Por favor, eh

Hay que tener ganas y moral para seguir al pie del cañón a estas alturas del partido. Levántate y haz cafeína para dos. 20 gramos de nicotina. Saca los titulares y pasea de apellido en apellido que desmontan las mentiras electorales de los otros. Surca las entrevistas donde no dicen nada nuevo, excepto algún escándalo en las trincheras propias, algún tránsfuga despistado que quiere subirse al carro blindado del poder. Somos país de tradiciones arraigadas, no quieran venir a cambiar lo nuestro. Tierra de nazarenos y fútbol los domingos. Puros en los toros y carajillo en el café. Vayan a otros con el cuento del cambio.
Cogía un pescador amateur carnaza viva a la vera del río. Contaba que se mudaba un fin de semana a Cádiz por mes y así podía coger piezas bien grandes que luego cocinaba. Así llevaba 15 años, y una valla recién instalada no iba a cambiar sus costumbres. Doce horas de trabajo para hacer lo que más le gusta, y si hay que saltar se salta. Una foto con una naranja de treinta y tres años de edad, subir a un activista al stage de tu mitin, cantar una tarde de sábado en un conocido programa de televisión, quitarse la soga del traje. Es la regeneración. Luego la república bananera nos la trae llevar el pelo largo. Si cambiar de política no pasa por cambiar de políticos, no cuenten conmigo para esta pantomima. Ya ven, me viene al pairo. Como Schopenhauer perdí mi patria a los cinco años y nunca más la recuperé.

Hace unos días entrevistaba a Antonio Maíllo junto a un amigo. Nos contaba el asco y disgusto que le crea la teatralización de la política en nuestros días. Espectáculo mezquino y falso, no dista mucho de los actores que padecen varias fobias que no se han descrito aún. La última perla es darle voz a españolitos de la calle para que hagan sus preguntas a diestro y siniestro a los líderes del futuro. No hay un periodista que sepa preguntar a Pablo Iglesias va a saber usted, caballero. Llegose a escuchar si el asesoramiento en Venezuela tiene que ver con el actual encarcelamiento de opositores en el país sudamericano. Por favor, eh. No sé muy bien cómo seguir la columna sin usar improperios e insultos contra esa mujer.

Tengo la esperanza muerta en que, antes de las generales, algún periodista decente interrogue seriamente al líder de Podemos. Se me ocurren varios como Rubén Amón o Carlos Cué. Pregunten de política, señores. Dejen las tonterías de Bolívar a un lado, o cómo sufragar sus propuestas. Ya hay otros para hacernos perder el tiempo. Pregunten por educación, por su reforma. Oblíguenle a responder sí o no. Señor Iglesias, está usted a favor de mantener la Religión como materia, sí o no. Pregunten por participación ciudadana. Señor Iglesias, cómo regulará las ILP si gobierna. Señor Iglesias, ¿asistiremos a esa grotesca escena en el Parlamento donde un miembro de su grupo levante el dedo indicando qué votar al resto? Denos el gusto de recordar por qué el periodismo es un cuarto poder y no sólo contar historias con las desgracias ajenas. 

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