Tocar en festivales a los veinte

En cuanto aparqué fui a por hielo para las cervezas y lo llamé. “Sí, qué pasa tío, ¿estás con esta gente?”. Ahí ya empecé a beber.
    Leo toca la guitarra detrás de Sixto | Carlos Preil, Proyecto 50

En un principio quedamos a las siete y media de la tarde, aunque luego sería a las nueve y cuarto de la noche, poco antes de que empezase el concierto.
Dentro del escenario principal de Ojeando solo puede haber vasos oficiales, unos de color azul, otros más grandes de color verde. La bebida ya es otra cosa. El segurata no me deja pasar con mi vaso de sidra. Intento colarle que soy de prensa, pero finalmente compro uno. Entro y vuelvo a salir para poder meter mi whisky. Sixto me ve bajar y me pega una voz.
«Dieron su último concierto el 12 de diciembre, en el Warehouse de Nueva Orleans» escribía Greil Marcus antes del prólogo de Escuchando a The Doors (2012). Yo esperaba que fuese el primero de muchos de los Loud Residents para mí.

Sixto, líder y vocalista, poco tiene que ver con Morrison. Quizás el pelo, quizás la pasión por la música y el gusto por determinado tipo de ella. Es risueño y bromista, muy alejado del oscurantismo de Morrison.
Acaba de terminar la prueba de acceso a la universidad, quiere estudiar Filología Hispánica. Es el pupilo del grupo. Sus otros dos compañeros de faena ya pululan por los pasillos de las cafeterías de las facultades. Juan, batería. Manu, bajo y guitarra. Este último es el único con novia. “Por ahora lleva bien el tema de la música y todo eso”. Los amigos de la banda los llaman “los Lou”. Uno de ellos los acompaña con la pulsera de artista. Se llama Leo, es quien me cogió el teléfono cuando aparqué y estudia Periodismo en la Universidad de Málaga. Carlos es su fotógrafo este fin de semana porque durante el festival van a desarrollar un proyecto conjunto: 50 fotografías hechas con un objetivo de 50 milímetros durante 50 horas.

Saludo al grupo y subimos al camerino. Segunda lucha externa contra el seguridad de turno que no sabe de qué va la cosa. Paso al final. Esto está a punto de empezar. “Nos hace un montón de ilusión y estamos como niños chicos”. Es su primer año en el escenario grande, el patio del colegio público de Ojén. Situado en el interior de Málaga, a unos 15 minutos en coche de Marbella, el pueblo está hecho en torno a una cuesta infinita. Cualquier malagueño que se precie en festivales tiene un cariño especial a su Ojeando, dicen. Este año falta un poco de ese cariño. Los puestos de comida no nos dijeron cómo salió el fin de semana. “Mañana por la mañana ya haremos números a ver qué tal”. Yo a la mañana siguiente no sabía sumar si no eran Ibuprofenos. Me da en la nariz que las cifras no serían muy buenas. Este año uno podía pasear por las callejuelas de Ojén, subir sus verticales pendientes sin prisa por no llegar a la primera fila del escenario Patio. Sin apretujones, sin obstáculos.

La ilusión de los jóvenes músicos tornó en incredulidad cuando vieron el catering del camerino. Se les notaba que en esto eran nuevos. Sus ojos lucían oníricos cuando llegó una chica bastante guapa de la organización diciendo que les correspondían dos botellas, que qué querían. Sixto pidió ginebra y Manu asintió. Juan pidió whisky y me salvó. Larios y Ballantines. La campana sonaba por segunda vez en un minuto.




−No bebemos antes de tocar, preferimos ir lúcidos.

Yo ya iba por la segunda y creo recordar que alguno de ellos se ponía la primera. Pongo a grabar y empiezo a preguntar. Hablamos del presente y futuro de cada uno, de sus planes. Les pregunto el nombre como cuatro veces. En el catering hay jamón, queso, pollo, patatas fritas y frutos secos. Seguro que había más cosas. Van cayendo las copas y resbala el sudor. El improvisado camerino, un aula de colegio fuera del periodo estival, nos obliga a quitarnos la camiseta si queremos que no se oxiden. Sixto no se la vuelve a poner hasta bien entrada la noche.

Bajan. Salen. Llego tarde por culpa del segurata, que busca a uno de organización para decirme que tendría que llevar otra pulsera para estar por allí pero que no pasa nada, que me quede con el grupo hasta que terminen.

Aquí se nota que no son nuevos. El viernes es el día más flojo por excelencia en el festival. Poco importó para que los noveles despuntaran sobre el escenario. Dicen que sus influencias son Arctic Monkeys, Iggy And The Stooges, The Smiths, Joy Division, The Cure, Sonic Youth, Pixies y demás. Su canción Zombie Kid me recuerda a los Misfits.
Sixto sigue sin camiseta. Toca la guitarra con una baqueta, se lanza al público y vuelve al escenario. "Sé cómo hacer ruido". Saltan sobre el escenario y el público los imita a ras de suelo. Tienen un estilo garaje y surfer que es más que bienvenido entre tantos grados. El calor también aprieta. Cantan en inglés, como todos sus grupos de referencia. Nos llevan a ritmos que las piernas aguantan porque tocan temprano. Quisiera vernos si tocasen a las tres de la mañana. Los pedales se mueven al mismo ritmo que lo hacen las cabezas de los incondicionales y amigos. Los Javi, María e Isas no se pierden una cita. Es frenético, no hay tiempo para pausas. Al final no hay tiempo ni para la organización. Cuando se despiden vuelvo rápido al camerino. Me esperaba el whisky, la comida y las sensaciones que deja un directo.


Los primeros en llegar son Carlos el fotógrafo y Juan, bañado en sudor. Juan es de Venezuela y le pregunto por el tema. No le gusta como pinta aquello pero tampoco se moja mucho. Carlos y yo hablamos de política y comunismo. Me recomienda que lea autores comunistas como Bakunin. Llegan Juan y Sixto. Siguiendo con el tema les pregunto por la falta de ideología en sus letras. “Mira la pulsera que llevo”. El cantante me pone a diez centímetros de la nariz una republicana. Casi alcanzo a lamer los goterones que caen de ella.

La organización no está contenta. Manda a uno de sus hombres a cargo del escenario. Ha sido un gran concierto dice, pero se han colado cinco minutos de más cuando él les estaba diciendo que cortasen. “Hay gente aquí que trabaja 14 horas cada día del festival",les explica bastante calmado, "y que vosotros os retraséis significa que ellos duermen menos”. La próxima vez les apaga los instrumentos, dice.
Pronto vuelve a subir la monada aquella de la organización. No trae más botellas, pero nos dice que nos tenemos que ir saliendo para que entre el siguiente grupo.

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