La venganza de la ideología



Fuente: genius.com
‘Cómo las ideas condicionan el destino de las naciones’


Es mi revisión particular del libro que he terminado. El autor es Robert D. Kaplan, hombre de currículum impresionante y referencias no menos desdeñables. Con ese trasfondo me decidí a seleccionar de su obra ‘La venganza de la geografía’, que a su vez es su último trabajo y, a priori, el más pulido de todos.

No conocía nada más que palabras sobre el trabajo de Kaplan. Le recuerdo como el pionero del “contexto histórico en el Periodismo”, labor que llevó a cabo durante su experiencia como corresponsal en la guerra de los Balcanes. ‘Fantasmas de los Balcanes’ es un libro pendiente, pero que recomiendo sólo por quienes me lo recomiendan.

Al cerrar ‘La venganza de la geografía’, me ha venido otro libro a la cabeza: ‘Orientalismo’, de Edward Said. En pocas líneas, la idea que deja ‘Orientalismo’ es la de un error de base: el de contar todo desde una perspectiva occidental. Kaplan comete este mismo error.

El autor israelo-estadounidense divide su libro en tres grandes secciones.

La primera, Visionarios, es una puesta en escena de la geografía como factor condicionante en la Historia. Así, repasa cómo ha influido en todos los grandes eventos que han afectado al devenir de la humanidad. He de reconocer que el comienzo fue prometedor; Kaplan era esa figura que se habían construido mis expectativas. Muy académico en sus explicaciones. Tanto que a veces consigue saturar.

El gran dilema viene con su segunda parte, donde aborda "El mapa de principios del Siglo XXI". Ahí es nada. El autor decide dividir este “mapa” en seis subsecciones: Europa, Rusia, China, India, Irán y, la que me llamó la atención, “el antiguo Imperio Otomano” -actual Turquía. No iré una por una porque entro en el quid de la cuestión: en su viaje desde Europa hasta China, pasando por Irán y Turquía, nos encontramos con una amalgama de anotaciones de distintos autores que sirven para construir los cimientos de la teoría expuesta. ¿Cuál es la sorpresa? De 201 notas, menos del 10% son de autores supuestamente autóctonos. Autores que, en su mayoría, han pasado por centros de estudios occidentales y trabajan en ellos o han tenido un pensamiento más cercano al occidental.

¿Qué tiene de malo? Según Eduard Said en ‘Orientalismo’, el problema de los intelectuales occidentales –a lo largo de la Historia- que dedican su vida a una determinada región alejada culturalmente de la propia está en que, aunque se conozca a fondo su historia, tradiciones, grupos sociales, problemas étnicos, en definitiva, todo lo que define a un pueblo, nunca tendrán esos conocimientos asimilados en su propia vida. Lo que quiero decir es que se puede conocer todo de una cultura, pero eso no hace que dicha cultura forme parte de ti. Y aquí empiezan las diferencias.

Kaplan recurre sin miramientos a todo tipo de autores con un pensamiento cercano, si no calcado, al que podría tener un intelectual nacido y criado en la tradición cultural e ideológica de Francia, por ejemplo. La mayoría provienen de centros de estudios estadounidenses, ingleses, franceses. La mayoría. Da igual que hablemos de China, de Rusia o de Irán, quienes más legitimidad adquieren en este libro son autores que han desarrollado el estudio de cualquiera de estos países…fuera de estos países. Es verdad que Kaplan menciona, en algunos capítulos, sus viajes a las regiones citadas antes. Pero un viaje no te imbuye de la cultura o las tradiciones del sitio.

Su obra es un conjunto endogámico de una teoría muy buena, la de la geografía como destino inherente de las naciones, con unas referencias muy pobres. Pero no es sólo esta cuestión.

La tercera y última parte de este libro, titulada 'El Destino de Estados Unidos', deja bien a las claras a quién va dirigido ‘La Venganza de la Geografía’. Durante sus más de cuatrocientas páginas nos encontramos pinceladas de un mundo que, para conservar el orden, debe asimilar un sistema liberal. Y esta titánica tarea la tiene que llevar a cabo Estados Unidos, el garante de la estabilidad en el planeta.

Si hay algo que causa una especial molestia para un lector es cuando se siente desplazado de la obra que tiene entre sus manos. Kaplan se orienta, tanto este último apartado como el grueso del libro, a un lector intelectual –con grandes referencias académicas o conceptos que entienden sus colegas de café, como el inolvidable l’histoire événementielle; con una conciencia occidental desarrollada y grandes dosis de asesoría al funcionariado de Estados Unidos. No habría notado la diferencia entre esta obra y un informe de Foreign Policy.

Por desgracia, la ideología parece más difícil de superar que las montañas, los océanos o las fallas. 

Pero por suerte siempre nos quedarán tipos como Said para alcanzar “un mundo libre”.

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