Nick Cave: retrato del viejo diablo

                                                                                           |Fotografía de JustLuxe.com

I wake, I write, I eat, I write, I watch TV, this is my 20.000 day on Earth’. Ésas son las palabras con las que la voz sepulcral de Nick Cave abre la narración del documental dirigido por Iain Forsyth y Jane Pollard, estrenado el pasado otoño, sobre un día estándar en la vida del músico australiano.

En el documental nos invitan a presenciar una jornada del artista en primera persona: ensayos, visitas a su psiquiatra, conversaciones con otros artistas y amigos como Kylie Minogue o Ray Winstone, situaciones que a priori destilan cotidianidad. Sin embargo, quedarse en la mera descripción de viajes, relaciones sociales o charlas con su psicoanalista resulta totalmente insuficiente en este caso. Cave consigue volcar sus más que demostradas capacidades literarias en convertirse en un cronista de su cuasi mística existencia. 

Un primer análisis de la película puede llevarnos al error de clasificarla como algo pretencioso, como casi 100 minutos en los que Cave habla de sus recuerdos y de su pasado, de su concepción de lo que le rodea, de su obra, 
yo, yo, yo, pero esto va, en realidad, mucho más allá. Es la creación y posterior remodelado de su propio personaje, ‘at the end of the 20th century I ceased being a human being’’, remarca, y se convirtió, al parecer, en alguien que supera las barreras de contar historias y no sólo escribe sino que concibe esto como una actividad casi terapéutica. Coger recuerdos, a veces traumáticos, y convertirlos en algo externo a su mente y accesible a la del resto de las personas se convierte de este modo en algo liberador.

La estructura fluctuante en cuanto a contenido de la película forma una analogía perfecta con el último disco de Cave. Mientras que temas como ‘’Wide lovely eyes’’ ‘’We real cool’’ pasan sin gran trascendencia, Nick es capaz de centrar en los casi ocho minutos de duración de‘’Higgs bosson blues’’ la gestación, la progresiva evolución y el clímax de su creación. Construye algo, mucho más allá del mero aspecto musical, se transforma en esa persona sobrecogedora en la que presume convertirse en sus conciertos y se las ingenia para que el oyente se introduzca dentro y se sienta casi cercano a su ferviente mente.

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Push the sky away’’ termina por poder convertirse, de este modo, en el broche perfecto para el fin del disco del mismo modo en el que lo hace la escena final de la película, con una impresionante interpretación de ‘’Jubilee street’’ en directo. Aquí es donde podemos ver esa metamorfosis al verdadero Cave, ése que lleva más de 30 años evolucionando, siendo capaz de transformarse, vibrar y expulsar todos sus monstruos encima del escenario. Aquel que evolucionó con los Bad Seeds, con Grinderman, que recorrió las fronteras del post punk, del rock más sucio y de las melodías más etéreas. Por ello, el who cares what the future brings? adquiere más potencia que nunca. Sólo nos queda esperar a que el viejo diablo alcance el punto álgido de su evolución. 

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