Hijo Rojo, camarada Superman

Pocos superhéroes tienen la dimensión de Superman. Desde que en junio de 1938 Action Comics publicase la primera aventura del “hombre de acero”, su figura no ha hecho más que crecer, incluso Umberto Eco llegó a estudiar sus cualidades mitológicas y los vínculos con otras figuras de la Grecia y Roma clásicas. Sea por los cómics o, más recientemente, las películas, el personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster en los años 30 se ha convertido, en pleno siglo XXI en uno de los mayores referentes de la cultura popular, también en un símbolo del capitalismo estadounidense y una de las mejores formas de transmitirlo hacia otros países.

¿Quién mejor para representar el sueño americano que alguien procedente de un lugar tan lejano como Krypton? Si Superman y su álter ego Clark Kent lograron alcanzar el éxito, ¿por qué no va a conseguirlo un inmigrante sudamericano o europeo? Fue así como el hijo de Jor-El se convirtió en el mejor embajador posible de la “marca Estados Unidos” y lo hizo con una actitud irreprochable, nada de fumar, beber o tener una vida lujuriosa; un buen ciudadano estadounidense debe buscar un trabajo que le permita vivir a la vez que pagar los impuestos que ayuden a su patria, y al mismo tiempo encontrar una buena esposa con la que fundar una familia.

Pero la fama tiene un precio y cuando te conviertes en un icono, te vuelves blanco de teorías, reinvenciones, parodias… especialmente en una sociedad como la actual, donde Internet ha propiciado un aumento del fanart sin precedentes, y si no que se lo digan a E. L. James. Por eso este héroe, como tantos otros, ha sufrido multitud de cambios con el paso de los años. Canónica o no, de mayor o menor calidad, en papel o en pantalla, cada autor le da su toque propio a la historia que crea, dando lugar a una versión única y diferente, algo que llega a su máximo nivel cuando toca reiniciar un universo completo como ocurrió con The New 52 en 2011, donde DC Comics volvió a empezar 52 de sus series.

Para ejemplificar esta situación, basta mencionar que Superman fue en su origen un villano y no un héroe, aunque también valdría el número publicado en 1978 donde el “hombre de hierro” se subía a un cuadrilátero para enfrentarse a Muhammad AliPese a todo, hay ciertos elementos que son intocables en las historias, como el origen del personaje, aunque también hay autores que se atreven a cruzar esa línea y proponer un cómic completamente distinto. Tal es el caso del escocés Mark Millar (Kick-Ass).

En 2003, el escocés creó junto a Dave Johnson Superman: Red Son. Una ucronía donde la nave enviada desde Krypton no se estrellaba en Kansas, sino en Ucrania. Es 1938, la Guerra Civil está llegando a su fin, la Segunda Guerra Mundial, a punto de comenzar y en París, los seguidores de León Trotsky, que en esa época se encontraba en el exilio, fundan la Cuarta Internacional.

Superman: Red Son

Dividida en tres partes (“Rising”, “Ascendant” y “Setting”) nos encontramos una historia en la que el kryptoniano es criado en una granja ucraniana para después viajar hasta Moscú y, poco a poco, entrar en el círculo íntimo de Iósif Stalin, el otro "hombre de hierro". Cuando éste muere, el superhéroe hereda su cargo y la URSS crece hasta unos niveles inimaginables, quedando solo fuera del comunismo Estados Unidos y Chile.

El punto Jonbar (el acontecimiento que desencadena un cambio radical de los acontecimientos) de este historia es la llegada del superhéroe al otro lado del Telón de Acero, algo que podría no haber pasado si la nave se hubiese estrellado tan solo 12 horas antes, como con mucha ironía, pone Millar en boca de uno de los personajes. Es así como se crea un universo paralelo donde el protagonista es un camarada y no un hijo del capital.

No obstante, Superman no se considera a sí mismo comunista. Él ha venido a este mundo para ayudar a quien a los necesitados, sin importar que sean rusos o estadounidenses. Una actitud más de izquierdas que de derechas, pero muy distinta a la que se espera de un niño educado durante la Guerra Fría. Aunque lo que de verdad llama la atención de Hijo Rojo es su historia. Millar pone en esta obra todo su talento como guionista, lo que le permite jugar con cierta facilidad con la carga política del cómic, que no es demasiada y a la vez introducir guiños y referencias al universo DC, como la ciudad embotellada de Kandor, convertida para la ocasión en Stalingrado.

Como no puede ser de otra forma, el gobierno de Superman cuenta con varios detractores que buscan quitar al superhéroe del poder, para instaurar un régimen que, según ellos, acabe con la dictadura existente. Algunos proceden del bloque capitalista, por ejemplo el científico Lex Luthor, mientras que otros operan desde dentro, como es el caso de un Batman que recuerda al protagonista de V de Vendetta, la serie de cómics escrita por Alan Moore, un profesional que siempre ha ejercido mucha influencia en el trabajo de Millar.

Pero la historia también incluye referencias literarias fuera de los cómics, especialmente a las novelas distópicas de finales del siglo XX, como podría ser 1984, de George Orwell, de la que toma la idea del “Gran Hermano” que todo lo ve, encarnado en la figura del nuevo presidente de la Unión Soviética.

El otro apartado a destacar del guión es su contenido político. En el prólogo que incluye la edición de Planeta DeAgostini, el productor Tom Desanto alaba el trabajo de Millar como guionista, asegurando que de haberse tratado de otra persona, la historia habría acabado convirtiéndose en un discurso maniqueo de buenos y malos.

Superman: Red Son
Si bien es cierto que no encontramos esto en el cómic, también lo es que el tema político brilla casi por su ausencia y no encontramos nada más allá de las referencias necesarias para que el lector pueda ubicarse históricamente. 

Lo que podría ser una interesante reflexión sobre la Guerra Fría y la influencia que la sociedad y la educación tienen en el desarrollo de la personalidad, se convierte en un episodio más de la historia de Superman que pasará a la historia, si lo hace, más por la originalidad de la idea que por el desarrollo de la misma.

Mención aparte merece su apartado gráfico. Con dibujos de Dave Johnson y Killiam Plunkett, tinta de Andrew Robinson y color de Paul Mounts, Hijo Rojo cuenta con un estilo sobrio, pero a la vez detallado con un trazo simple que invita y facilita la lectura. En este sentido, cabe destacar las ilustraciones que acompañan al cómic y que imitan la cartelería propagandística soviética de la Guerra Fría con Superman como protagonista.


La polémica del número 900 y la llegada a Moscú

En 2011, Action Comics alcanzaba su número 900 y lo celebraba con un especial de 96 páginas en el que, junto a la continuación de las historias de números anteriores, se incluían pequeños relatos protagonizados por los superhéroes de DC.

Uno de ellos, escrito por David Goyer y dibujado por Miguel Sepúlveda, llevaba por título The Incident. Aquí, Superman toma parte en una manifestación en Teherán, lo que es visto por el gobierno iraní como una declaración de guerra estadounidense y que a su vez provoca una escalada de tensión que se soluciona cuando el “hombre de acero” renuncia públicamente a su ciudadanía. A partir de ese momento, su actuación no responderá ante un país, sino que tendrá una visión más global.

Este giro de los acontecimientos provocó la ira del sector más conservador de la política estadounidense, para quien esta decisión es una falta de respeto y un ataque a la patria. Incluso algunos vieron a Obama y su equipo como los responsables.
|The Incident.
Por su parte, había quien consideraba que esta decisión no responde más que a intereses comerciales. Del mismo modo que los asiáticos retratados en el manga y el anime no tienen nada que ver con los reales, si Superman está encasillado en un héroe estadounidense, será difícil venderlo más allá de las fronteras del país. Por ese motivo, es posible que los directivos de DC hayan pensado en darle un aspecto más global que se adapte mejor a un mercado también global.

En relación a ese mercado se explica también otro hecho insólito en la historia de Superman: la llegada de Hijo Rojo a Rusia doce años después de su lanzamiento. La editorial Ázbuka tradujo la obra de Millar al ruso y la distribuyó, por primera vez, a principios de 2015, convirtiéndose inmediatamente en un éxito de ventas, obligando a sacar una segunda edición de 10.000 ejemplares.

No debe extrañarnos este éxito, pues el público ruso lleva tiempo abierto hacia el mercado occidental, al menos en lo que a cómic se refiere y el de Millar era un trabajo ansiado por muchos rusos que veían en él un argumento respetuoso y a la vez de calidad. Estos dos acontecimientos abren la puerta a un hipotético regreso de Superman a Rusia, por motivos económicos o políticos, pero que de cualquier forma vendrían a mostrar cómo el héroe hace tiempo que dejó de ser el símbolo de un país, al menos para algunos. 


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