David Trueba: ''Que a Rajoy no le interesa la cultura es evidente''

David Trueba nos atendió en el centro cultural La Térmica.|Fotografía por Isabel Vargas.
El cineasta llega sin prisa pero sin pausa. Con camisa negra y anchas gafas nos atiende antes de su charla dentro del programa Palabras Mayores. "No han querido invitarme antes", dice. Mujeres mayores, la relación con su hermano, el ministro Wert, Munich y cine, mucho cine. Se interesa por los libros que estamos leyendo y bebe agua durante la entrevista. "Siempre digo que lo que nos escandaliza hoy será natural dentro de 40 años".

En tu novela Blitz aparte de una relación hay bastante de esa España que no se preocupa de los suyos, y de lo que han llamado nuevo exilio. Lo que llamas "españoles a pesar de España".
Bueno, la idea de orfandad es uno de los argumentos del libro también. La orfandad - más que exilio- entendida como la imposibilidad de encontrar una sustitución para lo que uno debería tener: su familia, entorno, incluso su país o el sentimiento de patria, y el lugar donde poder formarte y luego trabajar en lo que te has formado. Sí que es verdad que me interesaba mucho hablar de una generación que es ya posterior a la mía, pero que encuentro que sufren mucho esa situación, que para encontrar lo que quieres hacer, tienes que salir del país y al salir tampoco estás en el sitio donde deberías porque no es tu entorno ni tu cultura. Ahí no hay camino hacía adelante ni camino hacia atrás. Ese momento es muy interesante novelísticamente y más cuando lo completas con un panorama sentimental y emocional del personaje. Es algo que observaba en la gente y pensaba qué curioso, incluso yo perteneciendo a una generación que tampoco se ha sentido muy involucrada como país no he tenido esa sensación de rechazo tan radical: de decir aquí no voy a poder desarrollar mi trabajo. Me interesaba como elemento conflictivo, y por ahí viene ese lado de orfandad del personaje de la novela.

Eso estaría en el trasfondo, pero en la superficie es un treintañero con una mujer mayor. ¿Se le viene a la cabeza la película Madrid 1987 en algún momento de la escritura?
Puede ser. No suelo tener muy presente nada de lo que haya hecho antes porque es como que van quedando las cosas muy atrás, y no soy de revisar. Sí que hay gente que le encanta revisar y construir algo a partir de lo anterior, pero en mi caso no. Lo que sí ocurre es que seguramente haya ese interés por cruzar las distintas trayectorias vitales. Es decir, no es lo mismo una relación con un trato de profesor y alumno -o de padre e hijo- que una relación que de pronto se cruza con un grado de intimidad mayor. Lo interesante de las relaciones sexuales es que iguala a todos los que participan en ella; el joven puede mandar y el que tiene más experiencia vital no tiene por qué tener más dominio de la situación. Ese elemento siempre ha estado presente en lo que he escrito, y es en Madrid 1987 y Blitz donde más claro está. Aunque al mismo tiempo son muy distintas las relaciones, la de Madrid es más joven la chica (está entrando a la universidad) con alguien todavía más mayor que ella. Estamos más acostumbrados o se ha contado más veces la atracción de un hombre mayor por una mujer joven que la relación que la que puedan sostener un hombre joven con una mujer más mayor. Eso es lo que puede que haga más trasgresor a la novela Blitz, pero no en mi cabeza.

¿Por qué crees que se da ese tabú? 
Es porque la sociedad es fruto de la costumbre. Siempre digo que lo que nos escandaliza hoy será natural dentro de 40 años. Esto ha pasado en muchas ocasiones, como por ejemplo con la homosexualidad que ya va quedando menos gente que sienta escándalo ante un hijo o una hija que tenga esa relación. Todo eso se va normalizando. Las atracciones intergeneracionales van sucediendose en la medida en que cada vez más esté todo más entremezclado y menos compartimentado.

¿El personaje del periodista de Madrid 1987 está inspirado en alguien?
Me inspiré en varios. Hay directores que no les gusta que haya un contexto, esa cosa de "esta historia podría darse en cualquier lugar, en cualquier momento". Yo digo siempre que es imposible, que las historias son muy esclavas de los contextos, y yo quería contar en Madrid 1987 ese momento posterior a la Transición, los 80 cuando entré en la universidad, y me interesaban esos personajes que venían de la transición periodística y eran muy seguidos y leídos. Entonces no existía el escepticismo que hay ahora. En esa época era un momento muy de fe y había periodistas muy leídos. Sobre todo articulistas, del tipo Emilio Romero o Jaime Campmany para la gente de derechas, o Umbral o Manuel Vicent para la gente más progre. Esa gente era casi venerada y quería retratar la autoridad que tenían.

Mencionas a Jorge Drexler en tu última novela, diriges el programa Un lugar llamado mundo. ¿Por qué crees que no ha habido programas musicales en televisión prácticamente desde la Transición? Incluso durante la dictadura había más programas de este tipo.
Es una buena pregunta y pienso que se da por un compendio de cosas. Creo sinceramente que había menos control por parte de las discográficas sobre lo que se tenía que oír, existía una anarquía mayor, y ahora a los músicos no les gusta o tienen dificultades para trabajar en formatos que no conocen. Si te fijas en la música ahora, las productoras lanzan lo que quieren que la gente oiga y no se suelen salir de ese parámetro nunca. Luego, también las televisiones han caído en una pereza absoluta y no tienen ni siquiera técnicos para grabar canciones en directos por lo que suele contradecir mucho la figura de la música en televisión, ya que el playback desvirtúa a los programas de música transformándolos en una cosa sin interés haciendo que lo que escuchas es lo mismo que puedes escuchar en tu casa.

El directo en el programa lo que intentamos es hacer una actuación única, es decir, diferentes músicos que no hubieran colaborado nunca y que de repente se juntaban. Eso también es difícil y persiste porque teníamos una marca publicitaria que lo patrocinaba. Yo me acuerdo que cuando hacía El peor programa de la semana también teníamos muchos problemas para encontrar grupos que quisieran tocar en directo en televisión. Había mucha desconfianza, grupos a los que llamabas, y la propia casa discográfica o el manager te decía "no, no, en directo no", y fíjate, aquello era en el año 93. Luego a gran nivel solo existió el programa temático de Miguel Bosé que hacían música en directo [estuvo desde 1997 a 1999]. No es fácil. También los ejecutivos de televisión decidieron, o vieron cuando les llegan estos informes de minuto a minuto, que cuando hay música en la tele la audiencia baja. Al final también baja la audiencia cuando hay alguien hablando inteligentemente y al lado uno dando voces. Es decir, por esa regla de tres vas cayendo hacia la estupidez.

De hecho, los conciertos de Radio 3 ahora están de madrugada...
Sí, sí. Y casi porque no se atreven a quitarlos, pero vamos...

He leído que conociste a Lou Reed de casualidad en Praga.
No recuerdo si era grabando la música de alguna de mis películas, o en el rodaje de La niña de tus ojos, que también estuvimos dos o tres meses en Praga. El caso es que estaba sentado en un restaurante y entraron Havel, entonces presidente de Checoslovaquia antes de la separación, y él. Pregunté a uno de los camareros y me dijo que es que a Havel le gusta muchísimo Franz Zappa, Lou Reed... Y lo primero que ha hecho es invitarlos. Y yo decía qué suerte tener un presidente así con ese mundo cultural- A mí me parecía maravilloso que el presidente de un país se sentara en un restaurante con Lou Reed. Era imposible de imaginar a Aznar, o a Rajoy, así. Por supuesto no me acerqué a saludar a Lou Reed ni nada... Luego ha venido dos o tres veces y algún editor me dijo si me apetecía conocerle. Pero siempre me decían que era un tío de carácter tosco, y tampoco te apetece ir a molestar. No soy demasiado mitómano yo tampoco, de conocer a la gente ni de hacerme la foto.

Antes has dicho que hay muchos directores que rehuyen del contexto y leí una entrevista en la que decías de Lars von Trier que sus películas se dedican a gritar "soy arte, soy arte".  ¿Crees que existe ese arte por el arte? Mao decía que el arte por el arte no existe, que se dedica servir a una u otra clase...
¿El arte por el arte qué quiere decir? El arte por el arte es todo: un señor que pinta, que hace una canción... en la mayoría de las ocasiones no se está pensando que está haciendo otra cosa más que lo que está haciendo. Lo que no me gusta es la autoconciencia, es decir, creo que se tiene que tratar al espectador de manera inteligente en la manera que es capaz de ver lo que tiene delante sin que tú se lo subrayes. Tanto las primeras de Lars von Trier como otras películas como La gran belleza son películas que están demasiado empeñadas en que el espectador perciba todo el rato que es muy importante lo que está viendo, que es muy trascendente. A eso me refería con el grito. Es como que dicen cuidado, eh, que esto no es una película más, que te estamos contando que sí que somos artistas de verdad, no te engañes.

John Ford, por ejemplo, nunca pensó que estuviera haciendo arte. Sin embargo, las películas de John Ford son más arte que la de mayoría de los que iban de artistas en su tiempo. Creo que al final el arte es una lección de humildad para casi todo el mundo y que por mucho que tú te empeñes en decir yo soy un artista o soy muy trascendente, va a ser tu obra la que 30 años después diga si lo eres o no lo eres. Al final siempre tienes que matizar mucho lo que dices porque parece que estás diciendo algo muy escandaloso, pero a lo que me refiero es a eso. Me gusta mucho el tipo que sin darte cuenta está colando el arte dentro de una cosa que aparentemente es una nimiedad y el cine ha dado ilustres ejemplos de esos: los mejores han actuado casi desde el anonimato porque el artista estaba totalmente al servicio de lo que estaba haciendo. Soy muy partidario de esa actitud, también en la novela. Me parece que al final la historia ha dado la razón a Frank Kafka, por encima de muchos escritores que eran como "yo, yo soy el escritor". Ahora hay un tío pensando que es un fracaso, dejando casi inacabado todo lo que hacía, muchísimas cosas sin saber ni qué quería decir y sin embargo, el tiempo lo ha colocado en la cumbre de la expresión. A mucha gente que estaba escribiendo desde una gran atalaya, como "yo soy el arte y los demás son mercaderes", la vida les ha dado un gran vuelco.

Cuando te preguntan por qué no has ido de la mano de tu hermano Fernando, dices que él te respeta a ti como amigo y tú nunca lo has visto como alguien superior. ¿Ha habido competición entre hermanos?
Yo siempre les digo a los cineastas y escritores que no caigan en el error de competir cuando la competición la han inventado otros. Tú no has venido a escribir un libro o una película para competir. Eso es algo que los demás inventan. Porque inventan unas competiciones, tú estás expuesto a ellas y es obvio que no puedes librarte de ello porque forma parte del proceso promocional. Pero eso no significa que tú te lo creas, que te tengas que convencer de esa competición. Con respecto a mi hermano, imagínate; mi hermano es 15 años mayor que yo, soy el pequeño de ocho... Nunca he sentido que estuviéramos compitiendo, estamos intentando hacer cada uno lo que nos gusta, de la mejor manera posible con total independencia. Entonces, ¿establecer una competición entre qué? ¿En taquilla, en éxito de crítica, en éxito de público o de premios? Es decir, ¿para qué competir en cosas que no tienen nada que ver con la película en sí misma? Yo creo que a los dos nos interesa mucho hacer la película que queremos hacer y como tenemos muy buena relación nos contamos mucho lo que nos gustaría que fuera. Ahí sí nos ayudamos: en el sentido de ayudar al otro a que encuentre la película que quiere hacer, pero no tanto en lo que pasa después con la película, que es en donde estaría cifrada la competición generalmente. Ya te digo que en su caso es que él tampoco ha sido una persona que haya ejercido con el "yo soy el hermano mayor y aquí me tienen que rendir pleitesia".

Como cineasta, ¿cómo te sienta escuchar a Wert decir que a Rajoy no le interesa la cultura?
Me lo ha dicho alguna vez a nivel privado y personal, como en el Consejo de Ministros. Para mí, el ministro de Cultura es una persona que en el Consejo de Ministros se tiene que pelear como en un periódico cada uno se pelea por su sección y cuando se hace el reparto de páginas, el de deportes dice: joder, es que hay un Real Madrid-Atleti y tenemos que dar cuatro páginas. Y el de cultura replica es que se ha muerto Günter Grass... esa pelea por dar importancia a tu territorio es para mí exactamente igual que un consejo de ministros. Un consejo de ministros es un sitio donde el de Economía, el de Hacienda, el de Infraestructuras... se pelean por decirle al presidente lo importante que es cada cosa. Y yo siempre echo de menos que el ministro de Cultura se pelee un poco más por hacer entender la importancia que tiene que tener la cultura en el país.

Que a Rajoy no le interesa la cultura es evidente. Es una persona que no lee ni tan siquiera los periódicos, que lee periódicos deportivos. Que jamás ha citado un libro ni a un escritor o a un pensador político. Tener un presidente que no tiene ningún interés el mundo cultural es una lástima porque creo, además, que perjudica a la credibilidad de su propio discurso. Pero un ministro no puede escudarse en eso porque estoy seguro que a Rajoy tampoco le interesa nada la sanidad, por ejemplo. Seguramente no le interesa en absoluto, pero seguro que el ministro de Sanidad le hace entender lo importante que eso tiene que ser. El ministro de Cultura le tiene que hacer entender eso para que no haya los terribles elementos que ha habido esta legislatura como para machacar todo el desarrollo cultural del país, por mucha crisis que haya.

Has dicho alguna vez que, por desgracia para Europa, Munich es ahora la capital del continente.
(Risas) Porque es una ciudad que no tiene los grandes valores culturales que han tenido las grandes capitales europeas, como París, Roma, la propia Berlín. Es porque es una ciudad basada en su éxito económico. En el éxito de la BMW, de la Siemens. En cambio París y Roma son capitales de Europa por su legado cultural. Uno pisa Roma y está pisanda cultura, la historia del imperio romano, de la propia Italia a lo largo del siglo XX. Munich no tiene eso, sin embargo se ha alzado con un poder basado en el dinero. Entonces en este cambio de valores ¿la capital dónde está?, pues en la ciudad a la que mejor le va. El dinero cambia el peso global de todo, hasta el geográfico. Quién nos iba a decir que Munich iba a ser una capital europea.

|Entrevista por Carlos Frías y Alberto Albertus|

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