Resaca de campaña

En el año que todo puede cambiar, en el que más relevancia política ha habido en la televisión, nos colamos en los mítines de tres partidos políticos (PP, Ciudadanos e IU) para ver cómo es la devoción casi secular entre las filas.


Partido Popular
(El primer acto de campaña del PP para las elecciones andaluzas se celebró en Torremolinos).
Los de NNGG se pusieron encima de sus camisas y polos de manga larga una camiseta verde con el dorsal de organización, sin número a la espalda. Aquellas camisetas eran las únicas que había en el auditorio. Después de sonar el himno, la secretaria general del PP andaluz, Loles López, se decía periodista, pero no dejaba de ser política. Más cercana al espectáculo de Paz Padilla que al periodismo. 

La “noticia” que anunciaba Padilla en primicia es que el 22 de marzo – fecha de las elecciones andaluzas- Juanma Moreno Bonillla será el presidente de Andalucía. Lo decía más como pitonisa que como periodista en lo que más que una primicia era una predicción fallida. El propio candidato popular bromeaba con que a Loles López le habían llamado de “Telecinco y de Antena 3 por su presentación”.

Se escucha a uno decir podemos, podemos. Medio en broma, claro.  Se van sucediendo las cabezas provinciales de las ocho ciudades. Y Juanma Moreno habla de lo “jarto, jarto, jarto” que está de impuestos mientras se ven imágenes de él –siempre amigable- con un agricultor o en una fábrica. También le responde a la presidenta de Andalucía: “No, señora Díaz, este no es el partido de las ocurrencias”. Tres días antes, Susana Díaz tachó de ocurrencia la propuesta de Moreno de que gobierne la lista más votada. Juanma dice que va a bajar los impuestos y que en dos años se van a crear más de un millón de puestos de trabajo. Cuando habla de Podemos, el silencio llena el auditorio. La edad media supera la de la democracia. Entonces uno grita adelante con la lucha. Y otro chilla te queremos. Y el candidato responde “olé, yo también os quiero” para luego dar paso al “gran protagonista del cambio que se ha producido en España”. 

En este espectáculo televisivo, el presidente de la nación, Mariano Rajoy, sale. Habla de que hay que respetar a las instituciones, critica la inestabilidad de la Junta y dice: “Dediquémonos a crear empleo, no a obligar a la gente a votar cuatro veces en un año”. Luego afirma que lo que “queremos es una gran nación que se llama España” frente a cualquier intento de reforma de las autonomías. Y le guiña el ojo a Podemos diciendo “tampoco se puede evocar a las ideas que fueron liquidadas con la caída del Muro de Berlín”.

-          Viva España – dice uno.
-          ¡Viva! – grita alegre una parte del auditorio.

Arenas canta “pedid tierra y libertad”, el sálvame de un PP que obtuvo sus peores resultados en las elecciones andaluzas.

Ciudadanos
Los sábados son para desayunar en la calle. Para volver temprano a casa, para no salir de la cama. No es lo mismo si el sábado es de campaña electoral.

Llegas al hotel y todo reluce. Parece nuevo aunque no brille. Nuevas caras, nuevos aires, mismos votantes. El naranja de Ciudadanos inunda el salón, hay un hilo musical que no cesa. La gente va llenando el lugar del acto, sentándose católicamente en los asientos. Sonríen. Se saben el cambio sensato de la nación. “Tenía ganas de que viniese Albert ya por aquí”. “Necesitamos a alguien como él”. Son los comentarios que se pueden oír entre las filas de sillas.

Llega el hombre, suben la música y se pone en pie el personal. Entre aplausos, besos y apretones de manos Albert Rivera llegar al atril. Todo recuerda demasiado al mitin del PP de la semana pasada. Niños disfrazados de señoritos andaluces, hombres que llevan camisas con un caballo de tres cuartas, señoras con cardados y perlas más caras que un sueldo mínimo. “Si no quieres oírlo te levantas y te vas”. También comparten la impertinencia con los votantes tradicionales. Los discursos también son muy parecidos. A los de la oposición, claro. Que si corrupción, que si abrir puertas, el cambio, los aforados, la separación de poderes. En el 78 ya enterraron a Rousseau y estos vienen a revivirlo. Rivera en las andaluzas dijo que iba a “enseñar a pescar a los andaluces”. 

Imaginen la carta blanca que eso supone para los candidatos en las provincias, cuando consiguió nueve representantes en el parlamento del sur.

Izquierda Unida
Un martes por la tarde. Los mítines de Izquierda Unida sí que supuran rasgos que los separan de los otros. Un parque al aire libre, en medio de un entorno bucólico, gente que no para de llegar a pie o en bicicleta. Es el único donde no se ven rojigualdas. Hasta el partido de Iglesias ha conseguido medio acercar la bandera oficial del Estado. La republicana se ve en todos sitios; en banderas, en pulseras, sombreros de playa, chapas. Es el Woodstock de los mítines políticos.

Entre tortugas, peces, canguros y otros animales, se desarrolla el acto sobre una pista deportiva. Justo al lado unos niños aprovechan las últimas horas para dar patadas a un balón. Abre el mitin una cantautora con guitarra, bastante reclamada por IU para estos momentos en Málaga. Un puestecillo para comprar sus discos y libros de líderes característicos de la izquierda está colocado al final. Tal como llegas al lugar, a la derecha. Allí también está la sombra. Caen muchos grados en la capital de la Costa del Sol, y llevamos una hora de retraso.

Todo el mundo quiere ver a Garzón. El otro Alberto de la política nacional. El paisano, el del Rincón de la Victoria. Aseguraba que el Partido Popular recuperaba a sus tres principales pilares para esta campaña, “la homofobia, la xenofobia y a José María Aznar”. Aquí no se respira cambio porque son pocos, pero sí resistencia porque son expertos en ella.

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