Jonás Trueba: ''La literatura es una fuente de inspiración más grande que el cine''

Su tío dijo que iba a superar a todos en su familia. Jonás Groucho Trueba (Madrid, 1981) dice que le preguntan bastante por su segundo nombre, también por el apellido. Pero "cada vez menos porque se van adaptando". Si su padre levantó un polvorín cuando dijo que nunca se había sentido español, Jonás ya antes de esas declaraciones se reconocía -por partes- en su última película como un exiliado romántico. 

¿De quién es la idea de estrenar la película Los exiliados románticos en cines de verano?
Entre las risas del rodaje, empezamos a espectacular y a imaginar todos que la película estuviera solo en los cines de verano. La verdad es que hemos tratado de tomarnos en serio todas las bromas que nos lanzábamos durante el rodaje y a mí me gustaba la idea porque pienso que las películas no se tienen que estrenar siempre de la misma forma. Hay que ofrecer las películas a la gente intentando trasmitir lo que son y esta es una película muy de verano que nos parecía que podía entenderse y llegar mejor con la idea de lo ligero y al aire libre. La verdad es que esta idea -creo que ningún distribuidor hubiera aceptado- se concreta porque encontré precisamente a Cine Binario, una productora de Granada que yo digo que son distribuidores románticos a los que les encanta el cine y entender nuevas formas de distribución. Ellos se animaron y empezamos a estrenar la película en cines de verano antes que en cines normales.

La película se rodó en 12 días y une una amistad a los que formáis parte de ella.
La amistad venía de antes. Partimos de viaje con la ventaja de que ya éramos un grupo unido que habíamos trabajado antes y eso hizo posible la película porque rodar 12 días sobre la marcha, así un poco a lo loco, de una forma tan inconsciente. Creo que esto solo se consigue con un grupo entre el que nos entendemos tanto, ya casi por lenguaje de signos. Luego hay una cosa muy bonita de la película, también como en las que me gustan, que es sentir la palpitación de cómo ha sido y el estado de ánimo. Nuestro estado de ánimo era de bastante buen humor, de felicidad y de ser privilegiados pudiendo hacer la película. Creo que la película respira esa felicidad.

¿Cuánto cambia la película desde que la planteas hasta el resultado final?
Normalmente, en el proceso de cualquier película suele haber un cambio grande. Todo lo que supone un proceso de producción suele ser tan largo que las películas necesariamente se transforman. En el caso de esta película tan particular, hecha de una manera tan inmediata y espontánea, ha cambiado mucho porque en realidad no había una idea previa. La película se fue construyendo sobre la marcha, la escribíamos sobre la marcha -hablando unos con otros- pensando cuál iba a ser la siguiente secuencia y no exactamente improvisábamos, pero trabajábamos mucho en el momento. Entonces no solo es que se haya transformado, siento más bien que la película se ha ido haciendo a sí misma a medida que avanzábamos.


Fotograma de 'Los exiliados románticos'.
Puede interpretarse como una película que habla de la levedad: desde las relaciones a lo político...
Siendo una película poco premeditada, sí que me fui sorprendiendo de la película que estaba haciendo y sentía que era una película que en el fondo sí que la llevaba dentro, aunque no lo sabía exactamente. Y había algo que me gustaba contar y tenía que ver más que con lo ligero -que a veces parece que yo me echo piedras contra mi propia película- con que en el fondo sí que creo que habla de temas que a mí me importan mucho, que tienen que ver con mi manera de estar en el mundo y no olvidar que tenemos que construir espacios de disfrute, incluso cuando los tiempos vienen tan mal dados. Estoy muy contento de haber hecho esta película porque en el contexto en el que estamos, creo que también un cineasta tiene que poder ofrecer películas donde uno se encuentre a gusto durante una hora viéndola. No es solo poner un espejo del sufrimiento y de lo malo, sino también proporcionar el recuerdo de que ahí están esas risas y gestos de amistad y de amor, que no tenemos que perder nunca del todo. Y creo que la película intenta recuperarlos.

En este viaje en el que los escenarios van desde Madrid hasta París, o Toulouse, ¿por qué la recurrencia a los subtítulos?
Me iba divirtiendo la idea de que estos personajes que iniciaban este viaje en el que salían de su país del que tenemos esa sensación de cuello de botella. Lo que decía Fernán Gómez de que España es un país que no pertenece a nadie, ni a Europa, sino que era una especie de moco colgante si mirábamos el mapa, y que siempre que queremos sentirnos europeos tenemos que hacer ese viaje de cruzar la frontera. Me hubiera gustado que con la película incluso hubiéramos seguido hasta llegar a Rusia, por ejemplo, pero no era posible por presupuesto y falta de días y gasolinas. Sí que queda ese espíritu europeo que me gusta: cómo los jóvenes se relacionan en otras lenguas, aunque sea de forma chapucera, algo tan español. Me gustaba usar el lenguaje también para contar algo de los personajes que se relacionan en diferentes idiomas según con quién están. Me parecía que esto hablaba de un tiempo con una idea de las relaciones, de las lenguas y de Europa que está bien reivindicar.

¿A qué se debe la inclusión de Miren Iza, cantante de Tulsa? Para mí refleja la soledad del artista...

Sí, es bonito eso que dices. Yo mismo tuve una extraña relación con las canciones de Tulsa antes de hacer la película. Estaba escuchando al grupo de una manera bastante obsesiva y como me suele pasar con otras cosas, intento fagocitarlas e incluirlas en la película de alguna forma. Te diré que me gusta que mi presencia en la película quede poco clara. Me gusta que sea así, que la película quede un poco libre a la interpretación. No había un afán de que ella (Miren Iza) significase algo, aunque pueda significar muchas cosas.

También hay un personaje que habla de la necesidad de inculcar a los hijos el gusto por una profesión. Podría verse como un guiño a tu padre, Fernando Trueba...
Puede serlo, en cierta forma siempre me he sentido muy privilegiado por el hecho de haber crecido rodeado de cineastas, no solo mi padre, sino otros familiares que trabajan en el cine, aman su profesión y nos la han transmitido con amor a los que hemos venido después. Me parece que eso es una suerte y que de una manera un poco coloquial se ha colado en la película: la idea de que el cine y las cosas que me gustan en la vida funcionan un poco por transmisión, y es importante no perder eso de vista.

¿Qué te preguntan más: por tu segundo nombre, Groucho, o por el apellido Trueba?(Risas) Me preguntan bastante por las dos cosas, cada vez menos porque se van adaptando. Como tampoco he tenido ningún problema ni son cosas que uno oculte, al contrario. Me gusta mi nombre, mi segundo nombre y mi apellido. Luego al mismo tiempo estás tú, los nombres te definen más de cara a los que no te conocen. Lo que intento es darme a conocer por las películas que hago.

En una entrevista vi que hablabas de una película hecha con cierta resistencia a la industria. ¿Cómo se combina esa resistencia con participar en festivales de cine como el de Málaga?
Precisamente presentar la película allí me pareció muy bonito. La película está financiada de nuestro bolsillo con las ganancias de la anterior película, que tampoco tuvo ningún tipo de ayuda. Me gusta que esta película -hecha fuera del sistema convencional de producciones- luego se pueda considerar, digamos, como cualquier otra película y se pueda presentar en el Festival de Málaga que es un poco como el símbolo de cierta idea de la industria que no me gusta. Fue interesante meter allí la película por esto y la película salió bien parada. Creo que no hay que permanecer al margen, uno hace las películas como quiere hacerlas, pero luego tiene que poder llegar y de alguna manera el Festival de Málaga nos facilitaba que la película se diera a conocer y llegar a un tipo de medios de comunicación a los que de no participar no llegas nunca. No creo que los festivales más grandes e industriales deban cerrarse a nuevas propuestas de cine y de producciones. Y en ese sentido el festival fue generoso con nosotros y a nosotros nos pareció divertido ir allí, casi como una excentricidad, pero al mismo tiempo con un valor simbólico interesante, casi diría político.

El título de la película viene del escritor Edward Carr. ¿Cómo se complementan el cine y la literatura?
La película tiene un título robado, prestado. Es un libro maravilloso que habla de los prerrevolucionarios rusos, o sea que no tiene nada que ver. Pero bueno, para mí siempre la literatura y el cine siempre se han mezclado bien. Hay quien considera que el cine siempre tiene que buscar su propia independencia, pero yo siempre he pensado que el cine es más un (casi) contenedor de basura de las artes, y que me gusta mucho por eso. Porque puede revolver casi de cualquier lado y el cine lleva a su propio terreno a la literatura, igual que lleva a su propio terreno a la música, la pintura, la escultura o la poesía. Para mí la literatura es una fuente de inspiración cinematográfica más grande que el cine.



Háblame de cómo surgió hacer el vídeo de "La gran broma final", de Nacho Vegas. Hay veces que entrevisto a directores, artistas, lo que sea, y me asalta la frase que dice "dos planetas se estrellarán mientras tú concedes entrevistas".
Es muy buena esa frase. Nacho es muy majo y simpático, apenas lo he conocido, pero se ha mostrado interesado incluso por las películas que he hecho y un día me escribió diciendo que si quería hacer algo con la canción. Le propuse hacer una especie de collage y a él le gustó la idea. Para mí fue interesante por extrapolar en un momento en que era un personaje público e incluso le seguía la prensa del corazón. Y él ironizaba con eso en la canción y teníamos un mundo cinematográfico donde las relaciones de las que hablaba la canción podrían ser representadas por tantísimas imágenes y que yo me lo llevé a un terreno personal con ciertas imágenes. También él es un músico muy importante y cuando empecé a escuchar sus discos para mí significaba como un despertar, una auténtica emoción. Y lo fue para muchos de nosotros.

¿Te planteas dar rienda suelta a los motivos políticos como Nacho Vegas?
Sí, me lo planteo. Lo que pasa es que cada uno tiene sus motivos políticos. Creo que lo que él ha intentado es muy interesante porque en España lo que es la cultura del cancionero político ha estado muy vinculado a ciertos cantautores y estilos, y a él le importa la tradición en todo lo que hace –me acuerdo que me contó que quería hacer canciones más políticas y estaba dándole vueltas a cómo iba a poder hacerlo musicalmente-. Este viaje político me interesa a nivel formal y en el fondo yo creo que sus canciones ya eran bastante políticas. Soy de los que piensa, además, que cualquier forma de arte es política de una manera más o menos consciente y creo que mis películas lo son, aunque digamos, no lo expresen de una manera literal una idea política, un pensamiento o una opinión, pero son gestos con los que tú te sitúas en una película haciendo una cosa y no otra.

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