El lado bestia de Hugo



| Fotografía por Lledó Barberá.

Fue Fermín Muguruza quien se refería al rap como la música que recogía la fuerza del rock y del punk en años anteriores. Al alma máter de Kortatu le marcó el primer disco de Public Enemy hasta pegar en su chupa un parche del grupo neoyorquino que lució en la contraportada del último disco de Kortatu. El rapero Costa, de nombre Hugo Ortiz, repite en las entrevistas que sus inicios se estrechaban en escuchar metal y reconoce que la inmersión al rap se da también con Public Enemy.

Ya en el 93, Costa -Hugo con tan siquiera quince años- con una camiseta de leñador, de cuadros azules, se acomoda la guitarra mientras el batería ensaya con el redoble de “Nicaragua Sandinista”. La escena se da en un instituto de Alcalá de Henares y se rescata en el videoclip “Gloria”, del disco Morfina (2010). Entonces el decorado se revestía de banderas de Cuba, lemas antisistema, reivindicación del movimiento antifa y protesta.

En el camerino

Son las dos y media de la tarde y hace un calor tailandés. Quedamos con Costa detrás del escenario, antes de la prueba del sonido del Viñarock. Es el tercero que baja de una furgoneta negra, le acompañan Stefania, su pareja; Lawer – que había estado en el mismo festival el año anterior con Natos y Waor-; Denom y el deejay Ikki. También un amigo de siempre, Cabra, de cuando el movimiento punk era otra cosa, cuenta. ¿Sois los del merchan?, nos pregunta Costa. No, somos los del reportaje, venimos de Málaga. "Ah, vale, por mí podéis estar todo el rato", nos dice. “Conozco Málaga, estuve viviendo en San Pedro”. ¿Lo de tocar a las cuatro y media de la tarde cómo se lleva? “Hay que estar, no queda otra”, afirma Costa.

En el camerino hay dos mesas. Una libre en la que deja dos gorras Raiders (las del logo del pirata con dos espadas atravesando su cabeza) y dos cajas con zapatillas Jordan, unas negras y otras blancas. En la otra mesa: hay tortilla congelada, fruta, bollería y embutidos. Al rato se llena de latas de cerveza. También está el papel de la SGAE, donde se registran las canciones que tocará. “Es un papel muy importante, y ya lo estoy llenando de mierda”, dice con el documento en mano y un manchurrón de chocolate en la esquina del folio. “La canción que tenemos, El tiempo que mata, ¿está registrada?”, pregunta Costa a Lawer. Dice que no. Preguntamos si hay que hacer mucho más papeleo para actuar. "Hay hasta que dar de alta en la seguridad social a los que me acompañan en el escenario", señala Costa. 

A los veinte minutos aparecen Natos y Waor. Los dos jóvenes se han convertido en uno de los grupos que más llena en salas dejando en evidencia el cerco que mantenían grupos veteranos. Tocaron hace dos días en el mismo escenario, pero a buena hora (sobre la una de la mañana). Subirán al escenario para la canción “Demonios y bares viejos”, que tienen junto a Costa.

- Cantamos el tema contigo anteayer y a saco. Me lo pasé como un crío-, dice Waor.-        
- Nos cantamos el tema contigo sin ti-, apuntilla Natos.
- Claro, como hago yo. - dice Costa- Yo me canto vuestros cachos, dejo los huecos, digo lo que mola. Hoy juntos, hay ganas.

Del hardcore a lo bestia

A Natos y Waor les acompañan Cool (ahora Recycled J) y Dj Saik. Dicen que apenas han dormido, unas tres horas en tres días. Entran por la puerta del camerino, que no es más que una caseta

prefabricada en la que el aire acondicionado no funciona muy bien. Denom, corista de Costa (junto a Lawer), se sienta encima de una de las neveras. “Es que este es el mejor sitio”. Luego cuenta que estuvo grabando punk, y le enseña la grabación en el móvil a Natos.


Waor, mientras, se dirige a Ikki con el que ha quedado en unos días para la grabación de un vídeo. Se alboroza la idea de que en la sala habilitada para artistas, que no el camerino, hay mesas con veinte cubatas por cada cinco personas.  El calor no cesa, Costa da dos golpes en la mesa. se baja los pantalones y se queda en calzoncillos sentado ("gachumbos de Polo", dice en la penúltima canción de su disco Inmortal). Luego comenta que los Non Servium se pasarán a verle y medio en broma sigue: “Natos y Waor con Non Servium”. Waor se ríe y contesta:


- Menudo combo (risas). Yo los quiero ver. ¿Non Servium tocan hoy, no?
Sí, a las diez tocan. – contesta Costa.- Ayer estuve un rato viendo a Kaos Urbano con los ojos del revés.
- Yo estuve el otro día en el concierto de Non Servium en Vistalegre. Fue la polla – sigue Costa-, me comí un tripi, me lo pasé tan bien que no me acuerdo de nada. Luego me fui a lo de Ikki y ya se me pasó…

El grupo Non Servium -que nació a finales de los noventa- es el el grupo Oi! más relevante en España. Costa siempre se ha rodeado de skinheads, de antisfascistas y punkies cuando Madrid estaba llena de nazis, dice. "Me he partido la cara con nazis durante toda la vida. Cuando yo subía al autobús del cole el que llevaba la ruta me llamaba afro y me llamaba mono, me decía que me subiera los pantalones y que me peinara".En la canción “Sigo así” se entrevé ("Yo ya estuve en la guerra y de voluntario / he pintado con sangre los muros que hay en mi barrio") su relación con el movimiento antifa. El madrileño cuenta cómo se vivía el movimiento en la capital: "He sido bukanero desde principios. He resistido en un bar de Vallecas hace diez años: una resistencia mítica en la que nos metimos todos con escudos y resistimos a todo ultrasur y salimos en todos los periódicos". 

Mientras Costa hace las pruebas de sonido, hablamos con el resto. Waor cuenta que la música te ayuda a no prejuzgar, frente a la impresión que se pueda dar del rap español como algo en lo que solo hay bandos y rivalidades. “Hay peña con la que musicalmente no tienes nada que ver, pero a lo mejor de pedo hablamos entre nosotros y sí que hay un montón de cosas en común”. Además, la gente ve cuando algo está “forzado” o sale solo, afirma, y pone de ejemplo (contra esos prejuicios exteriores) su colaboración con Jotandjota: “Es un tío con el que musicalmente podemos no tener nada que ver, pero he tenido conversaciones con él que no he tenido con amigos míos”.

Por su parte, Recycled J busca un cargador para el móvil, pero solo hay un enchufe libre, aparte de los que mantienen la nevera.  ¿Tienes en mente publicar algo? “Si saco algo, y me salen siete temas de un rollo, y otros siete de otro, no pasa nada”, dice. Al rato empieza a sonar “Ciudad pecado”. La caseta que hace de camerino vibra a la vez que se rapea la canción con la que Costa prueba sonido, como si fuera un eco del escenario. El verso “hoy hace tanto calor que el mundo se repite” gana literalidad.

A la vuelta de la prueba de sonido, Costa fuma, coge el boli y completa el papel en el que se lee el setlist (1. Ciudad Pecado 2. El Rey 3. Yemaya 4. Cocaína). Antes de subir al escenario, se cuelga y ata la bandana al cuello y se pone unos guantes de cuero. “El guante de George Michael”, le dice Waor.  Sí, contesta Costa, que recoge la broma: “Además queda supergay con el morado”.




¿Machista? "Si quieres bajo y te explico la liberación de la mujer"

Hugo sube al escenario saludando con un cómo estamos señores y señoras. A pesar de que son las cuatro y media de la tarde, el público se extiende a cien pasos desde el escenario y las primeras filas se declaran seguidores del rapero acompañándolo en cada frase y alarido. Entre el público hay un cartel de cartón en el que se lee "machista" en mayúsculas. Antes de la cuarta canción, el rapero madrileño se da cuenta. Las acusaciones de misógino se enredan en los comentarios sobre Costa en redes sociales; una petición en change.org dirigida a FNAC, Youtube y iTunes bajo el título Retirar el disco Bestia de Costa de vuestras tiendas por la discriminación a la mujer e incluso se han cancelado actuaciones del rapero, como la del festival el OMarisquiño por supuesta apología de la violencia de género. Costa defiende que en en esas letras de lo que habla es de sexo explícito.

Al momento de ver el cartón donde pone "machista", el madrileño pide a Ikki que pare la música y se dirige al joven que muestra el cartel. "Ahora mismo bajo y te explico la liberación de la mujer", dice señalando al joven que mantiene la pancarta. A los cinco minutos el propio público retira la pancarta. Continúa el concierto, vuelve a resonar el bajo, el rapero baja de un salto por los altavoces al foso y empieza a repartir ron. Resbala el ron entre los que se encuentran pegados a la valla a la vez que el rapero interpreta “Cocaína en base”. Al mismo tiempo, los fotógrafos se aglutinan en torno al madrileño.

Al acabar el concierto, Costa dice que se ha puesto a chupar eme como un tonto. Luego salen por la vaya lateral, Primero Natos y Waor, luego Ikki, Lawer, Denom y Costa. El público más joven quiere la fotografía. "Tranquilos que no me voy a ir, tenéis fotos para todos", dice el rapero. Mientras, su pareja espera sentada junto a la caseta. Antes de que se marche le pido un minuto. Al mismo tiempo, Ikki se fotografía con Ana Tijoux."Me gusta la canción de 1977", dice con un marcado acento francés. ¿Hugo, qué se te ha venido a la cabeza cuando has visto el cartel? "Lo que se me ha venido a la cabeza es que hay mucho inculto en el mundo,  que no tienen ni idea de los que es la libertad de la mujer ni la libertad del hombre, ni la libertad de hablar, de pensar ni de sentir". 

Luego enumera. “Mi padrasto es guerrillero, mi madre amó al Ché Guevara, mi bisabuela fue parte del gobierno de la República durante la guerra. Tengo el tatuaje antifascista de la defensa de Madrid”. Y sigue con un pero. Algo así como el niño que tocaba la guitarra eléctrica llegando a Costa. “Pero he crecido en la libertad y por eso digo las cosas como son y me siento una puta de este mundo del consumismo y de este sistema de vorágine pero es en un sentido literario”. Es cuando sale a relucir el lado bestia de Hugo. 






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