Las canciones tristes para superar el bache que recomienda Beigbeder

| Independent.co
Hay quien pretende subrayar, doblar esquinas y apuntar en las notas del móvil aquello que pasea por los libros: los autores que se mencionan, las canciones que bailan, hoteles donde desayunan, cementerios donde caducan flores y ciudades que visitan los protagonistas. El recorrido por las once canciones que componen este «megamix depresivo» es más sencillo. Las canciones vienen recogidas en un libro del escritor francés que se pasó en prisión dos días por ser pillado con algo más de dos gramos de cocaína, al rato de haberse metido unas rayas sobre el capó de un coche. A las semanas se presentó ante Sarkozy, junto a su familia; era un acto en el que reconocían la trayectoria empresarial de su hermano con la entrega de una insignia. “Y allí estaba yo. En primera fila. Con mi familia. Frente al presidente. ¡Estuve a punto de meterme una raya en su exclusivo retrete!”, contó a El País en 2008.

Uno empieza a soslayar lo de marcar y señalar libros confiando en los catálogos. Debajo de la foto, los tres triángulos y Anagrama (escrito). Encima de la misma foto, el nombre: Fréderic Beigbeder, un novelista pasado por creativo y por varios medios de comunicación. A finales de 2013 se hizo cargo de la revista francesa Lui – papel con portadas de una famosa desnuda, grandes reportajes y firma de literatos-. Beigbeder escribe relatos insolentes donde las marcas de su humor se estrechan entre lo ácido e indignado. Forma parte de aquellos que comenzaron a escribir tras haber leído Mujeres, de Bukowski. De allí lo de verse a través de sus personajes, como autocomplacencia, desprecio o por gusto. «No tengo enemigos. Los esnobs no tienen enemigos, por eso hablan mal de todo el mundo: para intentar tenerlos».

También escribe para provocar. El trabajo que hacía como creativo no le satisfacía, así que se puso a criticarlo en una novela. “Odiaba el mundo de la publicidad, quería escapar, escribí 13,99 euros, me despidieron y me hicieron el favor de mi vida. ¡Ya era novelista!", dijo a Jesús Rodríguez en El País. En 2001 presentó 13,99 euros como una crítica a la manipulación consumista. “No dejo de ver a los publicistas como a unos fascistas peligrosos.  Y habló de su propia novela como una descripción del mundo de la comunicación moderna, donde se invierten millones “para despertar entre personas que no pueden permitírselo el deseo de comprar cosas que no necesita”.

Ya entonces contaba con la amistad de Houellebec, quien le incitó a escribir ese “libro auténtico sobre el medio publicitario”, según cuenta la presentación en Anagrama. Finalmente, 13,99 euros se convirtió en bestseller. Beigbeder no se asustó frente a las acusaciones de planteamiento panfletario o de actitud cínica. Había hecho enemigo,  y atribuyó a los novelistas la necesidad de ser un traidor: “En este caso, atacar a la publicidad con sus propias armas. Quería demostrar que la publicidad gobierna el mundo. Y el éxito del libro lo demuestra”.

El autor irreverente -al que podemos ver en la bañera de su casa en París concediendo una entrevista- había escrito cinco novelas antes que 13,99 euros. Lo autobiográfico tiñe su verborrea sin la necesidad de recurrir a la metaliteratura. Tras leer El amor dura tres años (2003, Anagrama) de Beigbeder, albergas dudas sobre si fiarlo todo a un catálogo editorial, pero no subrayas las canciones que aparecen en una novela, vienen recogidas en la página 20 del libro.
«Asimismo, aquí tenéis una lista de canciones para superar el bache». Tras la lista, nos deja el título del recopilatorio:




 “April Come She Will”, de Simon y Garfunkel
La canción más corta del disco Sounds of Silence (1965), producido por Tom Wilson – el productor se encargó del “Like a Rolling Stone” ese mismo año-. Este “April Come She Will”, que compuso Paul Simon, también abría la cara b de la banda sonora de la película The Graduate, que incluía “Mrs Robinson”, la única canción escrita exclusivamente para el filme de Charles Webb-. La lucha del protagonista de aquella película por la hija de los Robinson es lo contrario a la depresión del protagonista de su novela El amor dura tres años, Marc Marronier. El amor fracasado al que pone voz Garfunkel va desde un abril en el que esperamos que ella vuelva, hasta un septiembre, cuando caemos en que lo que fue un amor nuevo se ha hecho viejo (A love once new has now / has now grown old). En la lista de estas canciones tristes, Frédéric Beigbeder nos recomienda escucharla 20 veces.


“Trouble”, de Cat Stevens
Cat Stevens nunca se llamó Cat Stevens. Empezó con ese nombre cuando apenas tenía la mayoría de edad tocando por las cafeterías de Londres. Siete años antes de cambiarse el nombre de Steven Demetre a Yusuf Islam (se convirtió al islam),  el rockero compuso “Trouble”. Una canción que pide a los problemas alejarse. Se dice que la escribió cuando estuvo ingresado por tuberculosis por lo que los temores se agudizan. El novelista nos dice que con escucharla 10 veces vale.


“Something in the way she moves”,  de James Taylor
La canción que inspiró a los Beatles para su “Something” – cántese la primera fase-. El cantante estadounidense nos habla de que no hay manera de desprenderse de algo que ronda por tu cabeza continuamente. James Taylor avanza conducido por una guitarra acústica y un bajo, y el single forma parte de su debut discográfico con Apple Records, sello de los propios Beatles. Lo folkie acompaña en este “megamix depresivo” que el propio publicista metido a novelista nos recomienda. Al igual que la canción de Cat Stevens: basta escucharla 10 veces.


“Et si tu n’existais pas”, de Joe Dassin
Se ha acabado el amor. Dura tres años y ahora estás perdido. Entonces un estadounidense que vivió en Francia, llamado Joe Dassin, canta sobre la dependencia en una relación. Algo así como el “Abrázame” – del disco El amor- de Julio Iglesias. El caso es que Dassin llegó a grabar en español sus éxitos, como hiciera Aznavour. “En el mundo qui viene y que va/ pobre mi vida será”, canta. La misma canción la versionó en 2012 Iggy Pop, cuando se pasó a la chanson y la incluyó en su álbum Après, su primer disco de versiones. El resultado: fue rechazado por el sello Virgin, y el de los Stooges cogió un buen enfado lanzándose a la autoedición. “¿Qué han hecho las compañías de discos sino humillarme y atormentarme”, dijo entonces el rockero. Al final, tanto La Iguana como el escritor Beigbeder decidieron incluir la canción en obras propias. Hay que escucharla cinco veces, según la lista del escritor francés. 


 “Sixty years on” seguida de “Border song”, de Elton John
Beigbeder aumenta las repeticiones. Canción seis y siete del segundo álbum de Elton John (1970), disco de oro al año de su salida. Ahora hay que escuchar cuarenta estas dos canciones de Elton John, una tras otra, nos dice el francés. Varias rondas volviendo a esa introducción de cuerda entre lo épico y lo trágico, recorriendo ese “señorita play guitar, play it just for you”, de “Sixty years on”. Y como no se desea estar setenta años después en lo mismo, ya que el amor dura tres años; luego llega la enérgica balada “Border Song” que escribió el poeta Bernie Taupin y se acompaña de una coral. Y luego “Sixty years on”, después “Border Song”; más tarde, “Sixty years on”, otro bloque…


“Every body hurts”, de REM
Una letra que pretende ser consuelo (“no estás solo”) con un acompañamiento desolador. La balada a los doce minutos de Automatic for the people (1992): el álbum de REM con más éxitos. Se juntaron dos factores para que la canción resonara. Por un lado, John Paul Jones en los arreglos – vale el nombre del bajista como argumento de autoridad-, por otro lado, REM como grupo que había conseguido un reconocimiento masivo, en parte gracias a aquel “Losing my religión”. A base de probar sin tener la mira en el mercado surgiría este “Every body hurts”. Luego, que si la canción es la que hace llorar a más hombres; que si sonar en Radio 1 después del minuto de silencio por la masacre en un colegio de Escocia (la masacre de Dunblane); que si ceder los derechos de la canción para recaudar fondos para las víctimas del Terremoto de Haití. El caso es que la canción se asocia en primer lugar a quitar de la cabeza la idea de un suicidio. Hay que escucharla cinco veces seguidas.


“Quelques mots d’amour”, de Michel Berger
La historia del cantautor Michel Berger y sus amores es distinta a la que narra Beigbeder. El cantautor francés compuso la canción “La déclaration d’amour” para que la interpretase la cantante France Gall. Dos años después de eso se ve en un altar junto a ella. Además de recomendarnos que la escuchemos 40 veces, hay otro apunte por parte del escritor francés. Dice que no presumamos demasiado de escucharla.


“Memory hotel”, de los Rolling Stones
Otra balada, acompañada de un teclado y la descripción de un encuentro con una tal Hanna en un hotel llamado -casualmente- hotel recuerdo. Da más tumbos con ella que Kerouac por Estados Unidos, ella al volante de una furgoneta verde y azul. La canción, una de las más largas de los Rolling, pertenece al “Black and blue” (1976), cuando Roonie Wood reemplaza a Mick Taylor. El trascurso de las vivencias se va desgranando en recuerdos cuando llegan los versos finales. Para el escritor francés basta con escucharla “ocho veces y media”.


“Living without you”, de Randy Newman
Newman, el mismo que compuso el “You’ve got a friend in me” para la película Toy Story es un hombre reivindicativo y curtido musicalmente, basta su disco 12 songs (1970) como muestra. Si el escritor Beigbeder hablaba de algo en su libro, eso era el cómo vivir sin ti; cómo vivir tras el divorcio y cómo vivir con la mujer con la que le puse los cuernos a la que era mi mujer. El protagonista de su novela, El amor dura tres años, sale de copas y se mete éxtasis la primera noche tras firmar la separación. Seguramente luego llega el músico Randy Newman con gesto de padre serio repitiendo tres veces en cada estribillo que es muy duro vivir sin ella, con el dolor de un piano leve. Entonces empieza a sentir el suelo, si no es a la primera escucha, será en alguna de las 100 veces que recomienda escucharla “para verlo todo de negro”.
  

“Caroline, no”, de The Beach Boys
A pesar de la firma conjunta de los Beach Boys, la canción estaba compuesta por Brian, el mayor de los Wilson, junto al copywriter, Tony Asher. El resto del grupo no participó en la grabación. “Caroline, no” vuelve a rebotar en lo desolador y una percusión que menea los pies. Además, el entorno del Pet Sounds (1966) no hace más que consolidar un alarde melódico que lo distingue como uno de los mejores discos de entonces. Ella le rompe el corazón al yo de la canción y ese yo quiere irse a llorar (Oh, Caroline/ You break my hearth / I want to go and cry). Estaba inspirada en una ex novia de Brian Wilson. El nombre de la chica era Carol, no Caroline.  Dura dos minutos. Para Beigbeder dos minutos; multiplicados por 600 repeticiones.


La sonata a Kreutzer, de Ludwig van Beethoven
Para el escritor, al que detuvieron tras ser pillado consumiendo cocaína sobre el capó de un coche cualquiera, la música clásica también tiene cabida y se enuncia en la novela varias veces. Lo hace en esta lista, y también en una escena en la que el protagonista se pregunta a cuánta gente le habrá salvado la vida Mozart. Esta Sonata para violín nº9 iba en un primer momento dedicada a un violinista, Bridgetower, pero un enfado de Mozart con el mismo hizo que Kreutzer, otro violinista, lo reemplazara en la dedicatoria. También Tolstoi tomó el nombre La sonata a Kreutzer para una novela. Curiosamente, el personaje principal se encuentra entre el discurso de quienes creen en el amor y quienes lo ven como una simple preferencia. Beigbeder no tiene dudas, cree en el amor: «Primero hay un año de pasión, luego un año de ternura y, finalmente, un año de aburrimiento».

1 comentarios:

  1. esta os sorprenderá https://www.youtube.com/watch?v=5AJppwWmdn4

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