El Comandante del 'hakuna matata'

“Mi estilo de vida es el 'hakuna matata': vive y deja vivir".

Camino por los alrededores de la estación de autobuses buscando el coche al que me tengo que subir en diez minutos. Lo veo y me acerco, parece cómodo y poco barato. Pegatina en el maletero con la Rojigualda y un toro en medio; en la escala de españolismo solo le gana el águila. “Va a ser un viaje interesante”, pienso. “Hoy una chica nos va a enseñar su conejo”, me dice el conductor: hombre de sesenta años, casado con hijos y corto pelo blanco que suelta palabras a doble velocidad. Esperamos a las dos mujeres que nos acompañan en el viaje. “¿Quién de vosotras es la que nos iba a enseñar el conejo?”. Le miran raro. “Creo que te has confundido, no traemos ningún conejo”.

Arranca, le corrijo el camino y vamos. Clava sus ojos y me dice, con tono desenfadado pero alto e imperante, desconcertante hasta llevar a la confusión sobre el nivel de seriedad con el que se refiere a mí: "No me dejes que me duerma, que ya me ha pasado dos veces. Aunque veas que estoy mirando a la carretera grítame, haz algo", Coloca un aparato que detecta radares, ya tuvo un susto y no quiere más. "¿Eso no es ilegal? Al detectar los radares móviles y todo..." le pregunto entre risas. "¿Que si es ilegal? Esto claro que es legal. A que te bajas aquí...". Aún dudo sobre la realidad de esa amenaza.

"Yo voy a ser sincero -dice- no me voy a esconder, soy militar". Sabía yo que ese viaje iba a ser interesante. Se nos presenta como el Comandante A. -omito nombre y apellido- de la mejor fuerza de tierra del Ejército Español, la Legión. Mis conocimientos sobre el ejército se equiparan a aquellos sobre las migraciones de ornitorrincos o el precio de la carne de niño que desayunaba Lenin cada mañana. Aunque sea militar él tiene un pensamiento que guía su vida: "hakuna matata, tío".

Repasa todos los escalones del Ejército en inglés, idioma que el Ministerio de Defensa le obliga a estudiar. Nos cuenta que estuvo en Bosnia, en Afganistán y en Irak. Sigue con el inglés hasta preguntar a las dos chicas, sentadas en el asiento de atrás, si tienen novio. Ambas, una en el último curso de Universidad y otra recién acabada la misma carrera, responden que sí. Llega mi turno: "No". "And boyfriend?". "Tampoco, me gustan las mujeres". "Que a mí me da igual si uno es maricón, pero que lo diga. Una vez le fui a partir la cara a uno porque decía que era gay, y yo le decía que no, que era maricón. Gay serás en el Reino Unido, en España eres un maricón. No tengo ningún problema, yo tengo un sobrino que es maricón". Que eso se pega dice, bromea.

"No está bien que llames maricón a un homosexual, es una palabra con connotaciones negativas que les ofende", le reprime una de las chicas. "Es como si nosotros te llamamos a ti facha por ser patriota". Facha/patriota: palabras mágicas que sacan a relucir el hakuna matata del Comandante. La Guerra Civil. Que si él no es franquista, pero que a Franco no se le ha reconocido todo lo bueno que ha hecho por España. Que si en Alemania, que son mejores, tienen calles dedicadas a Hitler porque es parte de su historia. Que si la culpa es de los lloricas de los perdedores. El nivel de agresividad aumenta. Creo que hace tiempo que ha visto mi pulsera republicana y no le gusta. Aunque por la pregunta anterior, imagino que la confunde con la del orgullo gay.

Él no es franquista más que nada porque su abuelo era masón y tuvo que huir de Franco, que lo quería matar. Pero no podemos olvidar las masacres de los rojos, eh. Así que su abuelo se metió en la Legión para proteger su vida. Sigue la discusión sobre los gays, que a él le gusta la carne de guarra, no la de guarro. Pasa a temas de mujeres. "Pero tú, tío, dame la razón joder, apóyame". Ay. "Si yo he tenido que poner el viaje a 10€ porque no me dejaban ponerlo a menos, si no necesito el dinero, lo único que quiero es no viajar solo. Si por mí fuera lo hubiese puesto a 0. Tengo miedo de dormirme". Ahora lo entiendo.

Él no entiende tanto: "No entiendo a los maricones". "A lo mejor algún día a ti te gusta un hombre", le responde una de las chicas. "No, mi culo estará inmaculado siempre. Por ahí no entra nada". "Pero hombre, ya tienes una edad, ya va siendo hora de pruebas médicas...". El Comandante suaviza el tono: "Bueno, hace unos años... Yo tuve muy buen ojo, porque hay dos urólogos. Elegí a la mujer, que tenía los dedos más finos. El otro era un hombre gordo, pedazo manos tenía. En esas cosas hay que fijarse... Me hicieron unas pruebas: análisis, etc. Pero la médica me dijo que lo más fiable era un examen de próstata. Al final acepté. Sientes un resquemor cuando te toca con el dedo ahí... Que es que no entiendo cómo les puede gustar eso a los maricones; y a algunas mujeres".

Mis ansias de polémica hacen que el viaje Almería-Málaga resulte demasiado corto. Largo para él, que dice que nos mandará Whatsapps como llegue tarde a coger el barco en Algeciras. "Si yo tuviese veinte años menos y vosotras algunos más me casaría con cualquiera de las dos", le dice a las chicas. "Yo no sé que haces tú, que no has ligado nada con ellas, ahí callado todo el camino", me recrimina mi comportamiento impropio de macho alfa. No me da tiempo a preguntarle por Podemos, Catalunya o la URSS. Le pregunto por Bosnia, pero lo más que saco es que llamó maricón a un Guardia Civil que solo paraba hombres en un checkpoint. Después de eso solo paró a mujeres, e incluso a una le incautó artefactos explosivos, se vanagloria.

"Me habéis hecho el lío, me he tenido que desviar más de los 3 kilómetros de máximo que os dije. Como pierda el barco...". "Vaya un loco nos ha tocado hoy, increíble", le digo a las chicas al bajarnos del coche. "Además de verdad. Él diciendo todas esas burradas y tú a su lado con la republicana. E imagina cómo íbamos nosotras atrás, que somos pareja". Hakuna matata, tío.



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