Todo lo que no quiso ser Mágico González

Cualquier domingo en el Carranza entre el 82 y el 91. El público pide a gritos que Jorge juegue, aunque no estuviese ni convocado. No entrenaba durante la semana, sólo quería jugar, tocar el balón y atacar a meter goles. David Vidal, entrenador que sufrió a uno de los jugadores más espectaculares que han pasado por nuestra liga, lo sabe de primera mano. Nueve años soportó las idas y venidas de Mágico. Tres como primer entrenador y cinco como segundo. El primer partido de Vidal en primera fue contra el Espanyol. Lo recuerda porque González se acercó a él preguntando si estaba nervioso, intentando calmarlo.

Antoni Daimiel recuerda el reportaje que hizo sobre él como algo que lo marcó. La manera de tomarse la vida, su comportamiento, hizo al periodista plantearse aspectos de su propia vida. La solidaridad y la caridad, independientemente de la situación de cada uno, cobraron importancia para el periodista. “Alguien que para los parámetros sociales no debería dar ejemplo de nada por su estilo de vida y por cómo ha desaprovechado oportunidades, me pareció que humanamente era una persona muy rica” llegó a decir.

Nació en la capital de El Salvador en mitad de la agitación política que, como en otras muchas regiones latinoamericanas en los 60 y 70, sufría el país. Ante la boca del lobo que suponía la inminente guerra civil salvadoreña, Jorge González huye a España para, después de no entrenarse en toda la semana, presentarse el sábado a los partidos. El equipo ya estaba hecho. No fue convocado, claro. Tras el entrenamiento del día siguiente esperó al entrenador para decirle que no tenía ni idea de fútbol. Su clase con la pelota era tan grande como su soberbia. Sacó un paquete de Winston y le dio 15 pataditas sin dejarlo caer al suelo. "Ahí te quedas", le soltó a Vidal, y se fue. Maradona llegó a decir que el Mágico era mejor técnicamente que él porque le daba con las dos piernas.

“Fumaba y bebía, pero yo no me metía en su vida. Era un infeliz, un incauto, pero también una buena persona, nunca alzaba la voz. Lo que pasa es que de 30 días que tenía el mes se entrenaba 15. Decía que había tenido muchas cosas que hacer y que no podía entrenarse”. Palabra de entrenador. Todas las mañanas, un empleado del Cádiz lo buscaba para despertarlo y obligarlo a ir a entrenarse después de sus continuas juergas nocturnas. En todo el tiempo que Mágico estuvo en España, 8 temporadas y media las pasó en el Cádiz. La otra media en el Valladolid, donde nunca iba más de dos días seguidos a entrenar. En un momento de su paso por la tacita de plata, llevaba dos años sin ver a los padres cuando el Cádiz decidió traerlos desde El Salvador. Pasaron dos semanas y seguía sin ir a verlos. Decía que no tenía tiempo. 

Los que lo conocían, seguramente gente poco recomendable de bares nocturnos, dicen que siempre llevaba mucho dinero en los bolsillos. Invitaba en los bares, daba dinero a los hijos de desconocidos. Que tuviese más cuidado, que pensase en el futuro, le decían. Pero ya tenía pensado qué iba a hacer cuando el circo del fútbol acabase para él: sería conductor de autobuses en San Salvador. Y lo decía muy en serio.

El Atalanta quiso ficharlo una vez. Pero González se sentía cómodo en la bahía gaditana. La gente y el sur se acomodaban a su forma de vivir y a su manera de enfrentarse al día a día. Se quedó en el club gaditano hasta el 6 de junio del 91, tras un año duro en el que apenas jugó. María del Carmen Coca lo denunció en julio de 1989 por violación. Cuatro mil pelas hicieron que el jugador saliese bien parado judicialmente. La moral iba por otro camino. Volvió al salvadoreño FAS, del que salió hacia el Cádiz por siete millones de pesetas. Allí jugó hasta la entrada del nuevo milenio, año en el que la selección nacional lo llamaría por última vez, y cuando Jorge González decidió colgar las botas.

Las malas lenguas dicen que Mágico González se quedó dormido mientras recibía un masaje. La historia pasaría sin pena ni gloria si no fuese porque lo recibió en el descanso de un Atlético de Madrid-Cádiz. El entonces técnico del Cádiz, el serbio Dragoljub Milosevic, se desgañitaba dando instrucciones y corrigiendo errores de los jugadores. El presidente del Cádiz le dio la razón al de El Salvador, argumentando que “tendría el sueño cambiado”, y destituyó al míster.

"Sé que soy un irresponsable y un mal profesional, y puede que esté desaprovechando la oportunidad de mi vida. Lo sé, pero tengo una tontería en el coco: no me gusta tomarme el fútbol como un trabajo. Si lo hiciera no sería yo. Sólo juego por divertirme".

2 comentarios:

  1. ...la generación de todos los salvadorenhos de la epoca del mágico , somos asi...nos gusta lo k hacemos , pero no lo tomamos tan en serio...sino como un juego...y a la vez disfrutamos lo k hacemos...y al final estamos llenos de alegrias y triunfos... conquistamos nuestros sueños muy a nuestra manera....para enteder al mágico gonzales...hay k ser de su generación....el dinero si importa....pero importa más disfrutar sin tantas preciones...y con más libertad....

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  2. ....cuando mágico estaba en cadiz...el periódico marca , lo situó entre los grandes genios de toda la historia....( nada más entre Einteins y bruce lee ).....).un superdotado.

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