Nos han olvidado en la oscuridad



Fotograma de Tungsteno
Lo cierto es que habría  86 mil millones de maneras distintas para expresar el sentimiento de cualquier persona griega. Me decanto por la luz y su fuerza sensorial para explicar la realidad en metáforas. Desde los comienzos del homínido, este elemento clarificador ha tenido un carácter divino, cuasi mágico. ¿Imaginan la sensación que tuvo que recorrer el cuerpo de la primera persona que encendió un fuego? ¿El hipnotismo de los bailes de sombras? Jugar a desenmascarar las tinieblas fue uno de los primeros retos que consiguió apagar la humanidad. 

Al padre de la luz tal como la conocemos, Thomas Alva Edison, le impresionaría este mundo actual donde hay luces que se apagan durante una hora, una vez al año, y otras que se apagan varias veces al día. El mago de Menlo Park – como así conocían a Edison – quizá no me recibiría con los brazos abiertos si supiera que, junto a la luz, el otro factor que determina este artículo es el cine. Una guerra que perdió contra los hermanos Lumière.

Hay luces que se mantienen a pleno rendimiento durante 17 horas seguidas, y las hay que simbolizan la decadencia de un sistema que se torna insostenible. Un panorama tan claustrofóbico que, a pesar de todo, lleva la resistencia de los griegos hasta límites que ni ellos mismos conocían. 

El mes pasado, crucial para los ciudadanos del país de Atlas, se resolvió con un nuevo castigo que cambia el arco del cielo por las arcas de Europa. Esos días se habló de ganadores y perdedores. De nombres que suenan a traición y otros que conservan dignidad. Al final resultó que marcar “OXI” sonaba más a “SÍ” y su “NAI” intuía más un “NO”.

Tungsteno es el elemento de la tabla periódica con el punto de fusión más elevado de todos los metales, y el segundo en general sólo superado por el carbono. A su vez, presume de poseer el punto de ebullición más alto de todos los elementos conocidos. También es el esqueleto de las bombillas y la autopista de la luz. Para los griegos, desde 2011, este titán de la tabla periódica simboliza cuatro historias: dos jóvenes, uno más buscavidas, otro más buscalíos; un padre de familia al filo del abismo e inventor – si Edison leyera unas líneas más abajo – de su particular fakelaki [soborno; sobrecito en castellano]; un tipo de recursos humanos a punto de perder el trabajo y alumno aventajado de una sociedad machista. Como si sólo dolieran los golpes.

Tungsteno, a fin de cuentas, recoge la vida en la Atenas más desconocida. Ésa que no visitan la mayoría de periodistas que se han estado pateando las calles (las seguras) entrevista tras entrevista. El barrio no tiene nombre porque podría extrapolarse a un barrio humilde y sufridor de cualquier ciudad europea. Los personajes no tienen nombre porque encarnan los defectos y la virtud de saberse en un mundo a prueba. Sobrevivir. Esa virtud que sale a relucir en la sociedad griega, por cierto, la recoge Esther Yáñez en un artículo que dibuja el panorama ateniense al detalle.



Punto de fusión: 3410C°


Tungsteno comienza en el BaRouge, una discoteca de carretera que convierte el derecho de admisión en una tarea más de la rutina. No me gustas, no pasas. Más o menos como ha ocurrido hace poco, donde Varoufakis no gustaba y al que acabaron echando. Alguien dirá que se acabó yendo. Mientras, nuestro presidente Rajoy nos ha bombardeado con el discurso de que “tienen [Tsipras y su gobierno] que cumplir las normas”. Como si la realidad se jugara en las oficinas de Parker Brothers.

Caladas largas a cigarros interminables aportan incandescencia a la penumbra. En la cuna de la civilización europea, fumar es la única manera de protestar sin miedo a represalias. Y así desde 2010. Nubes de humo se tornan en nubarrones para la vida de nuestros protagonistas a medida que avanza el filme. Cuando se intuye la escasez de luz, la voz de la radio recuerda: “Otro día complicado el de hoy, ya que el personal de la compañía eléctrica sigue de huelga, y la posibilidad de un apagón general crece”.

Aparecen cajeros. Los mismos que sufren un corralito desde el pasado 29 de junio que reduce a 60 euros el máximo de efectivo por día que puede sacar un ciudadano griego. Es un dato curioso porque ya en 2011 nuestro padre de familia intenta sacar todo su efectivo y, en esta ocasión, sus cinco tarjetas de crédito le hacen un corralito propio que le escupe 20€. No había dinero entonces y tampoco sigue sin haberlo ahora. En los bolsillos de los griegos quiero decir. 

Son las 9 de la mañana y veo en el periódico que una compañía de sistemas de seguridad busca empleados. Rodeo la oferta y me dirijo a la oficina. Allí me piden que rellene una hoja con mis datos y, en un destello de suerte, alguien se ha dejado un manual de cómo aprender a afrontar una entrevista de trabajo en treinta minutos. Lo leo y le pongo ganas, pero parece que el tipo de recursos humanos la está tomando conmigo. Malakas. Como si yo tuviera la culpa de que la tasa de desempleo haya subido 17 puntos desde 2008. Al menos intento currar, no como mi colega el buscavidas.

“Caos por todas partes”. Es el contexto en que nos sitúa el director de Tungsteno, Giorgios Georgopoulos, pero la realidad y la ficción a veces visten como hermanos noventeros. Resulta que hasta una de las tácticas de guerra más famosas y misteriosas de los antiguos bizantinos también aparece. El fuego griego se adapta a los nuevos tiempos y jode a srilanqueses como lo hacía con los árabes en aguas de Constantinopla. Si se quiere entender Grecia, hay que hacerlo comprendiendo a sus minorías migrantes. Ya que Grecia y España, más unos cuantos países, son las puertas traseras de Europa.




Punto de ebullición: 54660C°


Master of puppets I'm pulling your strings
Twisting your mind and smashing your dreams
Blinded by me, you can't see a thing
Just call my name, 'cause I'll hear you scream
Master
Master
Just call my name, 'cause I'll hear you scream
Master
Master

(Maestro de marionetas, estoy tirando de tus cuerdas/ 
Retorciendo tu mente y golpeando tus sueños/ 
Cegado por mí, no puedes ver nada/ 
Sólo nómbrame, porque te escucharé gritar/ 
Maestro/ 
Maestro/ 
Sólo nómbrame, porque te escucharé gritar/ 
Maestro/ 
Maestro)


Una pistola. Dos llamadas. Un inoportuno apagón. Boeing 737 que cortan el cielo cada cinco minutos. ¿O es cada cinco segundos? No importa. Lo que trasciende de mirar arriba es ver cuánta gente sale hacia otras partes del mundo. Aunque el dinero viaje más rápido que las personas

Las relaciones entre nuestros protagonistas son posibles gracias a la tecnología. Es paradójico que ninguna de las que hacen sea una llamada salvadora. Todas empiezan con el fulgor de la esperanza y acaban extinguidas entre causalidades. En esta senda llegan los desenlaces. Una de las moralejas que deja Tungsteno es que la luz no es la salvación, ni siquiera el faro de la virtud – mal que le pese a Aristóteles. El Génesis también tiene algo de Apocalipsis. Extrapolado a la odisea de estos días, sustituyo al personaje que encabeza la foto por Alexis Tsipras: solo, desahuciado y esperando que lleguen los matones que le sumerjan – más si cabe – en el lado oscuro.

Otra película de obligada visión para complementar el mensaje de ésta es La Haine. La obra dirigida por Mathieu Kassovitz tiene un pedazo de espíritu en Tungsteno. Antes, me gustaría dejar constancia de la gran diferencia entre las dos películas: mientras en la francesa la policía es un elemento vertebrador de la historia, en la griega este cuerpo de seguridad del Estado es un actor al que se le presupone, pero no aparece en ningún momento.

El “caos” que aprecia nuestro buscavidas en su pequeño mundo de un barrio de Atenas, ¿es producto de la pérdida de identidad griega? Más preocupante es ver cómo Grecia desangra soberanía y sólo puede lanzar globos sonda que se quedan en mero atrezo

Hay una nostalgia especial en la narrativa cuando se usa un filtro blanco y negro. Antes hablé de la diferencia entre La Haine y Tungsteno. Las muchas similitudes entre películas comienzan por este efecto monocromo. El dramatismo – ya de por sí alto – en ambas se acentúa más por el contexto al asumir que, aunque tuvieran color, en estas dos obras seguiría predominando el gris. Gris cemento. La venganza es otro elemento que sale a relucir con intensidad: en un callejón, en una habitación vacía y en un ramo de orquídeas. Haine se traduce del francés como Odio. Tungsteno denota resistencia, pero si el calor es intenso acaba dejando marca. El futuro es un actor que ni siquiera se presentó a casting. Para quienes sólo pueden vivir al día, pensar más allá del ocaso es soñar. 

“¿Volverá la luz en algún momento?”, se pregunta Eleni Bourou. Ella no es parte de la ficción, sino que es ateniense y conoce de primera mano la situación que refleja la película. Al final de la obra, dice Eleni, “los espectadores se harán esta pregunta sobre una historia que gira en torno a una ciudad y sus habitantes que necesitan (ambos) ser valorados y empezar de cero”.

0 comentarios:

Publicar un comentario

 

Nuestro timeline

Resaca en Facebook

Recibe Resaca en tu email

Publicidad