Antón Losada: ''Rajoy es muchísimo más listo de lo que parece''

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Diez de la mañana. El marco de la entrevista es espléndido: restaurante del hotel Maestranza, el paseo marítimo a un lado, la plaza de toros de la Malagueta al otro y la estatua de Cánovas del Castillo entre ambas localizaciones. Antón Losada (Lugo, 1966) desayuna café, algo de fruta y tarta de manzanas. "Siempre que hay cojo las tartitas estas, y sin café no soy persona". Durante la entrevista se toma una taza, ya llevaba dos antes. Lee prensa para hacer tiempo hasta que llego. El periodista se encuentra en Málaga donde el día anterior protagonizó el coloquio 'periodismo a tragos', promovido por la Fundación Manuel Alcántara. Y con semejante nombre para un ciclo Resaca Cultural no podía faltar.

Leo en tu perfil en eldiario.es que eres de A Mariña de Lugo. ¿Cuándo sales por primera vez de Galicia para hacer periodismo?
Salgo cuando voy a hacer el bachillerato a A Coruña y la carrera en Santiago. He combinado siempre mi actividad académica con la presencia en medios de comunicación. Pero yo de Galicia no he salido nunca. Viví temporalmente en Madrid un par de años, mientras era el director general del grupo Radio Voz pero ya no me he vuelto a ir nunca. Entro y salgo.

¿Entras en el periodismo por la política o en la política por el periodismo?
Entro en el periodismo porque siempre me ha gustado. Empecé haciendo radio en Radio Catro, que era la emisora en radio nacional en Galicia, en gallego, que se cerró con la excusa de los recortes en los años 90. La excusa de los recortes no es de ahora, es de siempre… Empecé haciendo programas, me dedicaba más a la gestión cultural y a la música. Poco a poco, conforme iba orientando mi actividad académica hacia la ciencia política, me fui dirigiendo hacia el análisis político y el comentario de la actualidad, que siempre ha estado muy vinculada a mi trayectoria docente. El paso a la política tuvo que ver con un momento de cambio que se estaba dando en Galicia, una Galicia que siempre había sido gobernada por el Partido Popular. Se abrió una expectativa de cambio en la que yo contribuí en alguna medida y creía que era algo que tenía que hacer, que siempre me planteé como una situación temporal. Nunca pensé en quedarme allí, y que tan pronto considerase que mi ciclo había terminado pues volvería a lo que era mi actividad natural -que es lo que me gusta hacer-; por un lado la ciencia política y por otro el análisis de la actualidad en los medios de comunicación. Más que nada porque creo que la universidad tiene que estar en contacto con la actualidad. Es algo que cuando he estudiado fuera, en Estados Unidos e Inglaterra, ves que los politólogos hacen con mucha naturalidad: la presencia en los medios de comunicación para explicar y transmitir su conocimiento. Creo que la ciencia política debería hacer con más frecuencia y naturalidad. Lo más normal en una noche electoral en esos países es ver todas las televisiones y cadenas de radio llenas de profesores de ciencia política explicando los resultados a la gente.

¿Qué opinión te merece que muchos politólogos estén entrando a formar parte de partidos políticos en España?
Bien. Creo que es bueno que gente que ha dedicado buena parte de su vida a formarse en el funcionamiento de la política y en el funcionamiento de las instituciones se incorpore a la política. Igual que es bueno que gente que ha estudiado Derecho se incorpore a la abogacía y gente que haya estudiado Medicina se incorpore a la práctica de la medicina. Espero que algún día esa pregunta dejen de hacerla, que para eso entre otras cosas se estudia Ciencia Política. Además me parece interesante la irrupción de muchos politólogos en los medios de comunicación.

No sé si la carga ideológica que han perdido los partidos, los politólogos se la pueden devolver… 
Eso el tiempo lo dirá. Más que la pérdida de la ideología es que en muchos partidos el éxito electoral se basa en una estrategia que te desdibuje ideológicamente para intentar ampliar al máximo tu base electoral. Es la famosa tipología del 'partido atrapalotodo'. Creo que eso tiene más que ver con las estrategias electorales y con la búsqueda de mayorías a que si se dedican politólogos a la política.

Antón Reixa dijo que inaugurabas la cultura democrática de la dimisión en 2007. ¿Por qué llega esa desavenencia por la política?
Primero porque consideré que no tenía mucho más que aportar, segundo porque ya te dije antes que mi paso fue siempre temporal, no tuve intención de quedarme en la vida política, y un conjunto de factores personales que dijeron que era el momento de abandonar.
Mi continuidad generaba más problemas que soluciones. Además tuve una serie de problemas con mi jefe de gobierno, algún problema judicial por un problema de rotulación en la Xunta de Galicia que tuve que acabar declarando ante un juez denunciado por mi socio de gobierno. Pero cuando yo dimito ya estaba todo cerrado y archivado. Sinceramente fue una combinación de esos dos elementos, consideré que por una u otra cosa ya no pintaba mucho allí. Soy de los que necesitaba saber que cuando se levanta a hacer algo, es porque ese algo va a reportable algún beneficio, no sólo económico. La satisfacción de hacer algo que te apasiona, que te gusta.

Fuiste el número dos del vicepresidente entre 2005 y 2007. ¿En ese alto cargo se sienten las presiones por parte de poderes económicos?
Sí, pero tengo que decirte que son presiones perfectamente soportables. De todas las cosas que hice y tuve que asumir, las presiones de eso que se llama los grupos financieros y económicos nunca me resultaron agobiantes ni extraordinariamente difíciles de resistir. Cuando uno está, en un país como España, al frente de una administración pública es impresionable. El poder y la capacidad que tienen las administraciones públicas te blindan contra cualquier tipo de presión. El que alegue “es que hice esto o hice lo otro porque estaba muy presionado por grupos ajenos” simplemente está poniendo una excusa.

¿Cómo era tu relación con los periodistas durante esos dos años?
Fue tensa por dos razones, sinceramente. Primera porque los periodistas están poco acostumbrados a que les lleves la contraria, especialmente en ruedas de prensa y en comparecencias. Y segundo porque nosotros tuvimos un entorno mediático bastante hostil. Pero curiosamente fue más tensa con los medios públicos, la radio y la tele, donde se decía que yo tenía un poder absoluto. Ahí es donde realmente tuvimos serios problemas con nuestro socio de gobierno, el Partido Socialista, y con la línea que habían adoptado en la televisión pública los servicios informativos. Era una cosa realmente surrealista e infantil. En las informaciones del telediario a los miembros del gobierno del BNG se les eliminaba de los planos. Era una cosa realmente ridícula y absurda. Una especie de stalinismo del siglo XXI totalmente ridículo. Pero no fueron especialmente fluídas las relaciones con la prensa. Yo también asumo que tuve mi parte de culpa y responsabilidad.

¿Cómo es gobernar con el PSOE?
(Risas). Cuando se dice que en España no hay cultura de los gobiernos de coalición se dice una gran verdad. No se acaba de entender lo que es un gobierno de coalición. Se entiende normalmente como una especie de mal pasajero que hay que soportar para volver a tener la mayoría. Y no es así. Hay que acostumbrarse que lo anormal es tener gobiernos con grandes mayorías. Y uno de los grandes signos de modernidad que va adquiriendo la política española en relación con los países de nuestro entorno es que los tiempos de las grandes mayorías no van a ser la normalidad, ni van a ser fáciles de mantener si vuelven a pasar. Hay que entender que gobernar en coalición no es una situación excepcional que me toca y tengo que pasar una legislatura y luego voy a volver a la mayoría. No, no. Vamos a tener que acostumbrarnos a gobernar en coalición la mayor parte del tiempo. Entonces un gobierno de coalición tiene que tener unos mínimos de compromiso y lealtad entre los socios para que funcione. Mal si entras en la colación pensando que vas a hacer todo lo posible para fastidiar a tu socio porque tu objetivo fundamental es aumentar el número de diputados a su costa. Al PSOE le falta mucha cultura de coalición y le sobra mucha soberbia a la hora de gobernar.

Lo que más me está sorprendiendo del tránsito del bipartito al cuatripartito, si es que al final se produce, es que vamos a una situación donde los dos grandes partidos tradicionales ya no van a tener ese dominio aplastante y dominador que llegaron a tener. Por ejemplo, en las elecciones generales es posible que se repita algún escenario parecido al que estamos viviendo ahora en muchas comunidades autónomas y ayuntamientos. Ninguno de los dos tiene mayoría y el que encuentre antes socio, gobierna. Lo más sorprendente es que mientras la gente está bastante preparada para gobiernos de coalición, como así lo muestran las encuestas, son los partidos los que no están preparados. Este espectáculo al que estamos asistiendo en las negociaciones de estas semanas, que imagino que al final todo acabará bien, transmite una sensación de amateurismo, de que no tenían este escenario preparado, de que van a las reuniones a ver qué se les ocurre, cada día salen con una condición nueva… Es un espectáculo un poco infantil. Me parece asombroso que ningún partido tuviese preparado este escenario cuando era evidente que se iba a producir. Estaba leyendo los periódicos y lo de hoy es un show, cada uno sale con una cosa. Ciudadanos dice que si se aceptan las propuestas de Podemos ellos no pactan, Colau dice que no va a seguir a ERC, por Moncloa pasa todo el mundo menos Pablo Iglesias vaya a ser que nos rompa algo… Es todo sinceramente muy amateur.

¿Esa entrada de nuevos partidos aumentará el control sobre concesiones de contratos y transparencia?
Sin duda. Los parlamentos que no tienen mayorías claras, son parlamentos que, si quieren, pueden controlar muy bien y mucho a un ejecutivo.

Hay mucha gente que ve el nacionalismo regional como fuerzas excluyentes y no de manera emancipadora.
Primero porque hay una estrategia en buena parte de los medios de comunicación y en el partido del gobierno, el Partido Popular, para retratar así al nacionalismo. En la segunda legislatura de Aznar y en las dos de Zapatero ese fue el eje fundamental, junto con el terrorismo, que se cogió para hacer oposición. Acuérdate que se decía que Zapatero rompía España todos los días, que estaba secuestrada por el nacionalismo excluyente. Entonces a mí me parece hasta cierto punto normal que cierta gente comparta o acabe interiorizando una imagen que se le repite todos los días. Pero igual que interioriza esa, también lo hace con que Puyol y Arzalluz son grandes hombres de estado que fueron capaces de pactar con Aznar en su momento. Una de las cosas más preocupante que ocurre en la política en estos momentos, más allá de estas caricaturas que creo son fácilmente reversibles, es que no se acaba de entender que la demanda nacionalista que existe en Cataluña, en Euskadi y en menor medida en Galicia no es un invento de los partidos que la representan, sino que responden a una demanda social. Y que hay toda una nueva generación de votantes que la relación y el esquema de ordenación territorial y de equilibro de poderes que se establece en la constitución del 78 les parece que no es suficiente y quieren una nueva fórmula, un nuevo pacto, un nuevo acuerdo. Y cuando no hay esa disponibilidad pues prefieren irse. Y eso no es un invento de TV3, ni de la televisión vasca ni de los partidos. Es que esa demanda social existe. Estamos en un país que tiene una constitución que ha pasado de ser un instrumento facilitador a convertirse en una barrera para todo, y eso no es sostenible. La política es como el agua: antes o después desborda.

¿Desde Galicia se ve con envidia sana la situación que se ve en Cataluña y en Euskadi?
Yo como nacionalista por supuesto. A mí me encantaría estar en esa situación. He votado nacionalista toda mi vida y es lo que pienso seguir haciendo.

Es una comparación recurrente que primero nunca se ha correspondido con la realidad y segundo que al nacionalismo gallego a veces le ha hecho más mal que bien. Cuando eres un partido que no eres ni por mucho el mayoritario y se te compara sistemáticamente con otros partidos nacionalistas que sí son mayoritarios y sí han gobernado la mayor parte del tiempo sus comunidades autónomas es muy difícil mantener ese paso y esa velocidad. Meternos en un paquete ha tenido muchas ventajas, pero también para el nacionalismo gallego ha tenido un coste alto. Porque claro, tú que no gobiernas y que no eres el mayoritario, estás continuamente a ofrecer las mismas prestaciones que partidos que son mayoritarios y que gobiernan.

Antón Losada rodeado por Manuel Alcántara y Teodoro León Gross antes de participar en la tertulia 'Periodismo entre tragos'. | Fuente de la fotografía: Diario Sur.

Dentro del panorama nacional. Si PSOE y Podemos no acercan posturas, ¿qué mapa político se plantea?
Bueno va a depender de los sitios. En las autonómicas y municipales habrá sitios donde los números den para eso y sitios donde no. No va a haber una situación homogénea. Sí creo que el PP va a ser el gran beneficiado de la falta de ese acuerdo. Creo que el Partido Socialista, como Podemos, como Ciudadanos, como Compromís, como todos esos partidos deberían entender que la gente no ha votado pensando en unas generales, que lo que tienen que resolver es el problema que se le ha puesto sobre la mesa, gobernar ayuntamientos y comunidades autónomas. El tacticismo sería ahora una mala estrategia y un grave error, tendría un grave coste electoral. Entre otras cosas porque le daría una mucha credibilidad a uno de los ejes del Partido Popular, que es "o nosotros o el caos".

¿Por qué no se crea empleo estable y de calidad? ¿Es algo intencionado o es porque el sistema está realmente colapsado?
Creo que es algo muy intencionado. Primero, para desarmar gran parte de los servicios públicos, la sanidad, las pensiones, necesitas un mercado laboral lo más débil y desestructurado posible porque eso te facilita dos cosas: una poder decir que no es sostenible. En un mercado laboral estabilizado el actual sistema de pensiones es sostenible, en el actual mercado laboral no. Y segundo que uno de los factores que ha contribuido al desarrollo del estado de bienestar, como son las asociaciones sindicales y de los trabajadores, estén en una situación de extrema debilidad. Entonces digamos que todo son ventajas. Aparte de garantizar un margen de beneficios a las empresas.

Es intencionado en la medida en que el empleo ya no es un derecho, ahora es un factor de producción que se usa y se tira. Esa concepción en la que se ha trabajado donde todos los sectores están cada vez más regulados, marcos estables de relación laborales, convenios colectivos… es una de las consecuencias de lo que está pasando y de las que menos se habla, es que apenas un tercio de la población con algún tipo de trabajo está cubierta ahora mismo con un convenio colectivo. Vamos a un modelo en el que la relación laboral es una relación entre el trabajador individual y el empresario. Eso es una relación desequilibrada siempre. El trabajador apenas tiene poder y el empresario tiene todo en sus manos. Mucha gente dice que eso es volver al primer capitalismo, y no. Eso es volver a mucho antes, porque el bien que el trabajador pone en el mercado ya no tiene valor porque lo primero que te dicen es que si no lo coges tú, lo cogerá otro. Y segundo si nadie lo coge aquí, me voy a donde sí lo hagan. Sin embargo en eso que se llama primer capitalismo, el capitalismo que impulsó la revolución industrial, el bien que ponía el obrero encima de la mesa sí tenía valor, no estaba la opción de “cojo mi fábrica y me voy”.

Siempre ha parecido que en España no hay conciencia de clase.
Yo creo que no es tanto un problema de conciencia de clase, que también lo hay, sino que aquí se han producido dos fenómenos curiosos. Uno que mucha gente ha equiparado tener una hipoteca con ser propietario, cuando son dos cosas diferentes. Cuando uno es propietario tiende a ubicarse en una clase que no es la suya. Más que conciencia de clase, creo que hay mucha gente que no sabe en qué clase está, o se autoubica en la clase equivocada. No es un problema de hoy, es un problema de un fenómeno que me resulta más sorprendente, y es que este país olvida muy rápido de dónde viene. Todos hemos olvidado muy rápido cómo era España en los años 70 y 80. Este era un país pobre, miserable, sin un sistema de sistemas públicos, donde la riqueza estaba horriblemente repartida, donde no había un sistema sanitario ni educativo públicos que pudiera recibir tal nombre, no había un sistema de pensiones. Muchos hemos olvidado demasiado rápido cómo éramos hace 30 años y hemos olvidado lo que nos costó llegar hasta aquí.

¿El alto número de funcionarios que tiene España puede influir en esa desubicación de clase a la que te referías?
Tampoco hay tantos funcionarios. Ni de lejos España es el país de Europa con más funcionarios. Estamos en un nivel muy similar a países con los que nos comparamos habitualmente. Alemania tiene aproximadamente el mismo número de trabajadores del sector públicos que nosotros. Estamos muy por debajo de Francia y no digamos de los países escandinavos. Tenemos la mitad de funcionarios por cada 100 habitantes que tiene Suecia o Dinamarca, que está tan de moda últimamente. “Queremos ser como Dinamarca”, pues para ser como Dinamarca tenemos que duplicar el número de trabajadores en el sector público. Yo creo que tiene más que ver con la cuestión de la propiedad.

El presidente del fondo estadounidense Blackrock, Laurence Fink, dijo en el Foro Económico de Davos que “hay que educar al pueblo para que vote al líder correcto”. ¿Ha pasado algo parecido aquí con Ciudadanos?
Es innegable que Ciudadanos ha dispuesto en el último año de un apoyo mediático y por parte de poderes financieros y corporativos evidente. Pero no estamos destapando ningún secreto de estado. Es una opción que, por las razones que sea, ha sido escogida como la opción a apoyar y a promocionar. Yo creo que sí, que tiene mucho que ver con eso. ‘Como esto que la gente está votando no nos gusta, pues vamos a ponerle algo que vaya a recoger a esa gente que no está votando algo que a ellos no les gusta pero que a nosotros sí’.

En 2013 presentas ‘Piratas de lo público’ en Ferraz y lo presentas con Rubalcaba. ¿Rubalcaba no es uno de esos piratas de lo público?
Yo creo que el Partido Socialista ha jugado un papel decisivo en: a) la creación y el impulso del estado de bienestar; y b) en el inicio de su desmonte. Pero creo que juega un papel bastante más activo en el desmonte del sector industrial público. Al PSOE hay que atribuirle el inicio de los procesos de privatización de las grandes empresas públicas. El desmonte de los monopolios en servicios claves como los transportes, las comunicaciones, la energía. Creo que ahí su responsabilidad es indudable, y sentó las bases de lo que después remató el Partido Popular. En el terreno de los servicios públicos básicos su papel ha sido más ambivalente. Sí creo que han interiorizado con demasiada facilidad el discurso favorable a la sanidad privada, creo que sí han sido más contundentes en la defensa del sistema de pensiones, en el sistema de la seguridad social y después en el asunto de la educación concertada hizo lo que se podía hacer en aquel momento de la Transición. Eso que se dice de por qué no es posible un acuerdo sobre educación en España. Pues porque no hay consenso social, porque hay dos grandes polos: gente que cree que lo fundamental es que se garantice la libertad de elección y luego estamos los que pensamos que hay que impulsar la escuela pública. Y es muy difícil generar un gran pacto en torno a eso.

Creo que el PSOE ha tenido responsabilidades en cuanto al tema de los monopolios de los servicios públicos pero no tanto en el del estado del bienestar. Y bueno, mi amigo Pérez Rubalcaba ha tenido mucha responsabilidad en el gobierno pero nunca ha estado cerca de esto. Yo creo que el principal responsable de lo que hizo el PSOE en materia de sector industrial público es Carlos Solchaga, y luego un responsable vigilante como el presidente del gobierno es esos momentos que había decidido el apoyo a esas medidas. Ese fue el gran error del Partido Socialista en los años 80. Sin embargo marcaron una diferencia con el Partido Popular. Compartiendo la esencia de base, esa cierta mística hacia la gestión privada en lugar de la pública, quien remata y privatiza totalmente los servicios públicos básicos como las comunicaciones y la energía es el Partido Popular. Y esa es la gran diferencia de lo que ha pasado en España y lo que ha pasado en Europa. Es cierto que todos los países de Europa han puesto en el mercado parte de lo que eran sus empresas públicas estratégicas, pero el único país que se ha desprendido totalmente de ellas ha sido España. Y eso es logro del PP.

¿Esa falta de consenso social puede ser porque la Guerra Civil no está superada del todo?
No, no tiene nada que ver. Somos una sociedad que se ha polarizado como lo han hecho las sociedades de nuestro entorno: la inglesa, la francesa, la italiana e incluso la alemana. Tiene mucho más que ver con el avance y consolidación del estado de bienestar y que ha ido ganando peso en la agenda, en la toma de decisiones y en el voto la cuestión fiscal: a cuánta parte de mi sueldo estoy dispuesto a renunciar para que eso genere servicios y políticas públicas. En este momento estamos en sociedades que se han polarizado en dos grandes bloques. Uno que dice ‘hasta aquí hemos llegado, vamos a volver hacia atrás’. Eso que decía Ronald Reagan de “Rolling back the stage”. Y otro gran polo social, político y de pensamiento que dice que hay que seguir avanzando. Y eso es lo que ha pasado en España. Pero no es algo extraordinario ni raro, está sucediendo en todos los países de nuestro entorno donde hemos llegado a un nivel de desarrollo socioeconómico. Incluso es sano, es política.

Lo que es realmente extraordinario es el intento en los últimos años de hurtarnos ese debate. Darnos por hecho la opción de ‘esto no es sostenible, no podemos seguir por este camino y no lo vamos a discutir ni un minuto más porque no hay otro remedio que este otro camino’. Eso es lo que hay que reivindicar. Más que escandalizarse porque haya gente que no quiere pagar impuestos, que no haya sanidad pública, lo que hay que hacer es reconocerlo y plantear el debate en términos políticos. Tú quieres eso y yo no. ¿No podemos llegar a un acuerdo? Votamos, y cada cuatro años vemos hacia dónde vamos.

¿Podemos confiar en la honorabilidad de Mariano Rajoy?
Personalmente creo que sí. Lo conozco desde hace muchos años… Iba a decir que pongo la mano en el fuego (risas). Pero sinceramente desde el punto de vista personal no creo que haya nada que reprocharle, otra cosa es desde el punto de vista político. Primero por el tipo de políticas que hacen, donde yo me sitúo totalmente enfrente, y segundo su actitud de tolerancia y encubrimiento con la corrupción, donde es igual de responsable. No es Bárcenas, pero es tan culpable como él.

¿Y es más listo de lo que parece?
Sin ninguna duda, muchísimo más. Tienes que plantearte una cosa: no hay presidente que haya conseguido acumular el poder económico que tiene Mariano Rajoy, en todos los ámbitos. Ningún presidente ha tenido un gobierno tan a su servicio como lo ha tenido él, ningún presidente ha tenido el control del partido que tiene él, ningún presidente ha tenido el peso que tiene él en los medios de comunicación, en el poder judicial. Ya le gustaría a Aznar haber llegado a tener la relación que tiene ahora Moncloa con los medios de y con determinados grupos de comunicación. Es el momento de asumir que eso por casualidad no se consigue. Rajoy es un político hábil, tenaz, muy buen estratega, gestiona muy bien el tiempo, es ambicioso, tiene claro lo que quiere hacer y lo hace. Rajoy siempre tiene un plan y tiene la capacidad y la disciplina para sacarlo adelante. Sí creo que es un rival al que hay que aprender a temer y respetar. Y precisamente esa ha sido una de sus grandes ventajas. Casi nadie lo ha temido ni respetado, y han descubierto lo que era pero era tarde porque estaban muertos. Creo que Esperanza Aguirre o Aznar o mucha gente a la que ha ido eliminando a lo largo de su vida ahora se estarán dando cuenta.

¿Se ha rodeado de los mejores o de los más dóciles?
Se ha rodeado de gente dispuesta a hacer lo que él quería hacer, entonces construye un equipo de gobierno muy cercano a él, es gente de equipo. Pero no creo que sea un líder que estimule la docilidad. No es un perfil de un Aznar, o de un Fraga. De todas maneras el tema ese de los mejores en la vida pública, más allá de cualidad que pueda tener el líder A o el B para rodearse de gente buena, hay un problema. Y es que la gente buena se lo piensa mucho antes de entrar en un ente público en este momento. Primero porque normalmente pierdes, y no sólo ingresos económicos, sino nivel de vida, intimidad, y segundo es que en estos momentos es una labor muy ingrata. El coste que uno asume cuando da el paso de incorporarse a un puesto de responsabilidad público es enorme, tanto para ti como para tu familia, para todas las personas que te rodean… Yo ahora mismo si alguien me ofreciera entrar en política le diría que no porque realmente el nivel de deterioro y el maltrato colectivo al que estamos sometiendo a la gente que está en el servicio público y a la gente que está en la política, hace que quien tiene capacidad y una posición se lo piense mucho. Ahora viene mi hermano y me dice que se mete en política y yo me plantearía separarme civilmente (risas). No, porque en este momento no sólo estaría él bajo el escrutinio público, sino que es todo: tu familia, el colegio al que llevas a tus hijos… Que igual tiene que ser así, pero también igual tenemos que plantearnos unos límites. Sí creo que tenemos que plantear una reflexión colectiva sobre, no tanto los límites del escrutinio, sino hasta qué punto vale todo con tal de tumbar a la gente. Llega un momento en el que se plantean situaciones kafkianas: tienes que responder por tus cuentas, por las de tu mujer, las de tu hermano, las de un primo tuyo lejano que contrató un servicio con no sé qué administración… Es que claro, necesitamos unos límites. Ahora mismo el principal problema es el deterioro al que está sometido eso que llamamos el político. En este momento, el que toma la decisión de dejar un trabajo en el ámbito privado donde puede ser una persona extraordinariamente respetada, valorada y con una gran consideración social, está tomando un oficio que no le va a dar nada de eso. Es una profesión muy costosa, se renuncia a demasiadas cosas.

¿Qué te parece el fichaje de David Jiménez como director de El Mundo?
No lo conozco, pero la primera medida que ha sido prescindir de Salvador Sostres me parece extraordinariamente inteligente. Así que si sigue por ese camino es probable que El Mundo gane un lector.

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