La ikurriña prohibida que legalizó el fútbol

Real Sociedad y Athletic recogieron la lucha del pueblo vasco en una imagen histórica |El Diario Vasco.

25 de octubre de 2014. Son las 15:00 horas y bajo a pie de campo para hablar con uno de esos amigos que regala el periodismo. El Estadio de los Juegos Mediterráneos contempla en silencio nuestra charla. De la vida, la cruel vida; no el fútbol. Recuerdo que el riego del césped dibujaba un precioso arcoiris. “Para ver el arcoiris has de soportar la lluvia”, escribí. “¡Mira quién aparece!”, me dice exaltado. Miro a la bocana de vestuarios y lo veo entrar. Como uno más del cuerpo técnico del Athletic Club. Como si acaso él pudiese ser un simple “uno más” del Athletic Club. Como si no hubiese estampado su nombre en la historia de Euskadi, José Ángel Iríbar le restaba atención al arcoiris.


Lo volví a ver tres horas después. Estaba feliz, había ganado su Athletic. Tengo por norma ética no pedir ninguna foto en zona mixta, independientemente del nivel de estrellato que tenga aquel que me saluda al otro lado de la cinta. Independencia, qué palabra con cuánto signficado. Aquel día era especial. Quedábamos pocos, muy pocos. Había salido todo el Almería, derrotado. Había salido todo el Athletic, victorioso gracias a Etxeita. O casi todo, faltaba él. 'El Txopo' asomó y lo paramos. Por delante de mí he visto desfilar a Messi, Ronaldo o Neymar sin inmutarme. Con Iríbar no podía perder la oportunidad. Una foto y un pin con el escudo del Athletic.

Rondaría el año 2004. Alberto aún estaba viviendo en el País Vasco. Cualquiera diría, tras pasar no más de diez minutos con él, que algún día jugó en un equipo de fútbol. Calidad tiene. No recuerda mucho. Era una especie de exposición de fútbol, o un centro comercial. Imagino que se acercaría más por la expectación que por otro motivo. Qué iba a saber él quién era Iríbar. Se aproximó y le comentó que jugaba al fútbol, que marcaba -o intentaba marcar- goles; función totalmente contraria a la de su reverenciado. “Para el mejor delantero del Basurto”, firmó en un papel la leyenda del Athletic.

5 de diciembre de 1976. A un mes de la visita de los Reyes Magos, un año después de la imposición de la Monarquía española de los Borbones, Donosti gritó libertad. Cuenta Quique Peinado en su Futbolistas de izquierdas que la decisión estaba consensuada. Partido de Liga española, derbi vasco. Real Sociedad vs Athletic Club. Atotxa como escenario. La muerte del dictador Franco reciente, el bloque fascista apelando al continuismo mientras los olvidados, perseguidos y asesinados ansiaban la ruptura democrática. Y entre medias, la Transición. Y entre medias, el estadio de Atotxa en San Sebastián, donde jugaba de local la Real, y un partido de fútbol que poco parecía tener que ver con todo aquello.

La Guardia Civil, acostumbrada a cuestionables maneras de actuación en tierras vascas, vigilaba el recinto a la vez que practicaba su propio deporte de riesgo en Euskadi tres años después del atentado mortal de ETA sobre Carrero Blanco. Eran otros tiempos. Tiempos de 'una y no cincuenta y una'. Saltaron al césped Real Sociedad y Athletic. Inaxio Kortabarria lideraba a los donostiarras; José Ángel Iríbar a los bilbaínos. Tras ellos diez futbolistas más por equipo y un no convocado, andando entre los capitanes al que no se le ve la cara, tapada por tela. Veintiún protagonistas secundarios de una fotografía histórica con 30.000 espectadores. Tras tanto dolor, tanta censura y tanta represión, los dos capitanes muestran a toda España la realidad oculta entre esa verdad impuesta: una pequeña ikurriña que acompaña a Kortabarria y al 'Txopo' hasta el centro del campo. Una bandera prohibida legalizada en práctica nada más salir del túnel de vestuarios.

El plan no fue sencillo. La discrección debía ser máxima. Un símbolo prohibido debía abrirse paso entre toda la seguridad de una España fascista para llegar al mundo libre en uno de los lugares donde más se ensañó la represión franquista, el País Vasco. Explica Iñaki Izquierdo, redactor de El Diario Vasco, que la encargada de confeccionar la bandera fue la hermana de José Antonio de la Hoz Uranga, futbolista de la Real Sociedad, quien ese día no fue convocado para el derbi. Sí lo fue para una causa mayor, ideada por él mismo: introducir la ikurriña en el Estadio. El destino quiso que la Policía Nacional se parase en su camino; en el camino que iba desde su casa en Zarautz hasta Atotxa, unos 20 kilómetros. Por suerte para la historia el primer escollo fue salvado.

Para el éxito del plan, con Josean de la Hoz a la cabeza, fue clave el llevarlo en secreto hasta una hora y media antes del partido. Llegó el Athletic Club al estadio de Atotxa y ambos vestuarios se convirtieron en asambleas populares. El capitán realista Kortabarria fue al visitante y les comentó la idea a los leones. Según comentan Iríbar y López Ufarte, delantero realista en aquel 5 de diciembre, en una charla en El País, la consigna estaba clara: si alguien hubiese dicho 'no', no se hubiera hecho. Ambos vestuarios, llenos de canteranos vascos, dijeron 'sí'. Habían mamado represión. Ahora la combatían con un balón de por medio y una bandera por delante.
|Hemeroteca ABC.

Saltaron ambos equipos. Ambos capitanes al frente y de la Hoz tras la ikurriña. Ninguno de los grises apuntó el gatillo y el encuentro se disputó. La Real ganó 5-0. “Lo cierto es que para mí ha sido el derbi que ha dejado mejor recuerdo en mi memoria futbolística. Y eso que perdimos 5-0”, declaró Iríbar a El País. Para ABC la verdad seguía siendo única y estaba en su poder. “Atocha: emoción y goles”, tituló el diario. En la crónica, ni una referencia a una bandera franjirroja que para el régimen -ya monárquico- seguía sin existir.

La bandera vasca fue adoptada por el Gobierno de Euskadi por primera vez el 19 de octubre de 1936, durante la II República. Poco después, tras la victoria en la Guerra Civil del bando nacional, fue prohibida. El partido de Atotxa significó un empujón a la libertad. El 19 de enero de 1977, un mes y medio después del derbi vasco, la ikurriña fue legalizada. Ninguno de los futbolistas allí presentes se las tuvo que ver con la justicia por sus hechos, entonces muy comprometidos, extralimitados al margen de la ley. Iríbar y Kortabarria se convirteron en emblemas de Euskadi.

Entre los dos capitanes, tapado en la foto y en la historia, se encontraba el ideólogo. El futuro de Josean de la Hoz fue más turbio ya desde el minuto uno tras caminar detrás la bandera entre los dos capitanes. "Kortabarria e Iribar se quedaron allí, pero yo tenía que volver a vestuarios y los dos policías nacionales me dijeron algo así como que eso no iba a quedar impune”, declaró en una entrevista en 2010 a Noticias de Guipuzkoa. “Era el año 1976, no había cuajado la democracia, estábamos en esa época de transición y el pueblo vasco estaba luchando por sus reivindicaciones. Nosotros también éramos el pueblo”.

En 1978 se marchó de la Real. Tras dejar el fútbol se convirtió en abogado de la izquierda abertzale. 18 años después de que Iríbar mostrara al mundo la ikurriña maldita, de la Hoz fue condenado por la Audiencia Nacional a ocho años de cárcel por mediar en el secuestro, a manos de ETA, del empresario vasco Andrés Gutiérrez Blanco. Josean solicitó el indulto y volvió a casa tras seis meses de privación de libertad. En 2009, tras quince años de trámites judiciales, el Gobierno español le concedió el definitivo perdón.

El camino de Iríbar fue bastante diferente. Al 'Txopo' aquel derbi le llegó al final de una carrera espléndida en la que logró en 1964 la única Eurocopa que la selección española de fútbol regentaba hasta 2008. Lo hizo con 21 años, como titular, en una final en Madrid ante la Unión Soviética. Un triunfo que fue descrito por Vázquez Montalbán como: "La victoria [del franquismo] sobre el enemigo de fondo, la exportadora de la revolución mundial, de la monstruosa hidra cuya cabeza hemos cercenado en 1939". El meta había debutado con el Athletic tan solo un año antes, en 1963. 

El Bernabéu recibió con esta pancarta a la URSS |Marca.
Iríbar defendió la portería de San Mamés hasta 1980. Dejó la portería, que no el escudo; pasó al banquillo. Desde 1982 hasta 1986 estuvo dirigiendo al filial bilbaíno en Segunda División, consiguiendo un subcampeonato de liga y olgadas permanencias. Para la temporada 1986-1987 le llegó la oportunidad del primer equipo tras el despido de Clemente. Según explicó El País, tras una buena primera vuelta, en la segunda los leones tan solo cosecharon dos victorias, llegando a disputar los playoffs de un descenso que finalmente sorteó. El 'Txopo' no podía ser el primer entrenador en descender a Segunda con el Athletic. En 1992 a su cargo quedó la selección de Euskadi.

Destacó también su faceta política tras el episodio de la ikurriña. En 1978 entró a formar parte de la Mesa Nacional de Herri Batasuna. En 1979 entró al órgano dirigente elegido por la asamblea de Vizcaya, organización de la que se acabaría desligando poco después. En 2010 abandonó también la selección vasca de fútbol tras 18 años en los banquillos. Hoy Iríbar acompaña a Valverde y a su Athletic por los campos de España y Europa, en segundo plano. Siempre con un pin de sobra por todos los aficionados al fútbol, y a la libertad, que se encuentra por el camino. “Para la próxima, una ikurriña”, se me olvidó comentarle.


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