Me gusta ser una zorra, en horario infantil


Herminia, la abuela de Carlitos en Cuéntame, mira la televisión horrorizada mientras su nieta, sentada en el sofá junto a ella, menea la cabeza al ritmo de la canción que tocan cuatro mujeres en la televisión. Es el 16 de abril de 1983, cuando se emite el segundo y último programa de Caja de ritmos en TVEEl programa lo dirigía Carlos Tena, que dimitió mes seguido después de que un juzgado de Madrid admitiera una querella por un supuesto delito de escándalo público. También después de que TVE mantuviera en standby los programas posteriores que habían sido ya grabados. El motivo de la querella había sido la grabación del grupo Las Vulpess – vulpes es zorras en latín- y la emisión en horario de mañana. ¿La canción? “Me gusta ser una zorra”, una versión de “I wanna be your dog”, de la banda The Stooges, creada por Iggy Pop.

Caja de ritmos fue un programa que quería “reflejar la explosión de nuevos grupos de la independencia discográfica”, como afirma el periodista Diego Manrique en un especial en la revista Rolling Stones. Fue el propio Manrique quien recomendó a Carlos Tena grabar al grupo Las Vulpes para la segunda edición de aquel programa. Tena nos dice por telefóno que no conocía aquella versión del “I wanna be your dog", le pareció graciosa, y por ello decidió emitirla.

Eran los primeros compases de la mayoría absoluta de Felipe González. El periodista Carlos Tena tachó de “muy desagradable enterarse de que altos cargos del PSOE han pedido mi cabeza” entonces. El escándalo se acrecentó cuando el diario ABC, dirigido por Luis María Ansón, publicó un editorial titulado «Ya basta» que consideraba aquella emisión transgresora de los límites de la libertad de expresión, aunque no acertó al citar el día en que se había emitido.

Del mismo modo, aquel editorial afirmaba que la canción del grupo vizcaíno “degrada a la sociedad española, subleva al padre de familia, indigna al ciudadano responsable [y a la abuela de Carlitos] y traspasa los límites de lo tolerable”, incidiendo en que la emisión se hizo en un programa con audiencia masiva de menores de edad.

ABC fue “el periódico que promocionó el hecho”

Una de las cartas al director en ABC. | Archivo del diario.


También se libró un cruce de acusaciones entre TVE y el ABC, que salpicaba al PSOE y que levantaba las quejas del Partido Demócrata Popular. El embrollo estaba servido. José María Calviño, entonces director general de Radio Televisión Española (RTVE), afirmó que el origen del escándalo no fue TVE, sino un periódico que promocionó el hecho y que se alegró de haber vendido más ejemplares, refiriéndose a ABC. Y este diario respondió con un artículo titulado «Que no, señor Calviño», donde se decía que “si el nerviosismo o la defensa de su poltrona inducen al señor Calviño a otras afirmaciones es su problema. El suyo y el del partido que lo mantiene”.

La indignación del periódico y sus lectores se volcaba en las cartas al director y en las páginas de opinión del diario de Ansón. Desde la felicitación de un lector al periódico por mostrar la indignación compartida acerca de la emisión del “Me gusta ser una zorra”, hasta la atribución de aquella emisión a un marxismo que trabaja “como nunca para destruir los principios de la patria y de la libertad cristiana”, como se lee en otra de las cartas al director.

Aullidos entre El País y el ABC

Si no bastaba con los cruces de acusaciones entre ABC y TVE, se abrió otro frente entre El País y el ABC. El editorial del 3 de mayo del diario, entonces dirigido por Javier Pradera, se tituló «Me gusta ser una zorra». El editorial del día siguiente del ABC lo encabezaba un «Me gusta ser una zorra, manipulada por El País».

Para entonces, la escritora Rosa Montero (ya en el 83 en El País) se fue a entrevistar a Las Vulpess - que achacaban el escándalo a una campaña política dado que el revuelo en los medios no se da hasta la publicación de un editorial en el ABC once días después de la emisión- y en su reportaje seguía la línea de las citadas declaraciones del director de TVE. “O sea, que mucho escándalo, sí, pero el escándalo lo han montado los periódicos, que si hay que procesar a alguien es a Ansón”, escribió Montero. Y con otro 'o sea' respondía el articulista Jaime Campmany en ABC: “O sea, que el autor escribe la letra; Las Vulpes, la cantan; don Carlos Tena, la programa; Televisión, la autoriza y emite. Pero a quien hay que llevar a la cárcel es a don Luis María Ansón”.

Tampoco el nombre de Lou Reed se libró de estar en negro sobre blanco. Cargaba Campmany en el mismo artículo: “La moral es que a los niños no les enseñe la televisión lo de ser una zorra, lo de endilgar por la retambufa  [algo así como maricón] y lo de meter un pico en el patriz del cerdo ese de Lou Reed, que, por mí, como si le quieren meter una alcuza".

Para Carlos Tena aquellos fueron “unos años en los que había que testear desde los medios y yo siempre he utilizado los medios para ver cómo está la sociedad. La mejor manera de saber es provocar y vi que la cosa andaba muy franquista todavía”, confiesa a nuestro medio.

¿Y Las vulpes?

Si el programa Caja de ritmos duró dos telediarios, el grupo no llegó a los tres años de carrera, aunque hubo reuniones eventuales posteriores, en esencia por motivos de reivindicación como evitar el cierre de salas o en festivales contra la censura.
Frente a la sobreactuación que en cierto modo la movida promovía, la formación se asentó fiel a sus motivantes: una provocación arraigada en la necesidad de rebelarse -aunque sin esperanza de cambio-. Incluso en sus sobrenombres se adivina esa provocación: Loles Vázquez como Anarkoma Zorrita; Mamen Rodrigo como Evelyn Zorrita; Begoña Astigarraga como Ruth Zorrita y Lupe Vázquez, como Pingüy Zorrita, que falleció en 1993.

El grupo vasco, retratado en los 80.
Mamen Rodrigo, que fue quien se empecinó en la creación del grupo, confesó hace un par de años que entonces “éramos unas chicas a las que les gustaba el rock'n'roll. No sabíamos nada de giras y nos dieron por todos los lados. Nos engañaron, y que la gente no piense que nos hicimos de oro”El éxito de aquel “Me gusta ser una zorra”, tres veces en cada estribillo, no obviaba el sentido de la canción: una ironía que parte de los insultos que recibían las mujeres – ellas mismas- que vestían diferente y con una actitud en el vestigio punk.

Diego Manrique, que incluyó la actuación de la formación vasca en TVE como uno de los hechos inolvidables del rock español, resume lo que sucedió: “Las Vulpess saltan a la fama (y se desintegran). Tena es procesado por el Fiscal General del Estado, TVE cancela el programa, y Luís María Anson comprueba que los rojos se acojonan fácilmente”. ¿Qué pena solicitaban y cuál fue el resultado? “Pedían cinco años de cárcel y diez de inhabilitación a mí y a Las Vulpess. A mí como transmisor de la canción y a ellas como intérpretes. Pero yo ya sabía que en el artículo de escándalo público iba a ser derogado en el Código Penal”, sentencia Carlos Tena. Me gusta ser una zorra volvió a la televisión con Cuéntame, y las niñas soñando ser una vulpes más.



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