalmente a las videoconsolas, con un juego para PlayStation 2. Eso sin contar los spin-offs.

Pero vayamos por partes.

Primera portada de 'Gantz' (detalle)

Gantz (ガンツ, Gantsu) se enmarca dentro del género seinen (青年), enfocado a un público, principalmente, masculino y adulto, de ahí que la temática tienda hacia el erotismo en muchas ocasiones. Este género contrasta claramente con el manga de corte “infantil” que durante mucho tiempo predominó en Japón, por lo que algunos autores, con Yoshihiro Tatsumi a la cabeza, decidieron acuñar el término “gekiga” (劇画) para referirse a un nuevo tipo de historia, más adulta y cruda; un término que con el tiempo iría quedando en el olvido en favor del actual.

El hecho de que el público objetivo por excelencia en occidente sea el adolescente, y el cierto conservadurismo que existe en los medios, hace que este género apenas tenga repercusión fuera de Japón, pero en los últimos años el mercado se ha ido abriendo poco a poco y cada vez es posible encontrar mangas como Gantz, Akira o Ghost in the shell, algunos de los máximos exponentes del seinen, en tiendas especializadas.


El sexo y la desnudez de Gantz están, por tanto, justificadas si pensamos que se centra en un lector adulto. No es, per se, algo malo, todo depende del uso que el autor, en este caso Hiroya, haga de él. En el caso que nos ocupa, todo pasa por Kei Kurono, un adolescente egocéntrico y pervertido, con el sexo siempre presente en su mente. Esta es la excusa del "mangaka" (en japonés, creador de una historia o cómic) para dar rienda suelta a su lujuria creativa, pero poco a poco todo se le va de las manos hasta acabar en algo fuera de toda lógica.
El accidente de tren se refleja en manga y anime, pero a partir de aquí, las historias comienzan a separarse
Como cualquier historia regida por unos patrones típicos, Gantz comienza presentando a Kei Kurono a través de un narrador omnisciente, describiendo los pensamientos del adolescente. Poco después aparece Masaru Kato, el co-protagonista y viejo amigo de Kurono, y un mendigo que cae a las vías cuando el tren se aproxima. Kato salta para ayudar y, contra su voluntad, Kei también. El indigente consigue salvar la vida gracias a los jóvenes, pero ellos no corren la misma suerte.


Lo siguiente que vemos es una habitación de apartamento. Por la venta se observa la Torre Tokio, por lo que no es difícil intuir donde se desarrolla la acción. No hay muebles en la sala, solo una enorme esfera negra y a su alrededor, como devotos de un santo, un grupo heterogéneo de personas. Nadie sabe nada. Igual que la pareja protagonista, lo único que recuerdan es que murieron y, de pronto, aparecieron allí.

La habitación actúa como un limbo, algo extraño teniendo en cuenta la poca presencia del cristianismo en Japón, pero no cabe duda de que es un lugar de paso, donde los muertos esperan antes de ir al cielo o al infierno, aunque la cosa varía un poco: el cielo se corresponde con la vuelta a la vida, mientras que el infierno sería la muerte definitiva; los personajes tampoco se limitan a esperar, los “elegidos” ejercen un papel activo: deben matar para vivir.

No es muy difícil, a poco que se lean algunos tomos, encontrar similitudes con Saw, por lo que, parafraseando a Jigsaw, la esfera les propone jugar a un juego: deben coger las armas y matar a un alienígena antes de que se agote el tiempo, si lo consiguen, serán libres, pero si mueren durante la misión, desaparecerán para siempre.

Se plantea aquí el que probablemente sea el aspecto más interesante del manga: los personajes abandonan su zona de confort, su mundo conocido y seguro, para verse envueltos en una situación que desconocen. Cualquier cosa puede pasar, y gracias a la multitud de personas que han salido de la cabeza de Hiroya, se pueden observar las distintas posibilidades: desde un Kei Kurono incapaz de saciar su sed de sangre, hasta Kei Kishimoto, superada por las circunstancias y buscando la protección del resto. Todo ello con matices, no muchos, pero los suficientes para no crear unos personajes planos, sino unos que evolucionan a medida que avanza la trama.

Pero, como ya se ha dicho, Hiroya acaba superado por su creación y, a medida que pasan los tomos, la historia pierde parte de esa energía y ritmo que tenía al principio. Las explicaciones empiezan cada vez a ser menos plausibles, y el deux ex machina se hace cada vez más constante. Personajes que aparecen, y desaparecen, sin apenas explicación; giros de trama sin sentido; diálogos vacíos; y un largo etcétera. Una vez más, la comparación con Saw se hace obligatoria, y al igual que en la saga iniciada por James Wan, el gore y la sangre se convierten en los únicos protagonistas, y ocupan páginas y páginas del manga sin justificación argumental. Con la diferencia de que la historia de Gantz mezcla algunos de sus elementos propios, y toda esa violencia extrema se mezcla con el sexo, que poco a poco se vuelve también extremo e injustificado. Tanto que en momentos la historia se acerca peligrosamente al hentai (変態).

Generalmente, Gantz se suele dividir en tres partes o fases y, como El Padrino, la calidad de la primera, se diluye en las otras dos. Claro que, al igual que la trilogía de Coppola, el resto de entregas no desmerecen elogios, pero las comparaciones son odiosas.

En la cultura japonesa, el Nurarihyon es un ser
que ocupa las casas cuando sus dueños están de viaje.
Suele representarse como un hombre mayor.
Los primeros veinte volúmenes (tomos) engloban la primera de esas fases. La más larga, pues los diecisiete tomos restantes se reparten en las otras dos partes. En ella se presentan los personajes y se explica la dinámica; en la segunda, todo se vuelve mucho más caótico, la historia deja Japón y se traslada a otras partes del mundo, algo que es de agradecer, ya que los enemigos dejan su típico corte japonés, para adaptarse, por ejemplo, al imaginario latino, aunque, en contra se encuentra el Nurarihyon (ぬらりひょん), una especie de multiforma que, entre otras muchas, se convierte en un gigante formado por mujeres desnudas; a partir del volumen 28 comienza la tercera fase, donde parece que las aguas vuelven a su cauce, y la orgía constante de la segunda fase se calma, para dar paso a un estilo más cercano a sus inicios, que desemboca en un final que no hace justicia al principio del manga, pero que al menos lo dignifica.

Que hablen mal, pero que hablen. Gantz cumple a la perfección esa máxima, sus detractores están a la par con sus defensores. Trece años de publicación dan para hablar, y mucho, pero lo que está claro es que la obra de Hiroya Oku se ha hecho un hueco en el más que saturado mercado japonés y, de alguna extraña manera, en el español, tan reacio al sexo y a la violencia en los medios.

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