Esos malditos sensatos

Nacho Murgui junto a Mauela Carmena en la noche de las elecciones. 

Cuentan del ilustrado Fontenelle que hubo quien al poner su mano sobre el corazón de éste dijo: “Lo que tiene usted aquí, señor mío, es otro cerebro”. Aunque para muchos esto no deja de ser un elogio, lo cierto es que quien me contó esta historia lo que pretendía no era sino retratarme el llamado “reverso de la pasión”. Y es que si se contempla el escenario político que reinaba en nuestro país hasta hace muy poco, una se percata de que lo que aquí sobraban eran políticos con corazones inflados de raciocinio y cabezas vacías de bondad.

Durante muchos años, el electorado de las dos principales fuerzas políticas fue seducido por la “sensatez” y moderación de sus discursos, por una falsa ficción ideológica y un irrefutable “no hay otra alternativa”. Con la irrupción de esos nuevos partidos que tan trastocado han dejado el panorama de las recientes elecciones, las fuerzas tradicionales han tenido que aferrarse al elogio de la inmutabilidad y a una continua estrategia del miedo, de la cual Esperanza Aguirre, contra todo pronóstico, ha salido perjudicada. Y es que pese a ser el nuestro un país etílico de ignorancia, las falacias se hicieron tan evidentes, tan repetidas las mentiras, que fueron muchos los que se ofrecieron a cavar la tumba de quienes se pensaron inmortales: “si un día se mató a Dios, ¿por qué no a ellos?”, clamaron los idealistas. Y así, por primera vez, esos mismos a  los que todos tachamos algún día de ilusos parecen ya dueños indiscutibles de la victoria: en la cuesta de Moyano dicen que sigue sonando el último disco de Nacho Vegas y que en Génova ya se entona un Réquiem por doña Aguirre. “¡Por fin nosotros la orquesta! – se grita- ¡por fin la gente quien empuña la batuta!”.

Pero la ilusión que ha despertado el cambio político del ayuntamiento de Madrid es para muchos la más nociva de las situaciones. Así lo piensa Esperanza Aguirre, quien parece incluso dispuesta a cederle su favor a Carmona con tal de que la líder de Ahora Madrid no sea la próxima alcaldesa de la capital. ”Hemos ganado”, claman pese a todo los populares. Pero Carmona dice que no y hoy, la llegada de Rajoy al Senado fue aplaudida por el mutismo y la ausencia de sus compañeros. Ya ven, a veces el sabor de la victoria es así de amargo. 

Por su lado, Carmena y su partido lo único que esbozan son sonrisas. La equivocada y agresiva campaña que Aguirre llevó a cabo fue inútil por dos razones fundamentales: la falta de verosimilitud de sus acusaciones y el hecho de que Manuela Carmena, si bien está relacionada con el partido de Pablo Iglesias, no comparte en absoluto el modo que éste tiene de afrontar las críticas. Incluso ante acusaciones tan graves como las de haber hecho guiños a ETA la voz de la jueza se mantuvo siempre en el tono correcto; sus palabras, en las líneas exactas de la buena educación. Por otro lado, atacar a alguien con una trayectoria como la de Carmena tildando de insensatas y utópicas sus propuestas, no acaba de cuajar. La razón y la sensatez (y esta vez no hay comillas) no son solo monopolio del Partido Popular: Ahora Madrid ha demostrado que también juega en ese terreno y que, a diferencia del PP de Aguirre, saben compaginar la benevolencia y el sentido común. Por eso, si hay quienes todavía quieren asistir a la última batalla después de muertos tendrán que comprender que el lugar de las ideas es la cabeza y que bajo el pecho lo único que cabe es el corazón.







             



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